De los jardines de una pobladora a un gigante proyecto, la localidad apuesta a una actividad con potencial productivo y turístico.
Los tulipanes de Huinganco colorean la primavera del norte neuquino y recuperan una historia que combina jardines familiares, experiencias productivas y trabajo técnico. Esta temporada, el Vivero Provincial cultivó 16.600 bulbos, como parte de una iniciativa que busca consolidar la producción y sumar un atractivo turístico con la propuesta “Huinganco Florece”.
Antes de llegar a este paisaje de montaña, la flor recorrió continentes. Su historia comenzó en Asia Central, continuó en Persia y el Imperio Otomano y alcanzó una enorme popularidad en los Países Bajos. A miles de kilómetros de distancia, encontró en Huinganco condiciones favorables para desarrollarse.
La historia local comenzó de una manera más sencilla. Doña Ramona, una de las primeras pobladoras de Huinganco, cultivaba tulipanes en el jardín de su casa como plantas ornamentales. Aquellas flores que decoraban su patio fueron una temprana presencia de la especie en el paisaje cordillerano, mucho antes de que se evaluara su potencial comercial.
Hoy, el cultivo recupera experiencias realizadas hace más de dos décadas y ofrece, durante octubre, una postal diferente en el Vivero Provincial.
Originario de Asia Central, el tulipán se difundió hacia Persia y posteriormente llegó al Imperio Otomano, donde adquirió relevancia ornamental y cultural. Durante el siglo XVI fue introducido en Europa y encontró en los Países Bajos uno de sus principales centros de desarrollo.
Su popularidad fue tal que durante el siglo XVII protagonizó la denominada “Tulipomanía”, un período caracterizado por una intensa especulación económica alrededor de determinados bulbos y variedades.
Con el paso del tiempo, los Países Bajos desarrollaron una industria especializada en mejoramiento, multiplicación, producción y comercialización. Según la información difundida por el Gobierno provincial, en 2024 se cultivaron allí unas 14.740 hectáreas de tulipanes, más de la mitad de la superficie destinada en ese país a los bulbos florales.
La producción en el hemisferio sur abre una posibilidad particular: hacerlo en contraestación respecto de los grandes centros productores del hemisferio norte. Esa oportunidad comenzó a explorarse en Huinganco a principios de la década del 2000.
Por entonces, la Municipalidad, con el acompañamiento del INTA, empezó a evaluar las posibilidades del norte neuquino para producir comercialmente bulbos de tulipán.
El proyecto contó con el trabajo del ingeniero agrónomo Javier Cirielli, del INTA, y la participación de productores locales. Durante las campañas experimentales de 2001, 2002 y 2003 se implantaron más de 345.000 bulbos, se probaron variedades comerciales, se capacitó a productores y se desarrollaron técnicas adaptadas a las condiciones climáticas de la localidad.
Los resultados fueron alentadores: los estudios determinaron que Huinganco posee muy buenas condiciones para obtener bulbos con calidad sanitaria y comercial. La experiencia perdió continuidad durante varios años, pero el conocimiento generado quedó como antecedente para recuperar el proyecto.
Más de dos décadas después de aquellas primeras pruebas, en 2025 el Gobierno provincial reactivó el cultivo mediante un trabajo conjunto del Centro PyME-ADENEU, el Vivero Provincial de Huinganco, la Municipalidad local, el ministerio de Economía, Producción e Industria y la secretaría de Producción.
La nueva etapa comenzó con la implantación de 5.000 bulbos en una parcela demostrativa y experimental del Vivero Provincial. Los resultados productivos y el interés generado por la floración permitieron avanzar durante 2026 hacia una escala mayor.
Esta temporada se incorporó infraestructura destinada al riego, almacenamiento y manejo posterior a la cosecha. El proyecto cuenta con la participación de Pluspetrol, mediante el aporte de equipamiento y bulbos, junto con el acompañamiento técnico de la Estación Experimental INTA Esquel y del productor de tulipanes de Trevelin Juan Carlos Ledesma.
La campaña 2026 es la segunda de esta nueva etapa. En el Vivero Provincial se cultivaron 16.600 bulbos: 7.600 de calibres comerciales y otros 9.000 de calibres menores, destinados principalmente al engorde.
La plantación se realizó el 28 de mayo. Con la llegada del invierno comenzó el desarrollo bajo tierra y hacia fines de julio aparecieron los primeros brotes. Septiembre dio paso al crecimiento vegetativo y octubre trajo el momento más esperado: la floración.
Detrás de los colores hay un trabajo que continúa durante prácticamente todo el año. Después de la floración llegará el desflorado para favorecer el crecimiento del bulbo. Luego continuará su engorde hasta la cosecha, prevista para enero, y posteriormente se realizarán la limpieza, clasificación y conservación para una nueva temporada.
La producción obtenida este año estará destinada principalmente a incrementar la disponibilidad de bulbos para futuras campañas, con la previsión de comenzar la comercialización a partir de 2027.
En este escenario, la floración también se convierte en una oportunidad para sumar experiencias turísticas. “Huinganco Florece” invita a acercarse al Vivero Provincial y descubrir un paisaje que, durante algunas semanas del año, cambia su fisonomía con las distintas tonalidades de los tulipanes.
La propuesta permite que el visitante contemple las flores y conozca la historia y el proceso productivo detrás de cada bulbo. El objetivo es que producción y turismo crezcan de manera conjunta.
Entre las metas del proyecto se encuentran diversificar la matriz productiva del norte neuquino, generar oportunidades de empleo y fortalecer las capacidades técnicas locales. También busca promover emprendimientos privados relacionados con la floricultura y consolidar la floración primaveral como un nuevo atractivo para quienes recorren la región.
Así, aquella flor que comenzó su recorrido hace siglos en Asia Central y que alguna vez creció en el jardín de Doña Ramona encuentra hoy un nuevo lugar en Huinganco. Entre montañas y primavera, los tulipanes vuelven a florecer como una postal para disfrutar y como una actividad con potencial productivo y turístico para el norte neuquino.