El atractivo se consolida como destino de temporada invernal. Visitantes de la provincia vivieron la experiencia de los 300 metros de pasarela. La intendenta Marisa Antiñir apuesta a posicionarlo todo el año.
En invierno La Puntilla cambia de piel. La nieve cubre sus 6 balcones y la niebla encierra los 300 metros de pasarela. Ya no se ve la Cordillera del Viento, ni el Volcán Domuyo, ni la serpenteante figura del río Neuquén. Lo que queda es el misterio. Ese halo que desde hace años envuelve al mirador más grande de la provincia y que en días de frío se vuelve más intenso. Nieve, niebla, silencio y un ET verde que da la bienvenida. Así es La Puntilla cuando el norte neuquino se pone blanco.
Días atrás el mirador fue escenario de un reencuentro casual. Por un lado, Daniel Jara y su sobrina Priscila, ambos oriundos de Neuquén capital. Era la primera vez que lo visitaban con nieve. "Dijimos vamos a prender las bengalas al mirador para sentir la hermosa sensación del aire y de la cordillera", contó Ana Medel, nacida y criada en Las Ovejas, que acompañaba a la familia.
Y justo ahí se cruzaron con Elena Fuentes, ex portera de la Escuela 135 de Mariano Moreno. Elena ya conocía La Puntilla, pero en versión verano. Estaba de visita en Las Ovejas y no se quiso perder la oportunidad de verla nevada. "Son oportunidades extraordinarias", dijo, mientras se sacaba fotos con el valle blanco de fondo.
Entre bengalas azules, frío y risas, intercambiaron pareceres. Dos historias, dos pueblos, un mismo mirador cubierto de nieve.
Ana, que hace 16 años se fue a vivir a Neuquén, volvió a su pueblo para ver a la familia. Sus padres, Juan Manuel Medel y Esther Barrera, fueron de los primeros comerciantes de Las Ovejas. Tuvieron el primer restaurante y mercado del pueblo: "El Ciervo". Hoy jubilados, siguen viviendo ahí y son parte de la memoria comercial de la localidad.
Daniel, por su parte, es el alma de "La Casa del Pernil" en el oeste neuquino. "Hace los mejores perniles de Neuquén capital", aseguró orgullosa Ana. Para él, subir a La Puntilla con nieve fue "tocar el cielo con las manos".
El Mirador La Puntilla está ubicado sobre la ruta provincial 43, a 6 km de Las Ovejas. Con sus 6 balcones y una pasarela de 300 metros, fue pensado para ofrecer una vista panorámica del valle del río Neuquén, la Cordillera del Viento y el Volcán Domuyo.
Fue impulsado por el ex intendente Vicente Godoy y concebido para potenciar el desarrollo turístico del norte neuquino. Su estructura actual de pasarelas y balcones se inauguró entre 2018 y 2019. Antes, en 2010, ya funcionaba de forma oficial como atractivo de turismo ufológico y natural para avistar el cielo diáfano de la Patagonia.
Hoy, la gestión de Marisa Antiñir lo puso al frente de la promoción turística. La intendenta de Las Ovejas viene trabajando para que La Puntilla no sea solo de verano.
"La Puntilla es nuestro principal atractivo y queremos que la gente lo disfrute los 12 meses del año. En invierno tiene una postal única. La nieve le da otra magia y eso también es turismo", sostuvo Antiñir.
En esa línea, la jefa comunal participó en ferias y ciclos de promoción provincial, como en el Alto Comahue Shopping, donde posicionó al mirador junto a las Lagunas de Epulauquen como recorridos imperdibles del norte. Además, respaldó formalmente en la Legislatura proyectos para reconocer y jerarquizar los caminos que conectan con el mirador.
"Para nosotros es clave mejorar los accesos. Acompañamos al gobernador Rolando Figueroa en el anuncio de pavimentar la ruta 43 hasta el centro del pueblo y hasta La Puntilla y por supuesto a los pueblos vecinos de Varvarco y Manzano Amargo. Si queremos más visitantes, tenemos que darles condiciones", agregó.
Si hay algo que hace única a La Puntilla es su vínculo con el cielo. La figura del extraterrestre ya es parte del paisaje. La estatua verde, de casi dos metros, sostiene una oveja blanca en brazos. Está ubicada entre las rocas, con nieve en los hombros en invierno, y se volvió el punto más fotografiado del mirador.
No es un adorno. Responde a la identidad de Las Ovejas. Desde hace décadas los vecinos hablan de avistamientos de luces extrañas, objetos que cruzan el cielo y fenómenos que no tienen explicación. Por eso en 2010 se decidió impulsar el lugar como polo de turismo ufológico.
"Acá la gente mira para arriba. Siempre pasó. Nuestros abuelos ya contaban historias de luces en la cordillera. La Puntilla nos dio la excusa para contarlas al mundo y que vengan a vivirlo", explicó Antiñir.
El turismo ufológico no busca certezas, busca experiencia. Y en invierno esa experiencia se potencia. El silencio, la niebla que baja, el frío y el cielo encapotado le dan al lugar un clima cinematográfico. Prender una bengala azul en medio de la nada, como hicieron Daniel y Priscila, es parte de ese ritual.
"Queremos que vengan a sentir La Puntilla. No solo a sacarse una foto. Que sientan el viento, que escuchen el silencio, que miren el cielo de noche. Eso es lo que no te da ningún otro mirador", remarcó la intendenta.
La Puntilla en invierno no se muestra completa. Se insinúa. Y en esa falta aparece el encanto. Porque cuando la nieve tapa el valle, lo que queda es la historia de la gente que la camina, el ET que la cuida y el cielo que siempre tiene algo para contar.