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La fórmula secreta del cerro Catedral para asegurar nieve toda la temporada

Combinando frío, humedad y tecnología, el centro de esquí más importante del país garantiza pistas operativas incluso sin nevadas naturales.

En un contexto de inviernos cada vez más variables, el cerro Catedral encontró su fórmula para garantizar nieve en las pistas durante toda la temporada. No depende únicamente del pronóstico ni de la caída de nieve natural: se trata de una combinación precisa de clima, tecnología y planificación. Esa es la clave que le permite cubrir 12 hectáreas con nieve técnica y mantener las pistas en condiciones óptimas, incluso cuando el cielo no acompaña.

El secreto está en lo que los técnicos llaman el “bulbo húmedo”: un indicador que resulta de cruzar la temperatura ambiente con el nivel de humedad relativa. Para que los cañones puedan funcionar y producir nieve artificial, ese bulbo debe marcar al menos -2°C. Esto se puede alcanzar con distintas combinaciones: una temperatura ambiente de -2°C con 100% de humedad, o incluso con 2°C si la humedad baja al 40%. Solo en esas condiciones es posible que el agua atomizada se congele en el aire y caiga como cristales de nieve sobre la pista.

“Arrancamos con dos campañas de producción entre mayo y julio, y una tercera en agosto. El objetivo es formar una base sólida de un metro de nieve que se mantenga hasta septiembre”, explicó Patrick Peintner, responsable del área de Nieve de Catedral Alta Patagonia, la empresa concesionaria del centro de esquí. La planificación no es menor: el sistema de nieve técnica opera entre 200 y 400 horas por temporada, según las condiciones meteorológicas.

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La infraestructura actual es resultado de más de una década de inversiones. El sistema comenzó hace 11 años con solo 12 cañones de nieve. Hoy cuenta con 40, distribuidos estratégicamente en dos sectores clave: 23 en la base y 17 en la pista Cascada, una de las más utilizadas por esquiadores. Esta red cubre unas 12 hectáreas del cerro, donde se asegura nieve independientemente de las precipitaciones naturales.

Además de las condiciones climáticas y el equipamiento, la fórmula también necesita de otro insumo esencial: el agua. Durante la temporada pasada se utilizaron 90 mil metros cúbicos, lo que permitió generar 180 mil metros cúbicos de nieve técnica, que es entre ocho y nueve veces más densa que la nieve natural. Esta característica la hace mucho más resistente a la lluvia, al sol y al paso constante de esquiadores, por lo que su durabilidad es también parte del éxito.

“Hasta ahora, fabricamos 15 mil metros cúbicos, lo que representa un 8% del total estimado para cubrir la base, la pista del área de principiantes y Cascada”, señaló Peintner. La producción continuará a medida que las condiciones del bulbo húmedo lo permitan.

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Pistas garantizadas

La nieve técnica no solo garantiza el disfrute de los turistas. También es una herramienta clave para la operación comercial de todo el centro. Asegura que las escuelas de esquí puedan funcionar desde el inicio de la temporada, que se mantenga la actividad económica ligada al turismo y que se cumplan las fechas previstas, sin depender de los vaivenes del clima.

Esta fórmula va a permitir extender la temporada invernal, mejorar la experiencia de los visitantes y, sobre todo, asegurar que las pistas estén listas incluso cuando la nieve natural escasea.

La combinación entre tecnología, conocimiento técnico y monitoreo constante del clima ya no es una opción: es la herramienta más eficaz para mantener el cerro Catedral como el centro de esquí más importante del país. Y detrás de cada jornada sobre la nieve, hay horas de análisis, trabajo silencioso y una fórmula que no falla.

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