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Qué es la vida sin una cadena de recuerdos. En cada uno de ellos hay momentos buenos y malos que forman parte de la existencia de cada uno. Algunos recuerdos prefieren mantenerse en el olvido, pero otros sirven para fortalecer el presente y acuñar un futuro con mayor temple. A Juan Domingo Rozas los recuerdos en toda su dimensión le sirvieron y le sirven para seguir adelante. Vive en Zapala con su familia. Hoy se dedica a la pintura, pero tiene en su haber recuerdos de los buenos y de los malos, pero supo reinventarse para enfrentar la vida. La misma que con apenas con 12 años lo vio trabajar junto a sus tíos en yacimientos de baritina en cercanías de Bajada del Agrio y que entonces eran explotados por Minera TEA. Hoy se gana la vida como oficial pintor en obras y casas y sueña con tener su casa propia. En aquellos años mientras los niños de su edad jugaban y estudiaban él ya cargaba el yugo del trabajo minero.
Juan atraviesa hoy sus 56 años y hace más de 15 años abrazó el oficio de pintor. Nació en cercanías de Laguna Blanca y sus primeros años de crianza los pasó con su mamá María Ñancucheo y sus hermanos en un puesto en Mallín Quemado, un paraje ubicado entre Las Lajas y Bajada del Agrio. “Yo trabajé en la mina de don González que estaba en aquellos años y que después pasó a ser Minera Tea, la cual estaba ubicada en el paraje Vaca Muerta entre Mariano Moreno y Bajada del Agrio. Estuve trabajando en ese lugar hasta los 18 años. Yo no pude ir a la escuela cuando era niño. Aprendí a leer y a escribir así nomás solo y como pude”, testimonia Juan así ese recuerdo que lo marcó para siempre.
Al respecto comentó que “estuve una semana en la escuela que había en Vaca Muerta pero después no fui más porque yo vivía en el campo y en ese tiempo no había mucha movilidad y aparte yo me crie solo con mis tíos y ellos nunca me insistieron que fuera a la escuela”. Recordó también que “mi papá murió cuando yo tendría unos 6 años y antes ellos se habían separado y mi mamá se vino a Laguna Blanca. A mi mamá recién la volví a ver de nuevo en el año 1984 cuando me vine del campo a vivir a Zapala”. Con un poco de nostalgia comentó que “a mi mamá prácticamente no la conocí de chico porque de muy pequeño me llevaron al campo con mi abuela y mis tíos y ahí me crié con ellos. No tengo muchos recuerdos de ella siendo chico”. Los que llevaron adelante su crianza fueron su abuela María Muñoz y sus tíos José Albino, Laureano Antonio y José Amalio.
Allá por el año 1984 recordó que un familiar lo fue a buscar al campo. “Una hermana mayor me fue a buscar y me trajo a Zapala y no volví más para allá. 18 años tenía. Estuve poco tiempo en la casa de mi madre y empecé a trabajar en Indemet, fue la primera empresa en la que trabajé y logré contar con mi libreta de fondo de desempleo y así trabajé muchos años en distintas empresas hasta que en la última empresa que trabajé en Neuquén comencé a incursionar en el rubro de la pintura”, indicó Juan. Con esos conocimientos adquiridos se fue capacitando hasta que logró la categoría de oficial pintor. Hace más de 15 años que se dedica de manera particular y hoy con el acompañamiento de la municipalidad de Zapala está en los trámites para ser un trabajador monotributista.
Los recuerdos de la ausencia de su madre también le mellaron su ánimo más de una vez, pero igualmente no hay odios ni rencores. “Mi mamá está viva, pero no es muy buena la relación con ella. Yo la conocí en 1984, fue algo extraño, no había sentimientos. Me sentí abandonado, pero no le tomé importancia, no le tuve rencor”, contó Juan. Apenas llegado a la ciudad compartieron techo. “Yo me portaba mal, hubo un tiempo que yo tomaba mucho y ella me echó de la casa”, reconoció. Por fortuna apareció una luz en su vida y la aprovechó. “Por haberme hecho cristiano y dejar el vino empecé a ver la vida de otra forma. El vino ya me estaba haciendo mal. Yo empecé a tomar a los 13 años, tomaba con mis tíos, era una costumbre. Estuve semanas tomando, adquirí el vicio y lo traje para acá. Pero hace 25 años que dejé el vicio, lo dejé del todo y me cambió la vida para siempre. La iglesia me ayudó mucho a dejar el vicio y también mi familia, ya que no era un buen ejemplo para nadie”, contó con satisfacción. “Voy a la iglesia donde tocó la guitarra, hace 20 años que voy, la fe es importante. Todo lo que me pasa es gracias a Dios porque tengo fe, todo lo que se me da es gracias a él. La Iglesia es Fe y Victoria de los pastores Manuel Aroca y Teresa Campos”, agregó.
Embarcado en su nueva vida, Juan se dedicó de lleno al trabajo de pintura y en ese camino lo acompaña su fiel ayudante Jorge Salazar. Hace 10 años pintaron el mítico Chancho Rengo en pleno centro zapalino. A partir de ese momento su nombre se transformó en sinónimo de confianza y de buen trabajo, lo que le permite a la fecha poseer una abultada cartera de clientes. “Gracias a Dios las recomendaciones de boca en boca son muy favorables y el trabajo llega solo a mi casa”. “Ser pintor es algo lindo y es un muy buen oficio. A mí me permitió darles crianza y educación a mis tres hijos; Pablo, Gabriel y Cristian”.
Respecto a su familia mencionó que “mi hijo más chico tiene 18 años y el más grande 25. Nunca me ayudaron en este oficio, no quieren saber nada y yo tampoco los exijo porque yo me crie de una manera donde me exigieron mucho. Empecé a trabajar a los 12 años en las minas, de chico me llevaban y era difícil la mano en esos tiempos. Allí sacábamos baritina. Era muy duro y pesado ese trabajo”. Por atravesar años difíciles en su vida y por no contar con un trabajo estable y bien remunerado nunca tuvo la posibilidad de acceder a su vivienda propia. “Primero alquilaba, después viví donde mis suegros, estuve más o menos 12 años en ese lugar y hace unos años me prestaron una casa los pastores de una iglesia evangélica. Ahora con la gracia de Dios y con el fuerte impulso que me brindó el municipio local con un subsidio económico voy a trabajar fuerte para conseguir cumplir el sueño de mi techo propio”, sentenció.
A través de su oficio y como tantos otros emprendedores independientes en la ciudad, Juan tuvo la oportunidad de acceder al programa de Fortalecimiento a emprendimientos productivos de bienes y/o servicios para compra de maquinarias, herramientas, insumos y acondicionamiento de espacio de producción. El mismo lo impulsa la Municipalidad de Zapala a través de la Secretaría de Educación, Promoción de Empleo y Producción; a cargo de Jorgelina Almeira. En esta cadena de empleabilidad desde el 2020 hasta octubre del 2022 recibieron el subsidio económico 202 emprendedores. En la actualidad 28 proyectos están aprobados y a la espera de los fondos y quedan 15 en instancia de formulación. El programa prevé un pago único de $240.000 y 12 de $20.000 a modo de incentivo y está orientado a emprendedores desocupados o sin empleo formal que no perciban otro tipo de beneficios.
Al respecto Juan reconoció “para mí ha sido una gran bendición y de gran ayuda. No tengo que devolver el dinero, solo tengo que presentar todas las boletas y rendir todo como corresponde”. En referencia al aporte recibido señaló que “compré escaleras, máquinas de pintar, rodillos, taladros, amoladora, soldadora. De otra manera hubiese sido imposible porque no me daba el presupuesto ya que está todo caro”. Las ventajas de todo este equipamiento se reflejan en más y mejor trabajo. “Ahora puedo agarrar trabajos más grandes y me puede ayudar mucho en mi economía. Estoy en busca de la casa propia. Hace 20 días me dieron un lote y bueno tengo que empezar a construirla. De a poco voy a poder conseguirla, sueño con eso, ya que soy grande y quiero dejarle algo a mis hijos”, se esperanza.
Por último, a modo de mensaje o consejo, señaló que “siempre se puede, hay que buscar y aprovechar las oportunidades, porque los años van pasando y pasando. El subsidio fue una bendición, estoy muy contento y conforme. Me faltaba un papel y pensé que ya lo tenía perdido, pero un día me llamaron de la Municipalidad para decirme que había salido y estaba contento porque se dio. Hace un mes y medio salió el trámite. Compré todo por Mercado Libre, lo hice rendir bien al subsidio. Pude comprar más de lo que esperaba. Ya puse a trabajar algunas herramientas, de acuerdo a los trabajos que han ido saliendo”.