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La emoción de un pueblo que recordó a su héroe de Malvinas

Jorge "Moncho" Aguila fue recordado en Paso Aguerre durante la presentación de un libro con historias de quienes combatieron en la guerra.

“Bueno Gladis, te voy a contar que es triste estar lejos de la casa, se extraña mucho los familiares. Espero que me escribas, cuando me vaya de licencia te voy a contar como se pasa la vida de marina”, lee en voz alta una alumna de la Escuela 228 de Paso Aguerre uno de los párrafos de la carta que Jorge Néstor Águila, más conocido como “Moncho”, le escribió a su prima en noviembre de 1981, un mes después de ser incorporado como conscripto en la Infantería de Marina en Punta Alta, provincia de Buenos Aires. La alumna siguió leyendo con suma atención e interés la carta que se reproduce en uno de los paneles que conforman el museo que lleva el nombre de Águila, el primer neuquino nativo caído en la Guerra de Malvinas, el 3 de abril de 1982, que había nacido en este pequeño pueblo distante a 196 kilómetros de la capital.

Son casi las 11 de la mañana del martes 6 de septiembre, y los alumnos de la escuela se trasladan de un panel a otro, ávidos de conocer la historia de este joven que con su muerte, en una guerra ocurrida hace 40 años, embargó de dolor y tristeza a su pueblo. Un dolor que a pesar del tiempo transcurrido se sigue sintiendo en esta comunidad en la que viven unos 400 habitantes, dedicada a la agricultura y ganadería. Maestras, vecinos y el presidente de la comisión vecinal, Alberto Gómez, se mezclan con los estudiantes convocados para participar de la presentación de mi libro “Malvinas: Historias para no olvidar” en el que reuní testimonios e historias de veteranos y combatientes oriundos de la provincia de Neuquén o que residen actualmente como también de familiares de caídos.

El cielo totalmente celeste y un cálido sol componen la escenografía perfecta para que se entrelacen recuerdos, testimonios y la historia del “Moncho”, ese joven, campesino de origen y marinero por la patria que el 3 de abril de 1982 -cuando las autoridades nacionales decidieron tomar las Islas Malvinas y comenzar con la Operación Georgias para ocupar Grytviken donde se encontraba una antigua factoría ballenera-, en la Bahía Stromness se subió a un helicóptero Puma para acercarse a la Bahía Cumberland. Los marines ingleses, que custodiaban la base no acataron la orden de rendición y abrieron fuego contra el buque ARA Guerrico y el helicóptero. Como resultado del ataque la nave aterrizó de emergencia en la orilla opuesta de la bahía con el resultado de la muerte de Águila y Mario Almonacid, el otro infante de marina.

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La presentación de un libro con historias de combatientes de Malvinas convocó a los familiares del primer neuquino muerto en la guerra en el Museo de Paso Aguerre. A la derecha, Lucrecio y Carlos, tío y primo de Moncho, respectivamente.

El presidente de la comisión de fomento de Paso Aguerre toma el micrófono para destacar que es importante mantener la memoria viva para que no haya más guerras, y pone en valor este encuentro en el que se recuerda al “Moncho” como también las historias de otros combatientes y familiares de caídos en otra fecha que no sea el 2 o 3 de abril cuando se realizan numerosas actividades, entre ellas la caravana de ex combatientes de Malvinas que llegan al pueblo a los que se suman unos cincuenta jinetes en la tradicional cabalgata para recordar la pronta partida del héroe neuquino.

Todos los presentes escuchan atentos las intervenciones, entre ellos Lucrecio Aguila, el tío del “Moncho”, sentado con un ejemplar del libro en sus manos. Fue el primero en llegar puntual a la cita, a pesar de los achaques en su cuerpo de 78 años. “Era muy joven, muy joven”, fueron las primeras palabras que Lucrecio dijo al saludarnos. Le recordé que hace unos años lo había entrevistado en su chacra al otro lado del arroyo Picún Leufú. “Uno no pensaba que le iba a pasar esto. Fue un vacío muy grande y duele mucho, duele mucho”, dice emocionado. Son las mismas palabras que en aquella entrevista.

Lucrecio se mantiene en silencio pero seguramente que otros hablen de su sobrino lo lleva a aquel momento en que sintió que algo trágico había pasado. En medio de los quehaceres en la chacra, la radio anunció que habían caído dos soldados pero no mencionaron los nombres. "Papá, no será el Monchito", preguntó con inocencia su hija de 7 años. Lucrecio retó a la pequeña para que no dijera esas cosas. Al otro día se apresuró en salir de su casa cuando observó que una camioneta a toda velocidad se dirigía a la chacra. Era su cuñado que en su rostro evidenciaba lo peor. Lucrecio le pidió que le dijera la verdad. "¿Monchito murió?", atinó a decir. El hombre de 78 años, abre el libro, observa la foto de su sobrino, mira al frente donde están alumnos, maestras y vecinos. Y vuelve a sentir ese vacío que lo embargó cuando supo que “mi Monchito” había muerto en las Islas Malvinas, en una guerra que nadie hubiera querido que sucediera. El dolor por su muerte no se va nunca, dice el presidente de la comisión de fomento frente a los estudiantes que se mantienen en silencio, interesados en lo que les están contando, de una guerra de hace 40 años en unas islas que conocen por los mapas.

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Los estudiantes se ríen cuando comento que el héroe de Paso Aguerre tenía mala letra y faltas de ortografía, según revelan las cartas que se exhiben en el museo, pero se destacaba por escribir bien grande su nombre y apellido. Acaso, un símbolo que ese nombre y apellido iba a quedar en la historia de su pueblo natal y de un país que enfrentó una guerra contra el poderoso Reino Unido.

Alguien me dice, con sabiduría y en tono de reflexión, que es importante evocar la memoria del “Moncho” más allá de un 3 de abril, porque justamente el legado por el que perdió la vida es mucho más que una guerra de 70 días, allá lejos y hace tiempo. “Su entrega no debe ser recordada solo por su familia, ni un 2 o 3 de abril; su mirada, junto a la de tantos otros caídos en la gesta debe iluminar nuestra voluntad para generar conciencia sobre qué significa que las Malvinas sean argentinas”, reflexiona.

Durante la presentación organizada por la comisión de fomento de Paso Aguerre y el Ministerio de las Culturas, una vecina no oculta su emoción al confesar que vivía en una chacra contigua a la de la familia del Moncho. Recuerda con precisión a aquel joven que fue criado por sus tíos, y por su abuelo Segundo Águila, ya que su madre, Ana, lo dejó al resguardo de ellos debido a que se fue a trabajar a Cutral Co. El padre del Moncho los había abandonado antes de que naciera. “Prefería estar todo el tiempo en el campo y no en la escuela, lo que más le gustaba era andar a caballo”, dice la vecina. El caballo con el que andaba a campo traviesa se llamaba “Poncho Negro" y se lo había comprado su tío Lucrecio. Con "Poncho Negro" recorrió por última vez su paisaje natal, el campo donde aprendió los quehaceres con los animales. Fue en febrero de 1982 cuando volvió por unos días a Paso Aguerre y sus familiares notaron que su accionar era lo más parecido a una despedida. Reaccionó como si tuviera un presentimiento. Incluso, dicen sus familiares, se despidió de "Poncho Negro".

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El museo recorre la vida de Águila, nacido en Paso Aguerre el 6 de marzo de 1962. Formó parte de la operación que el 3 de abril de 1982 ocupó la Isla de San Pedro (también conocida como Georgia del Sur). Falleció cuando su helicóptero fue derribado en Grytviken (una estación ballenera sobre la costa este de dicha Isla). A pesar del éxito de la operación, aquel día hubo que lamentar tres bajas, entre las que se encontraba "Moncho”.

Una presencia permanente

La presencia de Jorge Néstor Águila está presente en cada rincón de este pueblo. Como también la guerra de Malvinas, como un fuerte símbolo que se erige cuando uno ingresa al pueblo después de dejar atrás esos 50 kilómetros de ripio de la Ruta 20. Es que uno no puede dejar de asombrarse por el monumento del escultor Luis Saavedra con las imágenes en tamaño real de tres soldados que combatieron en Malvinas: Tulio Esteban Lacroix, Mario Flores y Jorge Néstor Águila, quienes fallecieron durante el combate y son reconocidos como veteranos de guerra de la provincia. La brisa mantiene flameando la bandera celeste y blanca que enarbola una de las figuras. Cuando se deja atrás esta obra artística rumbo al Museo dedicado al Moncho, uno no puede dejar de asombrarse por la vivacidad que presentan esas tres figuras, esos tres soldados que parecen estar corriendo entre los montes con sus fusiles.

El silencio del lugar rinde también su homenaje al héroe de Paso Aguerre. En el mausoleo descansan los restos del “Moncho”, que de inmediato a su muerte fueron trasladados desde Puerto Deseado en un vuelo de TAN (Transportes Aéreos Neuquén) conducido por el piloto Aldo Mástice, creador del escudo y la bandera de la provincia, al aeropuerto de Cutral Co donde fueron recibidos por el entonces gobernador Domingo Trimarco y el intendente de la ciudad, Ricardo Corradi. Más de 5 mil personas se congregaron frente al municipio de Cutral Co para dar el último adiós a los restos del primer neuquino muerto en el operativo de recuperación de las Islas Malvinas. Luego de recibir los honores fue trasladado por tierra hasta Paso Aguerre. Es uno de los pocos soldados que murieron en la guerra enterrados en su provincia.

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Una de las cartas que escribió "Moncho" Águila a su prima Gladys que se exhiben en el Museo de Paso Aguerre.

Nancy Díaz, coordinadora del museo, destaca los artículos periodísticos que se exhiben en el lugar que dan cuenta las jornadas de dolor que se vivieron en el pueblo cuando llegaron los restos de Águila. Los recibió su abuelo Segundo, que lo crió, quien no soportó el dolor por la muerte de su nieto, falleciendo dos años después. En el cementerio local, entre pinos y el cordón de Barda Negra, está el mausoleo donde descansan los restos del soldado y de su abuelo.

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