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Sanna Marín, la primera ministra de 36 años de Finlandia, está siendo sometida a un verdadero escarnio, por no decir condena, en su país y en otros varios luego de que se difundieron videos en las que se la observa bailando “salvajemente”, tal como ella misma lo señaló este viernes.
Tras las sospechas de que en la fiesta se consumieron narcóticos, la funcionaria decidió hacerse un test de drogas cuyos resultados se conocerán la semana que viene.
Marín parece cargar con su condición de divertida, además de mujer, para ser blanco de la censura machirula que objeta su conducta. La juzgan por divertirse públicamente, no por otra cosa. Es que, presumiblemente, no ofrecería otros flancos para que le disparen.
En marzo, Finlandia fue elegido como “el país más feliz del mundo” por quinto año consecutivo, según la clasificación World Happiness Report (Informe sobre la felicidad mundial). El informe se basa en sondeos que preguntan a las personas por su sensación de felicidad y cruzan estas informaciones con datos del PBI, los niveles de libertad individual y la corrupción, entre otros.
El informe subraya que el país de paradisíacos bosques y lagos “es también conocido por el buen funcionamiento de los servicios públicos, las omnipresentes saunas, la confianza generalizada en la autoridad y los bajos niveles de delincuencia y desigualdad”.
Pero Marín es vapuleada por salir a bailar y divertirse con amigos, algo que, según ella mismo dijo antes de asumir el cargo, no dejaría de hacer. En Argentina, las fiestas en la Quinta de Olivos en pandemia, o los partidos de fútbol de jueces y fiscales con Mauricio Macri, se miden con otras varas.