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La vuelta del clarete, un vino histórico con renovado brillo

La alquimia que parte de la fermentación conjunta de uvas tintas y blancas. Cuál es el origen del nombre.

En el mundo del vino hay blancos, rosados y tintos, si seguimos una clasificación estricta —y algo caprichosa— basada en el color. Porque, en rigor, existen otras categorías, como la descriteriada de los vinos naranjos —donde el color es lo de menos dentro de una bolsa de gatos oxidados— y los claretes, que si bien no incluyen un color en su nombre, refieren especialmente a una condición liviana de tono.

Desde el punto de vista legal, la ley argentina los considera rosados, aunque en el mundo los claretes abarcan un espectro amplio que va desde tintos ligeros hasta rosados propiamente dichos. El nombre remite a los vinos que Burdeos exportaba a Inglaterra en la Edad Media, cuyo color pálido, en comparación con los vinos del Mediterráneo, les valió el nombre de claret.

En la práctica, un clarete designa de forma algo indefinida a los vinos de color atenuado que, para lograrlo, parten de la fermentación conjunta de uvas tintas y blancas, lo que además modifica su perfil gustativo. ¿En qué medida? Dependerá de las variedades y proporciones utilizadas, aunque el componente tinto suele ser dominante.

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Sea como fuere, el bebedor atento habrá notado que en los últimos años aparecieron en la góndola local varios vinos identificados como claretes. En mi caso, este último diciembre me tocó catar al menos cinco, entre tintos ligeros y rosados subidos de tono. Lo curioso es que al menos tres de ellos eran combinaciones de Malbec y Torrontés.

Gracia divina del clarete

A mi modo de entender, lo que hoy resulta atractivo del clarete es una combinación singular: vinos ligeros, apoyados en taninos apenas reactivos, con una aromática algo exótica si se los compara con otros estilos. En particular aquellos que incluyen Torrontés en su fórmula, ya que se trata de tintos con matices de rosas blancas y jazmín suave, una rareza gustativa en clave tinta.

Pero hay más. Ese paladar etéreo arroja grandes resultados a la hora de comer, sobre todo cuando hace calor y uno puede beber un tinto refrescado sin que los taninos se vuelvan agresivos. ¿Sirven para una picada? ¿Para una pizza casera? ¿Como aperitivo? ¿Maridan con milanesas al horno y de apuro? ¿Con gazpacho o una ensalada de tomates y quesos? Para todo funciona un clarete. Aunque, claro, no todos funcionan igual en todas las ocasiones, pero eso ya sería hilar muy fino.

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Puestos a recomendar algunos claretes para este verano 2026, apuntaría a los siguientes:

La Vaquita Natural Clarete 2025. Elaborado como vino natural, sin sulfitos añadidos, a partir de una combinación de 80% Malbec y 20% Torrontés. La Vaquita se ubica en otro espectro respecto del mercado nacional. Puede considerarse tinto en sabor, pero no así en aromas ni en estructura. Un clarete en plena forma, de textura delicada y perfil frutado.

Riccitelli V.I.N.O. Clarete 2025. Lo probé en mayo pasado y resultó, para mí, una atractiva sorpresa. La sigla significa Viticultura Independiente Natural y Orgánica, y nace de la combinación de uvas criollas tintas y blancas cultivadas bajo ese enfoque. Es un vino transgresor, con energía de paladar, no apto para cualquier bebedor. Me gusta el desenfado que propone y su carácter frutado.

NN Clarete 2025. El polémico nombre del vino tiene una explicación sencilla: Ni tinto Ni rosado. Es un 100% Malbec elaborado como vino ligero, con una somera crianza en barricas. El resultado es una expresión envolvente y refrescante, distinta tanto de los tintos como de los rosados. Rico.

Alfil Clarete 2024. Elaborado con uvas criollas de Calingasta, este clarete propone un tono entre funky y frutado, con notas terrosas y una frescura elevada. Un vino raro y sabroso, más cerca de un tinto que de un rosado, ideal para despuntar unas copas a última hora de la tarde con algunos quesos.

Dezed Clarete 2025. Combinación de 80% Malbec y 20% Torrontés. En este clarete, la blanca domina la aromática mientras que la tinta define el paladar. Floral, con un innegable tono de Torrontés, en boca es suave y refrescante, de textura lisa. Bebido refrescado, resulta perfecto para una picada.

Ver Sacrum Clarete 2025. El raro de la serie, en parte porque cuesta conseguirlo y se agota rápido. Es una mezcla de Garnacha y Marsanne, que en algunas añadas suma algo de Syrah. Expresivo, fresco y de sabor frutado, propone un vino ideal de aperitivo, más cerca de un rosé que de un tinto.

Fío o refrescado

En este punto siempre hay controversia: qué es frío —la temperatura de los blancos— y qué es refrescado, el punto ideal para los claretes. En pocas palabras, 7 °C o menos es frío o helado, algo que se logra con una hora de heladera o unos 20 minutos de freezer. Refrescado equivale a 10–12 °C, alcanzables con unos 40 minutos de heladera o 10 de freezer. Todo, claro, a buen ojo.

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