El destino y la vida misma, en la que Dios es el protagonista indiscutible, atraviesa la existencia de las personas en el momento menos esperado y hasta muchas veces en las peores circunstancias. Parecen situaciones salidas de películas por la espectacularidad y por la gravedad de los capítulos que les toca vivenciar un milagro y sufrir al extremo.
Así es la historia del joven pampeano Alexis Giménez y el joven neuquino Daniel Valenzuela. Ambos jóvenes son los actores principales de un grave acontecimiento que se suscitó en las instalaciones del balneario municipal de Mariano Moreno apenas iniciado el mes de agosto del presente año.
Aquel día la fatalidad se hizo presente en un procedimiento que era habitual en el lugar: cargar un zeppelín con gas. En cuestión de segundos la normalidad se transformó en caos. Y ese caos se recuerda hoy a cuatro meses y es considerado un milagro de Navidad.
Es que el operario accidentado Alexis Giménez y el jornalizado municipal Daniel “Danito” Valenzuela tuvieron un reencuentro virtual después de cuatro cuatro meses de aquel momento que cambió sus vidas para siempre. Daniel fue el Ángel salvador del joven operario y gracias a LM Neuquén se pudieron conocer de manera virtual y ponerle nombre y apellido a esos rostros que solamente se vieron en esos momentos de angustia y dolor.
Un relato de angustia y esperanza
Alexis Giménez tiene 25 años, es oriundo de General Acha, La Pampa. “En la empresa hace seis años que estoy y estaba abocado a la zona cordillera con la distribución de gas”, dije en el inicio de su relato a este diario.
“Tuve el accidente el 2 de agosto de este año. En ese momento no me di cuenta de la gravedad de mi accidente hasta que me durmieron. Para mí fue un día dormido pero la realidad es que fueron 17 días donde no tenía señales de vida, donde me empezaron a fallar los riñones, el corazón y muchas fallas multiorgánicas a raíz de mis quemaduras de 50% y vías respiratorias”, expresó Alexis.
“El día que desperté no entendía nada. Veía a mi familia y no sabía responderles. Quería hablarles y decirles que estaba bien. Que no lloraran por mí y que solo me tomaran de la mano”, agregó.
Siguiendo su estremecedor relato dijo que “había pasado 17 días en coma y para mi solo fue un día. Después cada día me contaron de mis quemaduras. Entraba tres veces por semana al quirófano para curar heridas y también para realizar algunos injertos. Fue un proceso duro y doloroso pero tenía que salir de ahí por mis dos hijas y mi familia. Desde el día uno que desperté solo quise salir de ahí y lo logre de a poco”.
Alexis visiblemente conmovido contó que en ese proceso de querer salir adelante y de sobreponerse a esa dolorosa adversidad que le tocó atravesar pasó más de 30 veces por el quirófano.
El camino de la rehabilitación
Con la firme convicción de salir adelante en nombre de sus hijas y de su familia y luego de atravesar lo peor, Alexis inició el camino de su rehabilitación.
“Cada día que pasaba y que despertaba con ganas de seguir viviendo veía que mejoraba más hasta el punto que un día me levanté de la cama. Me costaba mantenerme en pie, me temblaba todo pero pensaba en mis hijas y mi familia y lo seguía intentando. Me acuerdo que una doctora se acercó a mí ese día me tocó y me dijo: Alexis no te dábamos más de cinco días de vida!. Al saber eso y todo lo que pasé me daban más ganas de salir de ahí y de no rendirme”, comenta el joven que no sale de su asombro.
Alexis agrega con la firmeza de la esperanza, sobre su recuperación: “Esto marcó mi vida. Creo que esta nueva oportunidad de vivir no me la quita nadie. El día que salí del Policlínico en Neuquén me encontré conmigo mismo. Ya no era el Alexis de antes, con marcas en la piel que van a estar ahí siempre pero nada ni nadie me va a sacar las ganas de vivir”.
Una frase premonitoria
Alexis no cree en las casualidades y apela a una frase que de alguna manera fue premonitoria. Sobre todo en eso de sobrellevar la adversidad. “Unos días antes de mi accidente había escrito una frase en unos de mis talonarios que me gustaría compartir porque me ayudó mucho a mi a salir adelante”.
La frase escrita en un papel madera, dice: “Creo que la vida es un regalo y no quiero desperdiciarlo. Nunca se sabe con lo que uno se va a encontrar. Se aprende a tomar la vida como viene porque valgo cada día”.
El joven sostuvo que esas palabras fueron un aliciente especial para juntar ganas para seguir viviendo, sin olvidar el amor incondicional de su familia y amigos.
“Me gustaría nombrar a mis hijas Alma Milagros y María Luz que son todo en mi vida y gracias a este accidente entendí que hay que vivir cada día como si fuera el último. Mi accidente fue el 2 de agosto y mi hija más chiquita cumplía los 6 al día siguiente. Fueron coincidencias muy dolorosas”, indica el hombre, visiblemente emoconado.
Agrega que “también me gustaría agradecer a mis hermanos Beto, Belén y Cristian Giménez y especialmente a mis amigos del laburo que también me di cuenta que son mi familia. Asimismo a todos los doctores y cirujanos del Policlínico porque en ese lugar volví a nacer y ahí está mi segunda familia ahora”.
La charla con su ángel salvador
El fin de semana y teléfonos de por medio, Alexis pudo mantener un diálogo con “Danito” Valenzuela que prácticamente fue su ángel de la guarda.
“Hoy le agradezco al diario por esta charla mantenida con Daniel. Él fue la última persona que vi y a la cual siempre tuve presente porque me ayudó en esos momentos tan duros. No sabía su nombre pero siempre contaba que un hombre me ayudó a sacarme la ropa y darme los primeros auxilios. Fue un momento de sentimientos encontrados. Solo me salió agradecerle porque no se que podría haber pasado sino estaba él ahí aquel día”, expresa Alexis.
Más adelante agrega que “con Daniel tuvimos una charla extensa donde nos presentamos. Él a su familia y sus hijas y yo por mi parte a mis hijas. Le conté como estoy ahora, que sigo en proceso de recuperación pero que estoy bien. La piel tarda un año en curarse pero vamos bien gracias a Dios”.
En los tramos finales de su contacto con LM Neuquén cuenta un deseo. “Me encantaría volver a ese lugar y saludar especialmente a Daniel. Gracias a él estoy con vida. Este encuentro virtual me ayudó mucho y ojalá la vida algún día nos permita poder juntarnos personalmente y anhelo de todo corazón que sea muy pronto”.
Daniel y su increíble acto heroico
Daniel Valenzuela, es nacido y criado en Mariano Moreno y todos lo conocen en el pueblo como Danito. Tiene 45 años y un matrimonio con tres hijas. Es una persona muy trabajadora y es muy apreciado. Se ha ganado la vida por todos los medios y siempre con su fe en Dios por delante. Desde hace un tiempo presta servicios en el balneario municipal de Mariano Moreno en el sector de mantenimiento. Quiso la vida, Dios y el universo que para fortuna de Alexis él estuviera en el momento y en lugar preciso. Así le cuenta a LM Neuquén lo sucedido el día que le salvó la vida a un joven trabajador.
“Nosotros veníamos pasando con mis compañeros por al lado del salón del balneario y estaba la manguera del camión como para cargar. Yo creo en Dios y es como que él me frena en esa situación porque yo tenía que ir a buscar un metro adentro. Ese día hacía mucho frío. Entonces mis compañeros pasan y yo me freno porque el metro lo tenía en el bolsillo del mameluco. Yo me frené y fueron dos segundos que vi una impresionante llamarada que venía por la manguera hacia mí. Yo creo que no hubo una explosión, solo que se consumió el gas que se habría fugado. Para mi hubo una pérdida de gas y por alguna razón eso se prendió fuego.
Yo salí corriendo a avisarle a mis compañeros porque tenía miedo de que explotara el camión. Me acordé que había dos compañeras en la cocina y también fui a avisarles para que salgan. El instinto mío fue volver a ver al operario, cuando volví, el chico salió prendido fuego, se venía sacando la ropa y gritando: “me prendo fuego, me voy a morir”. De lejos me gritaban que le eche agua pero yo les dije que no porque podía ser peor. Yo me acerque diciéndole que venga e intentando tranquilizarlo en todo momento. Él se sacó toda la ropa y se quedó en bóxer. Yo veía como se le arrollaba y se le caía la piel de los brazos y las piernas, nunca había visto algo así, estaba todo blanco. Fue una situación desesperante”
Siguiendo su relato Daniel contó que Alexis “me pasó su teléfono porque lo estaba llamando la empresa y me pedía que hablara porque él claramente no podía. Hablé con la empresa y me pedían que lo tranquilice y lo llevara al hospital. Lo lleve de la mano donde nosotros descansamos en el trabajo, lo deje ahí adentro porque era un día de mucho frío y pedí que llamen a la ambulancia. Le pedí que me dijera cómo cerrar la manguera porque sentía el olor a gas y él andaba solo. Yo fui y paré el camión porque estaba en marcha”.
Momentos de tensión y alarma
Daniel explica que en todo momento se mantuvo cerca de la situación y sobre todo cerca de Alexis, que en todo momento lo asistió en todo lo que pudo y en especial en la parte emocional. “Cuando llegó la ambulancia yo seguía calmandolo, como para decirle algo alentador, porque le había pasado algo muy doloroso. Él estaba hablando por teléfono con una chica que me pedía que lo llevara al hospital y también intenté tranquilizarla. Para mí algo heroico que hizo y que lo destaca como profesional es que Alexis, así como estaba, todo quemado, sin ropa, y descalzo, fue hasta el zepelín, sacó la manguera y la tiró. Llegó la ambulancia y antes de subir me pide que le lleve un bolso que tenía en el camión”.
Lo dramático de la situación se vivió a cada instante, según e relato de Daniel, “cuando abrieron las puertas de la ambulancia, las enfermeras y choferes se sorprendieron y se impresionaron mucho al verlo todo quemado. Después de eso yo no lo vi más. Fue una preocupación muy grande, cuando llegue a mi casa no caía de todo lo que había vivido. También cuando llegué a mi casa me enteré que se decía que uno de nosotros se había prendido fuego y todos estaban preocupados. No éramos nosotros, había sido el muchacho del gas. Eso no explotó, fue una llamarada. Ese día fui el único que activó, no sé qué me pasó ese día, tranquilamente podría haber entrado ahí y eso explotaba o también me podría haber quemado yo también. Fue una situación muy dolorosa y muy fea para mí, cuando llegué a mi casa mi señora me abrazó y yo me largue a llorar. No podía más con tanta presión vivida”.
Cuenta después que todo sucedió en cuestión de minutos que parecieron eternos: “Esto pasó en la mañana pero no recuerdo bien el horario. Desde el momento que pasó el accidente hasta que llegó la ambulancia deben haber pasado unos 10 minutos. El muchacho se la bancó, así como estaba fue y sacó la manguera evitando que todo pudiera ser una tragedia mayor. Si yo no hubiese estado, no sé qué hubiera pasado, no sé si otra persona hubiese actuado como actué yo. Mis compañeros me felicitaban por lo que había hecho. Yo simplemente les decía que había una persona, había que ayudarla, no podía dejarla que se queme”.
Respecto a estos minutos dramáticos relato algo que le quedó guardado en el alma para siempre. “Cuando agarre el teléfono me quedó la piel del chico en mis manos. Lloraba a los gritos y me pedía que lo llevara al hospital. No había medios de movilidad en ese momento y además mis compañeros estaban todos tildados hasta que llegaron la ambulancia y los bomberos".
Con respecto a la charla mantenida con Alexis, el trabajador municipal de Mariano Moreno menciona que “aquel día fui el único que le dio una mano. Seguramente él habría hecho lo mismo por mí. Cuando hablé con él por teléfono me emociono cuando me dijo que ya estaba bien, en recuperación pero que ya lo peor lo había pasado y que yo le había salvado la vida. Realmente es muy conmovedor que alguien te diga eso. Yo solo creo que fui un instrumento de Dios y que fue el que me puso en ese momento y en ese lugar para ayudarlo a Alexis. Yo soy muy creyente y creo que Dios fue mi guía y mi protector en cada minuto de ese terrible suceso”.