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Las 1001 historias de los 101 años de la Escuela 61

Nació un 10 de abril de 1922 en una vivienda alquilada y en 1954 se trasladó a su ubicación actual en la calle Misiones.

La Escuela 61 de la ciudad de Neuquén parece haber hecho un pacto con el tiempo para mantener intacta su estampa frente al avance de la modernidad. Su fachada, el interior y los inmensos patios, que puede verse desde casi cualquier punto de la manzana en la que está emplazada, nos evoca a las escuelas de las tapas de las revistas “Billiken” o “Anteojito” con la bandera izada al viento, el techo de tejas abrigando a las aulas y los árboles añosos que alguna vez planto Gonzalito, su histórico portero.

La escuela nació un 10 de abril de 1922 en una vivienda por entonces alquilada y al poco tiempo se iniciaron las gestiones para conseguir el edificio propio. Fue un 30 de abril de 1954 cuando se trasladó a su ubicación actual, cuya entrada es por calle Misiones y está delimitada por las calles circundantes que ocupan la totalidad de la manzana entre Planas, Don Bosco y Amancio Alcorta.

En el libro “Patrimonio Arquitectónico de la Ciudad de Neuquén” en el que se recopila la historia de las instituciones más destacas y significativas de la identidad de Neuquén como ciudad, la arquitecta Liliana Montes Le Fort dice al respecto: “La escuela con orientación “Norte-Sur, está constituida por el patio de juegos al exterior que es embaldosado y que posee algunas especies arbóreas que datan de la misma fecha de la construcción de la escuela".

"Construida con mampostería de ladrillo a la cal, revoques internos de los mismos materiales y techos de chapa de fibrocemento, cielorraso de metal desplegado, pisos de mosaico. Este edificio construido entre los años 1953 y 1954, responde a los proyectos que se denominaron en ese período “Escuelas Tipo”, ya que su planta y volumen se repitieron en diferentes partes del país como parte del Plan Quinquenal del Peronismo", agregó.

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El 16 de octubre por Decreto del Poder Ejecutivo se destinó la Manzana N°103, en el Barrio denominado “Bajo de Neuquén” del pueblo de Neuquén, del territorio del mismo nombre, con fines de utilidad pública. Siendo así que el Consejo Nacional de Educación determinó que fuera para la Escuela N° 61.

La Escuela 61 es una de las pocas escuelas que conserva intacta la estética de los establecimientos educativos realizados por la Fundación “Eva Perón”. Conserva en sus archivos históricos una carta de la mismísima Eva Duarte de Perón, Madrina de la Escuela, certificando su apoyo y financiación a la construcción del establecimiento.

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Por este establecimiento educativo han pasado maestras, maestros y directivos de inspiradas trayectorias cuyo recuerdo permanece en la memoria emotiva de muchísimas generaciones. Sólo por mencionar algunos podemos destacar al Director Enrique Bonnet, la Directora Díaz de Carreño, la Vicedirectora Ilse Neumann de Arges, a las maestras Gloria y Marta González Iomi, Lizzi, Serra, Angelotti, Susana Ascherri y la Srta Ebio.

Además, tenemos que mencionar al portero “Gonzalito” gracias a cuyo amoroso e histórico desempeño muchos conocen a la escuela, casi por su nombre “La Escuela de Gonzalito”. Héctor González "Gonzalito" nacido en “La Reforma” (Pcia. de La Pampa) llegó Neuquén en 1951 para trabajar en las chacras como jornalero. "Vine de la zona de La Reforma buscando trabajo porque en aquel entonces, la miseria nos corría para este lado, acá había más trabajo porque había muchas chacras. Incluso cuando entré a la escuela en el año 1958 continué trabajando medio día en la chacra y medio día en la escuela", cuenta su hija Edith González

Gonzalito solía comentar que en la escuela les hacía el mate cocido, los atendía a todos, ahí empezaron a decirle “Gonzalito” y cada vez que necesitaban algo empezaban "Gonzalito esto, Gonzalito lo otro". Era el mejor asador del mundo según otros testimonios que recuerdan a este hombre dedicado casi a pleno a la escuela y a sus alumnos haciendo las veces de cocinero, plomero, gasista, constructor y conteniendo a los chicos en las épocas en las pasaban en el establecimiento muchísimo tiempo y además de aprender podían tener acceso a un plato de comida, un trato cariñoso y alguna que otra necesidad de ropa o de calzado que Gonzalito solía gerenciar con prestancia. Edith González la hija de Gonzalito guarda bonitos recuerdos de su niñez y de su padre:

“Para muchos de esos chicos, la escuela era una segunda casa y Gonzalito y su familia, porque era toda la familia del querido portero la que colaboraba en la tarea, una segunda familia también. Héctor González iba a la escuela incluso los sábados para ocuparse de la bandera argentina que tanto amó. La dejaba lista para casa lunes en los que volvía acompañado de mi madre y de nosotros sus hijos.

Siendo muy chiquitos íbamos todos los sábados, caminando desde nuestro barrio a la escuela con toda la familia a acompañarlo a mi papá a arriar la bandera y dejar todo en orden. Mi papá iba a trabajar a la tarde a la escuela después de haber trabajado todo el día en las chacras. Yo era pequeña y recuerdo que mi papá se iba bien de madrugada tipo cuatro o cinco de la mañana. Pasaba tantas horas trabajando al sol que le quedaban las marcas del recolector y la camiseta que usaba en sus tareas.

Cuando mi papá se jubiló, en el año 2000, llegué al cargo de la dirección de la escuela. Él se jubilaba y yo ingresaba como directora. La gente de la escuela se alegró mucho porque nos conocía a toda la familia. Mi madre también ayudo siempre a papá, todos los recuerdan cuando andaban juntos de acá para allá atendiendo las múltiples tareas" comentó a LM Neuquén Edith González evocando emotivamente esa amable coincidencia del destino.

La Escuela 61 funcionó como refugio de los vecinos en todas las inundaciones que sufrió la ciudad de Neuquén. Durante el conflicto bélico con Chile por el Canal de Beagle, albergo tropas de reserva y se recuerda siempre la figura de Don Jaime de Nevares asistiendo a la Escuela para aportar tranquilidad y viendo por las necesidades de todos, era por otra parte muy amigo de Gonzalito con quién contaba como mano derecha cuando necesitaba cocinar para mucha gente.

En estos días próximos a las elecciones en los que nos toca concurrir para votar, cuando volvemos convocados por la democracia a las escuelas y nos preguntamos por la historia que encierran sus paredes. La Escuela 61 de Neuquén trasciende una cifra centenaria desde la que se proyecta a un futuro en el que la Educación Pública siga siendo un derecho para construir y brindar una y otra vez las respuestas que como sociedad más estamos necesitando.

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