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Libros en un contenedor

Quien abandona libros en la calle deja alguno a la vista, del que se puede ver el título y el autor, para darle la última oportunidad de salvarse y encontrar a su nuevo lector.

Una foto en las redes sociales mostraba un contenedor ubicado sobre la calle Alderete de esta ciudad y en su interior cientos de libros. Amplié la imagen pero no pude distinguir bien de qué libros se habían desprendido. Un amigo, conocedor de que soy un apasionado de la literatura y sobre todo de los libros en papel, me envió el posteo. De inmediato pensé por qué arrojar esa cantidad de libros en un contenedor y no acercarlos a alguna biblioteca o colegio. La intriga me llevó hasta el contenedor (en el auto tenía una bolsa para llevarme el “botín literario”) pero al ver las tapas de esos gruesos volúmenes, la expectativa se desplomó. Nada interesante para mi amplio gusto literario porque se trataban de libros de medicina y radiología que dada su antigüedad y por una cuestión de espacio una clínica había decidido desprenderse de ese material. “Nada interesante” le advertí, a modo de consuelo, a una persona que se acercó también a curiosear esos volúmenes.

Como ávido lector o, lo que se denomina, “ratón de biblioteca”, siempre estoy atento a los libros que aparecen en contenedores o en cajas desplegadas en las calles con la intención del rescate de libros abandonados porque me he llegado a topar con libros o autores que no tenía y quería leer hasta enciclopedias enteras. Un ejemplo. Hace unos encontré en un cajón de madera decenas de fascículos de la emblemática colección “Capítulo: La historia de la literatura argentina” que publicada el Centro Editor de América Latina en los años ‘60 y ‘70 y que aún permanece en mi biblioteca.

Lo paradójico de esta actividad callejera-literaria es que quien abandona libros en la calle, por lo general, deja algún volumen a la vista de todos, seguramente para darles una última oportunidad de salvarse y llegar a ese nuevo lector.

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