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Con la política tradicional en ruinas, Javier Milei se presenta como la atracción del vacío y un salto de fe a lo indescifrable.
El 20 de octubre de 1972, Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll estaban sobre el escenario del Luna Park cantando ante miles de jóvenes. La Policía, fiel a su estilo setentista, ingresó y comenzó a pedir documentos y golpear a los muchachos. En buenos términos, el cantante pidió tranquilidad tanto a los seguidores como a la Policía, pero al ver que los palos continuaban, Billy Bond soltó la emblemática frase rockera “¡Rompan todo!”
Este año se cumplen 51 años de aquella violenta jornada, con el agregado que dos días después, el 22 de octubre, los argentinos vamos a las urnas en medio de una crisis económica, con una inflación que desploma el bolsillo.
Los candidatos de la política tradicional no parecen ser lo más atractivo para los votantes y lo dejaron reflejado en el primer debate que se transmitió por todos los canales en una suerte de cadena oficial.
El único que mantuvo la ventaja, fue el libertario Javier Milei que sigue creciendo en las encuestas.
A un par de semanas de tener que emitir el voto, la tentación del “rompan todo”, en materia política, está más latente que nunca y el receptor de ese voto es Milei, un ser tan atractivo con su discurso rupturista como peligroso con su motosierra en mano.
Todos los medios se están esforzando por mostrar qué sería del país en manos de una extrema derecha sin experiencia de conducción. Por ese motivo, sostienen que Milei es la atracción del vacío.
Lo cierto, es que ya casi nadie tiene miedo de arrojarse al “vacío” porque ya no queda más nada que perder. En definitiva, para muchos Milei es el “rompan todo” y el “salto de fe”, una conjunción indescifrable.