La artista Paula Pergonilini es la encargada de la obra, que surgió de un concurso organizado en Neuquén.
“Nací en Neuquén y por las noches hondas,
cuando todo se acalla, mi alma loca
trepa las bardas, atraviesa el río,
y tras la Cruz del Sur halla el camino
que conduce al secreto primitivo”
Irma Cuña fue una de las poetas patagónicas con mayor relevancia a nivel internacional. Nacida en Neuquén en 1932, fue discípula del escritor Ezequiel Martínez Estrada quien entrevió en ella la dimensión integral que como artista tienen los que trascienden su lugar y su tiempo.
Desde el ejercicio del profesorado en Letras de la Universidad del Sur, se desempeñó como integrante del Conicet, llegando a integrar la Academia Argentina de Letras.
Su evocación como artista local, sin contar con los homenajes y actividades culturales que mantienen presente su memoria, era hasta hoy un singular monolito de pequeñas dimensiones, que pasa desapercibido para la mayoría de las personas que pasean por la plazoleta que lleva su nombre en la Avenida Argentina en Carlos H. Rodríguez y Roca.
Pero la reparación histórico a su memoria se hizo realidad y con un concurso de escultura, impulsado por la Subsecretaría de Cultura de la Ciudad de Neuquén, se homenajeó a la poeta, que forjó parte de la identidad neuquina.
La artista plástica Paula Pergolini, ganadora del certamen, contó a LMNeuquén que la obra es evocativa de la poeta. "No ya el trabajo tradicional de realizar un busto o un retrato de monumento tradicional, si no en el desafío de transmitir lo que significa pensar en la representación de las imágenes escritas", dijo.
El modelado de esculturas es un recurso muy antiguo, cuya consecución próxima es realizar un “vaciado en cemento”. "Comenzamos con el armado de un soporte de hierro y maderas, sobre el que montamos la arcilla, lo que nos permite, si se quiere, hacer un trabajo bastante naturalista", reveló Pergolini.
"En el caso de esta escultura, es la idea de un libro abierto del que sale la cabeza de una mujer, implicando la expresión de las escritoras y en especial de la escritora Irma Cuña, conteniendo a la vez algunos elementos de la imagen de su retrato, pero sobre todo como una invocación de sus pensamientos creativos y de su interpretación del paisaje, tan humano y a la vez visceral en su obra", agregó y detalló que de los cabellos de la mujer emergen unos pájaros que representan la mirada tranquila y contemplativa del paisaje neuquino y de las ideas de libertad que este inspiraba en Irma.
"En parte posterior de la escultura estarán presentes motivos que evoquen el paisaje del río y los elementos vegetales propios de nuestros paisajes patagónicos. Todo esto sin olvidar los tiempos en los que esta región era todo un mar, de la sal, de la meseta, de la aridez, así que voy a incluir algunas impresiones de amonites (moluscos fósiles), vegetales espinosos y elementos que remitan al paisaje de esos tiempos. En el libro las letras aparecen desordenadas, Irma dice en una de sus poesías que “las palabras se dispersan” y están presentes a través de diversas texturas en las cuales el código lingüístico surge de un modo más similar a lenguaje de la plástica, ya que el soporte es arcilla y no un texto en papel”, dijo.
El taller de Paula es una obra de arte en sí mismo, materiales de todo tipo y elementos reciclados en espera a ser incorporados a un nuevo proyecto, son parte de una dinámica de inspiración constante. Otros artistas, ocasionales invitados, participan a su vez de la obra como una construcción colectiva, tal como lo hace Vilma Chiodín, que musicaliza las veladas con su acordeón, mientras cada tanto inscribe con prolija caligrafía versos de Irma Acuña integrados a la obra.
“Si al huir el mar arcaico
nos dejó su flor salada
en los labios calcinados,
en la carne y en el alma:
–¿qué misterio primigenio
me dispersa las palabras?”
“Junto a Vilma nos formamos juntas y fuimos discípulas de Michelotti, confío en su criterio que me ayuda a conceptualizar y a ver y a resolver formalmente en cuanto a la composición y a la forma de la obra", dijo Pergolini.
Desde un retrato fotográfico, entronizado en un punto estratégico del taller, la presencia del artista Jorge Michelotti (nacido en Buenos Aires en 1933 y radicado en Neuquén dónde falleció en 2019) convoca a las musas de la inspiración.
“Mi maestro Michelotti, está siempre presente en nuestro trabajo. Él nos enseñaba a ver y a manejar cuestiones de carácter que empiezan a suceder cuando uno está trabajando, como la angustia o la falta de paciencia o la necesidad de dejar que las cosas maduren cuando uno no entiende hasta dónde llegar y cuando detenerse”, contó la escultora.
Paula Pergolini, oriunda de Junín, Provincia de Buenos Aires, y radicada hace 30 años en Neuquén, es profesora para nivel superior en Dibujo y Escultura y trabaja actualmente en la Escuela de Bellas Artes en la que tiene la cátedra de “Dibujo, escultura y morfología” y “Lenguaje Visual”. Se desempeñó también en nivel primario y secundario muchos años como profe de plástica.
“Contamos con la asistencia de Val Rojas, ceramista, que me está ayudando en la parte pesada del amasado de arcilla porque estamos empleando una cantidad que ya supera los 150 kilos. La arcilla que estamos trabajando proviene de las bardas y la tenemos que procesar permanentemente", contó.
"El modelado de la escultura ya lleva un mes y después viene un proceso de oficio, que de ir todo llevará dos meses más. La última etapa del vaciado es la más dura porque es prácticamente un trabajo íntegro de albañilería”, agregó.
En tanto, Chiodín resaltó que siempre es fatal esa parte, es trabajar con hierros, cemento, con cosas pesadas y en definitiva un trabajo brutal y para una mujer es realmente es un desafío.
Los tiempos del arte que nunca están definidos por el apuro, gestan la obra homenaje a la poeta Irma Cuña con el empeño y la inspirada sencillez con la que la escritora dispersaba palabras que hoy se han convertido en eternas.