{# #} {# #}

ver más

La escuela rural que combate el fantasma de su cierre por falta de matrícula

Se trata de la Escuela 73 de Covunco Arriba. Aquejada por múltiples carencias y con el horizonte del centenario de su fundación, alumnos y docentes resisten con amor, pasión y mucho arte.

Las escuelas rurales de la educación neuquina tienen una magia y una razón de ser que son inexplicables. Hay sentimientos profundos y entrañables en cada cosa que se hace y en cada persona que por sus aulas pasa. Esas escuelas son las mejores cunas para inculcar valores personales, culturales y sociales. La escuela 73 del paraje rural de Covunco Arriba (a unos 10 km de Mariano Moreno) es una de ellas. Es un establecimiento escolar que hace años viene luchando contra el fantasma del cierre de la institución por falta de matrícula. Sin embargo, por el amor de sus docentes y directivos, la escuela permanece estoica y de pie esperando recuperar el brillo y el protagonismo de décadas pasadas.

Hoy son siete alumnos que asisten al establecimiento ubicado a orillas de la margen derecha del arroyo Covunco. Todos ellos tienen como horizonte llegar a festejar el Centenario de la Escuela en el año 2025. El último miércoles se llevó adelante el acto del cierre del ciclo lectivo, con mucha emoción y alegría por los logros alcanzados.

No hubo ningún egresado pero todos los alumnos recibieron un reconocimiento y medallas por sus maravillosas cualidades humanas. Una vez más, el RIM 10 de Covunco Centro, padrino de la institución, participó con su Bandera de Ceremonias y sus portadores lucieron su majestuoso uniforme histórico. El grupo de adultos mayores de Mariano Moreno también dio el presente y acompañó el trascendental acontecimiento.

Escuela 73 de Covunco Arriba

Una directora que se jubila en medio de carencias

Patricia Alarcón es la actual directora del establecimiento y, en un año de sus funciones en la escuela, adquirió un sentido de pertenencia por el lugar que emociona. “La ruralidad marcó mi vida y mi carrera. Lo primero que me fue transmitido por los compañeros de aquellos inicios fue la sencillez, el trato y la calidez humana”, contó Patricia en diálogo con LMNeuquén.

Con 30 años de trayectoria, la mayoría en la ruralidad, tiene la autoridad suficiente como para decir que “muchas veces vivimos con carencias. Las escuelas rurales lejanas en distancia, también quedaban lejanas al Estado: los caminos, el acceso, la falta de recursos, la falta de servicios”. Agregó que “esto nunca fue un impedimento para cumplir con nuestra labor de enseñar. Hoy la historia se repite y nos encontramos en una institución que, si bien no está tan alejada de la ciudad, carece de servicios esenciales como el agua potable o como el acceso a internet o a una simple señal de teléfono. Vivimos adaptándonos a todo”. En referencia a esto, contó que “este año nos tocó durante el último mes, reducir el horario de clases (1 hora reloj) porque no podían proveernos de agua potable para cocinar. Es una escuela que cumplirá pronto sus 100 años de vida y que resiste al paso del tiempo con problemas edilicios visibles, un interior deteriorado por los años y la posibilidad latente del cierre por la baja matrícula”.

Escuela 73 de Covunco Arriba

“La ruralidad merece tener las mismas posibilidades. Si no hay recursos, los buscamos. Si falta agua la llevamos, pero lo que no podemos dejar que pase es que nos cierren sus puertas y se nos impida enseñar. La educación favorece la integración social y brinda oportunidades de progreso. Eso no se negocia”. Patricia Alarcón, directora Escuela 73 de Covunco Arriba.

A modo de ejemplo, Alarcón comentó que, ante este panorama, el personal docente ha resistido y, este año en particular, han podido -con esfuerzo propio y la colaboración de Distrito III- cerrar el perímetro del predio escolar con alambrado, entre otras resoluciones de problemas.

“Salimos a buscar alumnos visitando hogares a lo largo del recorrido del transporte para tener mayores posibilidades y, Dios mediante, tendremos para el nuevo ciclo 5 niños que se sumarán a nuestras aulas”, contó la directora con satisfacción. Añadió que “mientras tengamos la oportunidad de resistir lo haremos porque la ruralidad merece tener las mismas posibilidades. Si no hay recursos, los buscamos, si falta agua la llevamos. Pero lo que no podemos dejar que pase es que nos cierren sus puertas y se nos impida enseñar”.

La directora está en los trámites previos a su jubilación, por lo que estima que podrá acompañar a la escuela hasta la mitad del próximo año, pero está convencida que ha dejado una importante huella a seguir.

Escuela 73 de Covunco Arriba

Seguir andando por el bien de la educación

El edificio de la Escuela 73 refleja a la vista algunas carencias edilicias y de servicios. Pero lo que es innegable que lo que está reluce por lo bien cuidado y mantenido. Aún bajo estas tristes circunstancias Patricia sostiene que hay que seguir andando siempre. “Como docente y directivo sostengo que sean 2, 4 o 7 alumnos nos debemos y tenemos el deber de enseñar y transmitir valores morales y culturales a nuestros alumnos porque a ellos nos debemos”, resaltó.

“Este año nos propusimos una meta que fue cumplida ampliamente, hemos logrado que nuestros alumnos realicen lectura por placer adquiriendo la autonomía necesaria para ser artífices de su proceso de aprendizaje. De la mano de la lectura por placer, lo demás llega por decantación”, agregó.

Por otro lado, contó que pudieron poner en marcha varios proyectos interesantes, como la cocina saludable, acompañado del trabajo en una propia huerta que les proveyó de algunos ingredientes. A eso se sumó la enseñanza de lenguaje de señas argentinas (LSA), bailes y comidas tradicionales. “Entre todos aprendimos la historia del tango y la cueca neuquina; bailamos y mostramos a la comunidad educativa como hacerlo, revalorizando nuestra propia historia. Lejos de los bailes modernos, los niños recibieron con alegría la propuesta. El conocer de dónde venimos nos permitirá sostener nuestra esencia y nuestras raíces”, finalizó la directora.

Te puede interesar