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La historia de "Beto" Ávila, el balsero del último cruce del Neuquén

Hace casi 50 años que vive en el mismo paraje y desde hace más de dos décadas opera la balsa en paraje Huitrín, uniendo caminos, historias y generaciones.

En un rincón del norte neuquino, en el paraje Huitrín, donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo, Roberto “Beto” Ávila ejerce cada día una tarea tan esencial como cargada de historia: operar la última balsa en funcionamiento de la provincia.

Ávila llegó al lugar cuando era chico. Nació en el paraje Mina Continental y se instaló en Huitrín a los 10 años para asistir a la escuela rural. Desde entonces, su vida quedó vinculada a ese punto de la provincia. “Me crié acá”, recordó en una entrevista con Radio y Televisión del Neuquén.

Con 26 años de experiencia como balsero, su rol supera lo estrictamente laboral. “La cuidamos, cuidamos el lugar y las construcciones. Es como de la familia”, explicó. La balsa forma parte de su rutina diaria y también de su identidad.

El cruce

La balsa de Huitrín tiene antecedentes que se remontan a la década de 1940, cuando era utilizada como parte de la logística vinculada a la actividad minera en la región. Con el paso del tiempo, el cruce se consolidó como una alternativa para conectar caminos rurales y reducir distancias en una zona de baja densidad poblacional.

En la actualidad, el servicio sigue siendo clave para crianceros y habitantes de la región. También es utilizado por visitantes que buscan evitar trayectos más largos o que se acercan por interés turístico.

BALSA PARAJE HUITRIN

El sistema de la balsa es completamente manual. No cuenta con motores y se acciona mediante un mecanismo de cables, poleas y tornos. “Muchos preguntan dónde está el motor, pero el motor somos nosotros”, describe Ávila.

El servicio funciona todos los días del año, con horarios establecidos y turnos rotativos entre tres operarios. Durante el invierno, las condiciones climáticas pueden afectar la operatoria, aunque el servicio se mantiene activo en la medida de lo posible.

Un punto de encuentro

Más allá de su función como medio de transporte, la balsa se convirtió en un espacio de intercambio cotidiano. Por allí circulan pobladores de la zona, trabajadores rurales y también turistas, incluidos visitantes extranjeros.

“Siempre hay gente nueva, algo para compartir o aprender”, señaló Ávila. En un paraje con escasa población estable, cada cruce representa también una instancia de contacto social.

Ávila no proyecta dejar el lugar. Su vínculo con Huitrín se sostiene en el tiempo y en la rutina diaria. “Estoy tranquilo acá. Es mi lugar”, afirmó.

He conocido muchísima gente, incluso extranjeros. Siempre hay algo para compartir, para aprender” He conocido muchísima gente, incluso extranjeros. Siempre hay algo para compartir, para aprender”

En un contexto donde muchos servicios rurales fueron reemplazados por infraestructura vial, la balsa de Huitrín continúa operativa y mantiene su esquema original. Su funcionamiento depende, en gran parte, de trabajadores como Ávila, que sostienen la actividad con conocimiento acumulado y permanencia en el territorio.

La historia de Beto Ávila y la balsa que opera se mantienen como un testimonio vivo del arraigo, el trabajo y la conexión profunda con el territorio.

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