El ejemplo inspirador del pequeño vecino de Loncopué que, a pesar de enfrentar un desafío tan grande como el cáncer, logró superarlo.
Con tal solo 5 años, ya tiene mil batallas ganadas. Es un pequeño guerrero con gran corazón. Simón Mikhail Sepúlveda (nacido un 27 de agosto de 2020) es un verdadero héroe en miniatura. Esta es la historia de un niño que venció al cáncer con una sonrisa eterna. Hace casi un año un simple control de rutina se transformó de un momento a otro en un calvario que, junto a profesionales de la salud y al amor de su familia, logró superar y finalmente este sábado en medio de copos de nieve de la tormenta de Santa Rosa tuvo su regreso triunfal a su pueblo rodeado del amor y el cariño incondicional de todos.
Es así que la pequeña localidad loncopuesina se llenó de alegría y emoción cuando Simón regresó a su hogar después de superar una larga batalla contra el cáncer. Un enorme cartel de bienvenida en el Portal del pueblo fue la antesala de una ruidosa caravana por las principales calles que emprendieron personal de la Comisaría 26, Bomberos Voluntarios, Municipalidad, familiares y amigos. “Simón es un pequeño amigo del personal policial, siempre le encantaba ver al móvil y salía a saludar a las patrullas. Además, es fanático de bomberos y de los recolectores de residuos de la municipalidad. Para nosotros es un campeón de la vida, fue un honor recibirlo y verlo feliz”, relató el comisario Sergio Isaac Huanque.
Con un espíritu indomable, Simón enfrentó los desafíos de su enfermedad con valentía y determinación. Su mamá Malena, su prima Emi, sus abuelos Betsabé Pérez y Oscar Sepúlveda y su seño de jardín Vale estuvieron a su lado en todo momento, apoyándolo y animándolo a seguir adelante.
Después de 11 meses de tratamiento y cuidados intensivos, finalmente recibió la noticia que todos esperaban: estaba libre de cáncer. El regreso a su pueblo fue un momento emotivo y conmovedor. Los vecinos y amigos se reunieron para darle la bienvenida y celebrar su victoria sobre la enfermedad. Simón fue recibido como un héroe, y su historia inspiró a muchos en la comunidad.
Para conocer detalles de la enfermedad y de la milagrosa recuperación de Simón, Malena Sepúlveda en una nota exclusiva con LMNeuquén abrió su corazón y compartió la emoción de la misión cumplida. “Hoy, Simón es un testimonio vivo de que los milagros de Dios existen. Jamás retrocedimos, siempre respondió favorablemente a cada tratamiento, y en el camino siempre encontramos personas de buen corazón que nos aliviaron todo y nos acompañaron con amor”, relató entre lágrimas de felicidad.
A continuación, explicó como comenzó esta dura batalla que el destino les puso por delante. “Hace 11 meses viajamos a Neuquén solo a una resonancia de control, porque meses antes le habían detectado un Meduloblastoma, un tipo de tumor cerebral maligno que aparece en el cerebelo, la parte del cerebro que controla el equilibrio, los movimientos y algunas funciones del habla”, contó Malena. Añadió que “en ese momento no era grande ni estaba causando daño, y los médicos nos explicaron que la cirugía podía ser más agresiva que el propio tumor”. Sin embargo en aquel control el panorama cambió de golpe por completo: el tumor había crecido rápidamente y se volvió necesario operar de urgencia. “Llegamos justo a tiempo, porque si no intervenían en ese momento, la historia hubiese sido otra”, recordó.
Más adelante Malena contó que Simón fue operado y después de la cirugía desarrolló el Síndrome de Mutismo Cerebeloso (SMC), lo que significó que por un tiempo no podía hablar ni moverse como antes.
Allí comenzó un camino muy duro: pasaron 11 meses fuera de casa. El pequeño guerrero recibió quimioterapia y rayos. Necesitó muchas transfusiones de sangre y plaquetas, y durante un tiempo se alimentó por sonda hasta que pudo volver a comer. “Mi hijo nunca se rindió: con una fuerza increíble respondió a cada tratamiento, a cada sesión de rayos, a cada desafío que se presentó”, remarcó con orgullo la mamá
Además la progenitora, con inmenso agradecimiento, destacó que “durante todo este proceso contó con la ayuda de un equipo médico increíble: los neurocirujanos que realizaron la cirugía, que aunque hoy trabajan en Neuquén vienen del hospital Garrahan; su oncóloga, su pediatra y su neurólogo de cabecera, que siempre nos mostraron una humanidad única; el equipo completo de pediatras y enfermeras de la clínica San Lucas de Neuquén que hicieron todo lo humanamente posible para sentirnos en casa; y las enfermeras de oncología que cuidaron de Simón cada día”. La mamá comentó a su vez que durante las 30 sesiones de rayos en el COI (Centro Oncológico Integral), Simón fue anestesiado cada sesión de rayos por anestesistas muy cálidos, y las enfermeras del centro lo acompañaron con paciencia y cariño, haciendo que cada paso fuera un poco más llevadero. Con todo este apoyo, y con esfuerzo, Simón empezó a recuperar su voz, sus movimientos y su alegría. “Hoy Simón camina, habla, juega y volvió a ser él: un niño lleno de vida”, pronunció con inocultable felicidad.
La mamá de Simón afirmó también que en el proceso de su recuperación y sanación ocupó un rol fundamental y esencial la seño de jardín domiciliario (Valeriana Landogna), que con mucho amor lo ayudó a volver a hablar y a sentirse nuevamente como un niño. Sus kinesiólogas trabajaron con él para que pudiera volver a caminar y a comer, y su psicólogo también fue un apoyo enorme para recuperar el habla.
“Algo que nunca voy a olvidar: las otras mamás de oncología, que con un simple abrazo o unas palabras me recordaban que no estaba sola, que alguien más entendía lo que estábamos viviendo y sus amiguitos de oncología qué contagiaban fuerza y valentía tal como la que Simón llevó cada día”, recordó con admiración. Al final dejó una sincera reflexión: “Hoy vemos la vida de otra manera. Le agradecemos al cáncer por habernos enseñado a valorar lo importante, a ser agradecidos, y a entender que la rutina diaria es un regalo que en estos meses no tuvimos. Cada día junto a Simón nos recuerda lo valiosa que es la vida y cuánto amor nos rodea”.
La historia de este pequeño “campeón de la vida” es un recordatorio de que, incluso en los momentos más difíciles, la esperanza y la valentía pueden hacer una gran diferencia. Su victoria sobre el cáncer es un ejemplo para todos en Loncopué y su regreso a su pueblo fue un motivo de celebración para toda la comunidad que será recordado por siempre.