Una muerte que quebró a un pueblo, obligó a una familia a aprender de leyes y que hoy espera una sola respuesta: prisión perpetua. Habló Sebastián, el hermano.
El corazón de Franco Daniel Ramírez dejó de latir en un segundo. Una puñalada, directa, traicionera, súbita, se lo atravesó mientras jugaba al truco con amigos. No hubo discusión. No hubo pelea. No hubo chance de defenderse. Solo la hoja de un cuchillo que Pedro Juan Cides, de 58 años, llevaba oculto entre sus ropas y que descargó sin mediar palabra.
Eran las cuatro de la madrugada del domingo 1° de junio de 2025. Una casa del barrio 114 Viviendas, en Loncopué. En una juntada amigable. Franco, de 30 años, estaba compartiendo una ronda de alcohol. Indefenso. Confiado. Por eso la puñalada duele el doble: fue a traición.
“Lo único que crece es la angustia, la tristeza, el extrañarlo. Hoy, a tres meses, todo sigue igual. Solo cambia el calendario”, dijo su madrina Hortencia Huenten en una de las marchas por justicia. Sin embargo, quien tomó la posta ante los medios, quien le puso voz al desgarro, fue su hermano Sebastián.
“Mi nombre es Sebastián Ramírez. Soy el hermano de Franco”, así empieza siempre. Y lo que sigue es la necesidad de que se sepa quién era el pibe al que mataron. En una entrevista en exclusiva con LM Neuquén lo describió a Franco: “Era una persona muy alegre, de esas personas generosas que están siempre para dar una mano a todo el mundo. Tenía muchos amigos”. Luego agregó: “No era de problemas. No era de peleas. Si veía a alguien mal, se acercaba. Si había que ayudar, ayudaba”.
Tenía 30 años (nació el 16/06/94) y una hija de 12. “Era un gran padre. Y eso es algo con lo que nuestra familia va a convivir para siempre: esa pequeña va a crecer con su papi, como le decía ella, solamente en fotos”, sostuvo cruzado por un dolor infinito.
Los Ramírez son de Loncopué. “Somos gente muy tranquila y de bien. Muy alejada de conflictos, de cualquier tipo. Tampoco imaginamos en nuestra familia que podía pasar algo así”, afirmó.
Hay un detalle de esa noche que a Sebastián lo desvela. Que explica por qué esto no fue una “pelea” sino una ejecución.
“En un momento de la reunión, Cides se ofuscó. Se puso mal. Y Franco fue el que dijo ‘ya está, cálmate’. El que intentó que todo siguiera tranquilo. El que puso paños fríos”, detalló.
Lo logró. Pasaron más de veinte minutos. “Ya todo estaba en calma, cuando Franco ya ni siquiera estaba pensando en eso”, contó Sebastián. Y entonces vino lo impensado.
“Este tipo se acerca sin decir nada, y espera a último momento para sacar un cuchillo que traía escondido en su espalda, y lo asesinó de una puñalada en el corazón. De costado, sin que mi hermano pudiera ni siquiera verlo, mucho menos defenderse”, puntualizó.
La fiscal de Zapala, Laura Pizzipaulo, lo describió en la audiencia: ataque “de manera sorpresiva, súbita y a traición, sin posibilidad de defensa”. El taponamiento cardíaco por herida de arma blanca lo mató en el acto. Después, Cides caminó hasta la Comisaría 26 y se entregó.
“No pudo defenderse porque nunca se lo esperó, nunca ni siquiera lo imaginó”, dijo Sebastián. “Hay un detalle de esa noche que nos dejó con una sensación muy difícil de explicar, de lo increíble e injusto que puede ser todo esto”, añadió con impotencia.
A la muerte se le sumó otro golpe. El de tener que entender el sistema judicial en medio del duelo.
“Nadie te prepara para algo tan pero tan fuerte”, confesó Sebastián. “Nos enteramos de cómo funciona todo esto en el medio de este duelo, en el peor momento posible”, aportó.
La lista es cruda: “Nos enteramos de cómo funciona la justicia, de que el asesino iba a tener abogados gratis pagados por el estado y nosotros a tener que contratarlos con fondos propios. De tener que gestionar el sepelio estando destrozados. De cómo se solicita una autopsia ampliada, un informe toxicológico, un peritaje forense independiente. De cómo se leen protocolos médicos, se responde en audiencias, se construye una querella”.
“Todo eso lo tuve que aprender mientras procesábamos la muerte de Franco, con las cuentas encima, sosteniendo a la familia para que no se viniera abajo”, aseguró el valiente hermano de la injusta víctima.
Mientras el acusado tenía garantizada su defensa pública, la familia Ramírez tuvo que juntar peso por peso para ser querellante. Mientras lloraban, aprendían qué era la “cadena de custodia”. Mientras intentaban no quebrarse, decidían si pedir un perito de parte.
“La gente de Loncopué y de los pueblos de la zona estuvo ahí”, sostuvo Sebastián. Y ese “ahí” fue gigante.
Más de nueve marchas multitudinarias en Loncopué, Caviahue, Las Lajas y El Huecú. Más de 1000 firmas para pedir que la carátula de homicidio simple se cambie a homicidio agravado por alevosía. Caravanas pacíficas que partieron desde el portal de ingreso a Loncopué y terminaron frente a la comisaría, donde ardía un altar con velas y el nombre de Franco.
“De Las Lajas llegaron familias enteras. De Caviahue bajaron con banderas. De El Huecú vinieron a abrazar. Todos con el mismo grito: justicia”, relató. “Eso también nos sostuvo”, asintió también.
La prisión domiciliaria de Cides, a metros de la frontera, fue nafta al fuego. “La medida se renueva cada 30 días”, advertían los vecinos, con miedo a una fuga. Por eso la confianza está puesta en estos tres días claves de abril.
La fiscal Laura Pizzipaulo escuchó. La carátula se recalificó. Hoy, Cides llega a juicio por jurados acusado de homicidio agravado por alevosía, art. 80 inc. 2º del Código Penal. La pena prevista no tiene grises: prisión perpetua.
El juez de garantías Ignacio Pombo fijó las audiencias para el 28, 29 y 30 de abril de 2026 en Zapala. Doce vecinos decidirán si Cides es culpable. Si lo es, el juez aplicará la pena.
“Ahora empieza el juicio. Y la pregunta que me hacen es, qué espero”, indicó Sebastián.
Y no duda: “La única condena que espero y que merece es prisión perpetua. Es la única condena posible para lo que pasó, y no lo digo yo, lo dice el Código Penal. Cuando alguien esconde un cuchillo, espera más de veinte minutos después de que todo volvió a la calma, se acerca en silencio por el costado y lo clava directamente en el corazón — eso no es una pelea, es un asesinato a traición. Es lo más grave que tipifica nuestra ley”, aseveró con determinación.
Para Sebastián, el juicio es más que una sentencia. Es un mensaje.
“Espero que esta causa trascienda, deje algo. Que sirva para algo más que una sentencia. Porque si alguien puede hacer lo que hizo Cides, y después la condena se achica o se negocia, el mensaje que queda es que para la justicia la vida no vale, o peor incluso, hacer que valga más la vida de un asesino, buscando la forma en que pueda salir en libertad”, apuntó con firmeza. A continuación, agregó que “por eso luché con todas las fuerzas en esta causa, por hacer valer la vida de mi hermano. Desearía que a ninguna familia más le pasara, pero si pasa, que puedan tener el antecedente de una condena ejemplar”.
Sabe que nada repara. “Ninguna sentencia me va a devolver a mi hermano. Eso ya lo sé”. Pero sí puede reparar la confianza. En este sentido expresó “finalmente quiero decirle a la hija de Franco, a la mamá de Franco, nuestra madre, y a toda una sociedad que salió a las calles, que la Justicia miró lo que pasó, lo llamó por su nombre, y actuó firmemente para que este asesino tenga la pena máxima: prisión perpetua”. Y siguió diciendo: “Eso es lo que le debemos a Franco. Y eso es lo que vamos a defender estos tres días en Zapala”. Por otra parte, dejó un reconocimiento: “Como familia queremos hacer público nuestro agradecimiento a la fiscal de Zapala, Dra. Laura Pizzipaulo, por el profesionalismo, la calidad humana y el compromiso con el que llevó adelante la investigación desde el primer día. En medio del dolor, su trato y su trabajo nos hicieron sentir que no estábamos solos frente a la Justicia”.
El dolor no prescribe. La puñalada al corazón de Franco siguió sangrando en cada marcha, en cada vela, en cada palabra de su hermano. Pero ese mismo dolor empujó la causa hasta acá: a las puertas de un juicio por jurados.
El 28 de abril, Zapala será el escenario (en Mayor Garayta 455, a la vuelta del hipermercado Cooperativa Obrera). Doce personas comunes (que serán seleccionadas el próximo 24 de abril) tendrán en sus manos algo más que un veredicto. Tendrán la posibilidad de decirle a Loncopué, a Neuquén y al país que matar a traición, cuando la víctima fue el que pidió calma, cuando dejó una hija de 12 años, se paga con lo máximo que prevé la ley.
“Porque si la alevosía no es perpetua, ¿qué lo es? Si la vida de Franco no vale perpetua, ¿cuál vale?”, enfatizó Sebastián. Luego añadió que “el dolor no se va”, pero confiamos en la justicia”.
Luego, para cerrar, pidió que esa justicia esté a la altura. Que mire a los ojos a esa nena de 12 años que creció sin su “papi”. Que mire las más de 1000 firmas. Que mire las nueve marchas. Que mire el altar frente a la comisaría. Y que actúe. Firmemente. Por Franco. Por los que vendrán. Por todos. Porque cuando se mata por la espalda, la única respuesta posible es la firmeza. Porque cuando la traición atraviesa un corazón, la impunidad atraviesa a un pueblo entero. Y Loncopué ya dijo basta.-