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La historia del camarógrafo que recorrió toda la provincia y fue parte de Los Peques

Alberto Torres fue canillita y cafetero, pero encontró su pasión detrás de cámara.

Entre todas las historias de la gente que participó y forma parte de la historia de los medios de comunicación de la región existen algunas que tienen un matiz particular. Un claro ejemplo es el testimonio de Alberto Torres, camarógrafo y productor audiovisual que se formó tempranamente en la cultura del trabajo.

Nacido en General Roca, llegó siendo muy niño a la ciudad de Neuquén junto a su familia en busca de nuevos horizontes laborales. En el año 1974, con tan solo 10 años y tras repetir quinto grado, Alberto decidió abandonar la escuela y comenzar a trabajar como vendedor ambulante para ayudar en su familia, que atravesaba una delicada situación económica.

“Mi primer trabajo fue de canillita en el diario El Sur Argentino, que funcionaba en la calle Fotherigham, en el mismo lugar donde hoy está LMNeuquén, pero los canillitas lo retirábamos en un centro de distribución que estaba por la calle Perito Moreno cerca de lo que hoy es el Paseo del Sol", comenzó en un repaso por su historia.

"Éramos un grupo de más o menos quince pibes que teníamos entre 10 y 11 años de edad. El diario que más temprano salía a la calle en Neuquén era El Sur Argentino y después los demás, pero nosotros teníamos que estar todos los días a las 12 de la noche. Por entonces la ciudad tenía mucha vida nocturna y nosotros caminábamos por todo el centro para poder vender los ejemplares, a veces parándonos en una esquina. Mucha gente, para darnos una mano, compadeciéndose nos decía: 'Uy nene, ¿Estás vendiendo diarios a esta hora? Bueno, dame dos'", agregó Alberto Torres.

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"Nosotros pasábamos casi siempre por el Club Independiente en la Carlos H. Rodríguez para vender un poco más porque siempre hacía fiestas. Muchas veces la gente, además de comprarnos el diario, nos ofrecía servirnos un pedacito de torta, pero si nos veían los meses nos sacaban. Un día fuimos al centro de distribución y no había más diarios, yo pregunté qué había pasado, o si era que por alguna fecha especial el diario no había salido, y nos dijeron que el El Sur Argentino ya no iba salir más, así que hubo que cambiar de trabajo", recordó.

"Uno de los pibes nos contó que en la calle Sarmiento te daban mercadería para vender en la calle, una cajita con golosinas. Al otro día fui y empecé con eso. Aunque yo no llegué a conocerlo, mucho tiempo después me enteré que una de las personas que nos daba las golosinas para vender era un famoso vendedor ambulante al que le decían “El Gordo García” que hacia venta ambulante de traje y moñito en una esquina del centro. Después íbamos a la terminal a ofrecer portadocumentos y cosas así. Nosotros éramos seis de familia y yo era el único varón, la decisión de salir a vender fue por propia iniciativa porque veía que hacía falta colaborar de alguna forma”, dijo Torres.

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El apelativo canillitas refiere a los niños vendedores de diarios, llamados así por la obra teatral del escritor uruguayo Florencio Sánchez, en la que se retrataba la miseria cotidiana denunciada en la delgadez de los tobillos enflaquecidos de los pequeños que “voceaban” noticias en las esquinas y las calles.

Torres recordó que entre los pibes que vendían en la calle se pasaban datos de lugares en los que se vendía mejor y también cuando se abrían otras posibilidades. "Así fue como en algún momento me puse a vender café en forma ambulante de la marca Rocafé y también ofrecíamos la chocolatada Vascolet. La primera vez salí con tres termos de café a ofrecerlo gritando por la calle no vendí ni uno sólo, hasta que me explicaron que en realidad no era esa la forma y que a cada vendedor le asignaban el recorrido de una calle y me tocó la Juan B. Justo desde el correo hasta la calle Salta", añadió.

"Uno de los cafeteros me pasó el dato de que en la radio LU5 se vendía muy bien y que él iba de la mañana al mediodía, así que yo tenía a partir de ahí toda la tarde para trabajar tranquilo. En esa época mi vida empezaba a relacionarse con el segundo medio de comunicación, después de haber vendido diarios para El Sur Argentino. La radio por entonces estaba en la esquina de Alberdi y Santa Fe y tenía dos entradas. Recuerdo que entré por Alberdi y me recibieron las chicas de la administración que funcionaba en el frente. Me hicieron pasar, me compraron y me indicaron que pasara a la sala dónde estaba la máquina de teletipos en la que estaban Helvecio Caldora y Gagliardi, que compraron también y me mandaron al control central a la sala de locución, donde seguí vendiendo”, recordó.

Aquel pequeño cafetero se ganaba la simpatía de la gente de los medios, que además de convidarlo a participar de su maravilloso mundo laboral comenzaban a inspirarlo.

“Los operadores me compraban siempre, Salamanca, Iturra, Luis Trujillo. También conocí a locutoras como Lía Palma, Adela Galán, Magda Byrne, Ana Delgui, mujeres que leían con una expresión y una excelencia que me sorprendían. Yo me sentía literalmente viviendo dentro de la radio, de ese mundo maravilloso que siempre había escuchado y que ahora podía presenciar", agregó.

"Me hice amigo de los muchachos del informativo Eduardo Marchetti, Ricardo Villar y los sábados y domingos de los relatores y periodistas deportivos como Adalberto Omar Casanova, a Miguel Casalis. A Miguel Ángel Paileleo que estaba en discoteca y también por supuesto el Negro Jorge Rubén Sosa. Me hacían pasar al estudio en el que hacían el noticiero y me quedaba a escucharlos todos completos, siempre con la condición de no hacer ruido", contó Torres.

Vendiendo café, fue como un día llegó a la calle Juan B. Justo 69 en donde tenía la agencia de publicidad Daniel Osvaldo Barzotelli, llamada Orión, donde se hizo una clientela fiel. "Con el tiempo y cuando me fui haciendo de confianza, la secretaria Mirta Sánchez me fue ofreció hacer algunas diligencias y me terminaron contratando como cadete. Gracias a eso dejé la venta ambulante y retomé mis estudios en la nocturna. Tuve a la señora de Iommi como maestra en la Escuela 61 y para mí fue inolvidable", recordó.

El joven Torres un día fue a LU5 para llevar unos avisos de la agencia, los empleados lo reconocieron y le preguntaron su no era el que vendía café. "Yo los sorprendí con la noticia de que ahora trabajaba en la agencia de publicidad Orión Servicios Publicitarios, '¡Ah con el Ratón Barzotelli!', me dijeron entre risas y sorpresas porque ese era el apodo de mi jefe. Al tiempo de estar en la agencia aprendí a escribir a máquina y así a pasar las tandas. Era condición esencial no equivocarte en la ortografía porque te las rechazaban. Los locutores de ese entonces eran muy precisos con la puntuación, así que teníamos que cuidar hasta el mínimo detalle”, dijo.

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La historia de las agencias publicitarias del Alto Valle, siempre estuvieron ligadas, al desarrollo de los medios masivos, con quienes compartían empleados y personal técnico. Para Torres esa experiencia fue la posibilidad de aprender de dibujantes, diseñadores, fotógrafos. "Barzotelli en la década del '80 compró las nuevas cámaras Sony y ahí comencé a capacitarme en el tema de la filmación. La primera cobertura como ayudante fue en San Martín de los Andes en una regata, para un programa que comenzaba que se llamaba Dinámica de San Martín de los Andes. Ahí conocí “Facha” Flores, un camarógrafo del que aprendí muchísimo", contó.

Así comenzó su formación en los medios. "Todos estaban dispuestos a enseñarte y todos los esfuerzos se dirigían hacia adelante, a poder progresar, a perfeccionarte para ir conformando equipos de trabajo cada vez más completos y especializados. Por lo general no existían egoísmos de no querer transmitirte algo, al contrario", añadió.

"Con la llegada de la democracia en 1983 me hice de mucha experiencia con las publicidades de las campañas políticas armando los avisos y haciendo las coberturas de los actos. Más adelante trabajé con Raúl Barroso en un programa que se llamaba Dinámica Agropecuaria y en algún momento hice un programa completo Zapala Capital. A fines de los '80 fui testigo y participe de la inauguración del canal de San Martín de los Andes. Ya estaba casado y en plena crisis del '89 quería buscar nuevos horizontes. Había trabajado con Abraham Tohmé en su agencia Gran Publicidad y también con Laura Asía para quien hice operación técnica en FM5. Me enteré de que la productora de Jorge Fernández Garro necesitaba un camarógrafo, entré a prueba por 20 días y terminé trabajando por 15 años para Interior Neuquino", dijo Torres.

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El ya adultó camarógrafo había recorrido grande parte de la provincia cuando participó de la campaña Ingeniero Salvatori, con Interior Neuquino completó todos los rincones. "Con el correr los '90 ya había sido testigo de cómo fueron creciendo parajes, localidades y pueblos que hoy son puntos turísticos de nivel internacional. El programa fue todo un desafío, el trabajo integral de Jorge Fernández Garro y la voz inigualable de Carmen Sanmartín le daban un sello único", agregó.

Su próximo escalón en la televisión local fue el noticiero, donde se inició el vínculo con Canal 7, aunque no como empleado, si no como parte del equipo de Fernández Garro. “En el 2005 comencé a hacer coberturas para prensa del Gobierno de la Provincia del Neuquén y volver a recorrer todas las localidades y ciudades siempre cámara en mano, en simultaneo continué con mi actividad privada y surgieron así muchos proyectos", recordó.

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Alberto Torres en Tierra de Boxeadores.

Así nace Tierra de Boxeadores fruto de la inquietud de ver que Neuquén había mucha gente entusiasta de este deporte y además muchas escuelitas barriales, que eran una oportunidad de impulsar la disciplina a nivel regional. "Pudimos sortear las dificultades que nos presentó la pandemia y por suerte nos reconvertimos gracias a la masividad de las redes”, sostuvo.

"Hay algo sin embargo que representa para mí un logro muy importante que es haber participado del proyecto de Los Peques de Cristian Olmos, Eduardo, Patricia y Sergio Cápua, quienes me convocaron para filmar los paisajes naturales que sirven de fondo a la serie animada”, contó Torres.

Alberto sabe que deja en el tintero muchas anécdotas que promete retomar en otra charla. Toma su cámara, inmortaliza el momento en el que concluimos la nota para resguardar el momento, mientras prepara el resto de los equipos para su próximo y original proyecto.

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