Puntillosa y puntual. Pasado un minuto de la hora pactada, Cristina Brevi inicia una llamada que tendría que haber recibido ella y se excusa por los quehaceres domésticos que no la dejaron coincidir en otro momento. Bastó una pregunta para que despliegue todo su arsenal de conocimientos con una claridad discursiva que invita a escuchar sin interrupciones.
Dos detalles de entrada que delatan su pasta de docente y cierta simbiosis con la cultura que nutre sus dos pasiones: la enseñanza del idioma inglés -estilo británico-, y el té, la exquisita infusión de origen chino que se convirtió en un emblema anglosajón. "A mi siempre me fascinó la cultura inglesa. Yo soy también muy estructurada, organizada y puntual", comenta con humor.
Fanática de las antigüedades, Cristina alimentó por años su vocación por esa bebida, coleccionando objetos y vajilla clásica de porcelana fría, que compartía en ocasiones con amigas, haciendo gala de todo el ceremonial.
Sin embargo, recién en 2013 -y tras 25 años de enseñanza en distintas instituciones educativas de Neuquén- la docente le encontró una veta comercial a ese hobby. Fue cuando se enteró que existía una carrera y diferentes capacitaciones para convertirse en una experta en la materia; un camino de ida, que la llevó a transformarse en sommelier de té, tea blender, tea gourmand, instructora de tea meditation y ceremonialista de té al estilo Tai Ji.
Mientras continuaba con su formación, en 2014, Cristina lanzó The Vintage Teapot (La tetera de antaño), un emprendimiento que en la primera etapa se dedicó a la venta de té puro con una pastelería distinta a la que se suele encontrar en la región, y de la que se puede seguir disfrutando al día de hoy . "Todo era a través de Facebook, en ese momento no estaba Instagram. Mi vidriera era esa red social y el boca en boca", señaló.
"En 2015 largué mi primer blend, el Wild red forest", dijo, haciendo alusión al aromático mix de té negro Ceylon OP de Sri Lanka, flores de hibiscus, pétalos y pimpollos de rosas, pimienta rosa en grano y rosa mosqueta, que al paladar se presenta intenso, dulce y ácido.
Actualmente Cristina cuenta con una carta con 23 propuestas, entre las que se destacan el refrescante y criollo blend Argentinian Connection (té negro, variedad de mentas, cascaritas de pomelo, yerba mate, burrito y semillas de coriandro), el Crimson Sunrise (té negro Darjeeling de India, rooibos, regaliz, anís verde y bayas de Goji) y Asian Trails (té negro Darjeeling de India, carcaritas de naranja amarga, jengibre, clavo de olor, canela en rama y semillas de cardomomo), por mencionar solo unas de las deliciosas y originales variedades que la sommelier prepara a base de té blanco, azul, negro y verde de China, India y Japón, con diferentes especias y frutos.
Respecto a su pastelería, la profesora precisó: "Hice un curso en Cocineros Patagónicos, pero es más bien todo un desarrollo autodidacta, a prueba y error. Yo estaba cansada del lemon pie y la tarta de frutillas y me propuse ir por otro lado. Hoy tengo recetas de mi propia autoría", dijo con orgullo.
Con el bagage que incorporó en viajes y sus dos años de estancia en Inglaterra y Eslovenia (donde hizo un máster), Cristina aprovechó la frutícola de sus padres para crear sus propias recetas y marcar así la diferencia. "Yo fui criada en Allen, en una chacra. Mis padres son una de las pocas familias que siguen apostando a la fruticultura y bueno, yo aproveché eso. Hago tortas con ciruelas, pan de té a base de frutas, que yo misma deshidrato para luego macerar toda una noche. Trabajo mucho también con especias. Pienso recetas que mariden con los diferentes tipos de té", subrayó.
"Un tradicional de the Vintage Teapot es la torta de zucchini, que es dulce y súper húmeda o el budín de lavanda. Por ejemplo, ahora para Navidad, elaboro pan de especias, pan de té y pan dulce alemán", destacó.
Con el emprendimiento sobre ruedas y sumando formación, Cristina comenzó a tener presencia en ferias -hoy se la puede encontrar en las ediciones mensuales de Ohlalá- y con el tiempo cumplió el sueño de abrir su propio local en la calle Caviahue 328.
Allí, además de vender sus elaboraciones, vajilla y otros artículos relacionados a la cultura del té, la sommelier da cursos y organiza eventos privados los fines de semana, como las tradicionales tardes de té en las que despliega su saber y su espíritu lúdico con degustaciones de diferentes variedades maridadas con piezas de pastelería dulce y salada, combinadas con juegos temáticos.
En cuanto a las capacitaciones, Cristina indicó: "Vengo dando Introducción al té y el año que viene empiezo con Armonía en té, que tiene que ver con cómo el té influye en nuestros centros de energía y con el ritual para darnos el tiempo en el aquí y el ahora, y salir un poco de la vida ajetreada que nos lleva a estar a las corridas".
"Gracias a Dios tengo muy buena aceptación porque todos los que hacen los cursos salen fascinados. Vienen personas de todas las edades. El otro día vino una nena de 13 años, pero por lo general es gente de entre 30 y 60 años. Al margen de los que están interesados porque quieren empezar con un emprendimiento, hay quienes que se acercan porque toda la vida tomaron té o porque están vinculados a disciplinas ligadas a la cultura china y todo lo que rodea el té como yoga, la meditación o artes marciales", contó antes de cautivar con su saber en torno a los beneficios y las variedades del té.
Beneficios para la salud
"El té es una bebida muy saludable, natural, acalórica. Es un poderoso antioxidante en todas sus variedades. Sirve para acelerar el metabolismo y quemar grasas. Es diurético, nos protege de accidentes cerebro vasculares y también resguarda el sistema inmunitario. Nos permite mantenernos alerta, estimular la memoria y prevenir enfermedades como el alzheimer. Está comprobado que las personas que toman té prolongan su vida más, que las que toman café. Tiene mucha cantidad de flúor, así que también ayuda a prevenir caries y beneficia a la piel", aseguró Cristina.
"Actualmente hay como un boom. Antes el té estaba asociado a sentarte a la tarde a tomar y comer un pedazo de torta. Ahora, se empieza a ver como una bebida para incorporar en todo momento del día -no sólo como merienda- por sus propiedades. En 2020 tuve récords de venta porque, por la pandemia, la gente no podía compartir el mate. Ahora estoy notando que mucha gente, tanto hombres como mujeres, están dejando el café y el mate porque les provoca mucha acidez y nerviosismo. Eso lo percibo no solo en el local, sino también en la feria Ohlalá, donde hablo mucho con la gente", planteó.
Variedades
Una de las particularidades de The Vintage Teapot es la inclusión de variedades inusuales en el mercado local donde prevalece fuertemente el té negro y el té verde. "En realidad son seis variedades: blanco, amarillo, verde, azul, negro y el postfermentado. Todas vienen de la misma planta, la Camellia Sinensis de la China y de la India. Lo que cambian son los procesos. Lo que primero llegó a occidente fue el té negro. La movida del té blanco y azul siempre existió, pero ahora -con este boom- se conoce más. Y también esos productos tienen más llegada a la Argentina. Algunos no llegan porque los chinos se los reservan para ellos, pero siempre estuvieron las seis variedades", explicó.
"Lo que cambia es el proceso y los niveles de oxidación. El té verde tiene cero por ciento porque se detiene el proceso con un procedimiento que se llama fijación. El té negro, tiene una oxidación del cien por ciento. En tanto, el té azul es mucho más complejo porque podés encontrar diferentes niveles de oxidación (desde un 20 a un 80 por ciento) en el mercado porque cada productor decide cuándo para el proceso. Para mi, esta variedad es una de las más ricas con una amplia gama de sabores", precisó.
En cuanto al té fermentado, comentó que el que suele llegar a nuestro país es el Puerch, "que tiene un proceso totalmente diferente a de los anteriores". "En este caso no se oxida al contacto con el oxígeno, sino que se humedece para que segregue microorganismos vivos: una bacteria llamada Aspergillus. Eso hace que sea súper probiótico y que sea conocido como 'el gran quemador de grasas', porque acelera el metabolismo de una manera impresionante", puntualizó.
"El té blanco es el menos procesado de todos, pero es más antioxidante que el té verde. El proceso en este caso es simple, requiere de un secado sencillo. Es muy suave en boca", describió, antes de dedicarle un párrafo a la variedad más codiciada.
El té amarillo se toma puro, no se blendea en Argentina porque la escasa producción (apenas del 1 por ciento) a nivel mundial. "Los que estamos en el mundo del té lo conocemos, pero es un lujo. Este té se envuelve en un papel de paja que le da suavidad y redondez. Luego se abre y se lo vuelve a envolver. Se dice que se lo sofoca o que se lo asfixia. La receta de este papel es secreta, los chinos no te la revelan", advirtió.
Contenta con el camino que viene transitando con The Vintage Teapot, y mientras planifica las nuevas apuestas para el 2023, Cristina se siente agradecida por la buena repercusión que tiene su propuesta. "Siempre digo que este emprendimiento es como otro hijo. Fue creciendo y gracias a Dios hay muy buena respuesta de la gente. Quienes hablan conmigo destacan que transmito la pasión y el amor por lo que hago. Dicen que eso lo sienten, que les toca", postuló.
"Este es un emprendimiento que hago sola: desde la elaboración, el diseño, el packaging, las ventas y el reparto. No tengo empleados", añadió con orgullo. "Mi idea es fomentar la cultura del té y que la gente lo incorpore como parte de su vida", recalcó.