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Luego de las declaraciones de rigor post triunfo del domingo por la noche, el flamante electo gobernador de la provincia, Rolando Figueroa, se llamó a silencio y comenzó a trabajar en la transición. Para diciembre falta mucho pero no tanto, si se tiene por delante el desafío de reemplazar a un partido provincial que lleva más de 60 años en el poder. Y ahí radica una de las claves de este período de transición. Figueroa no va a prescindir del MPN, por el contrario, se va a sostener en gran parte de su estructura. “Él es consciente que de esa forma se le va a garantizar gobernabilidad”, se analizó desde una fuente muy calificada del oficialismo.
Se sabe, además, que dentro de la planta política del Ejecutivo muchos votos fueron para el actual diputado nacional. A su vez, un sector no menor de dirigentes empenistas, enfrentados al sapagismo azul desde hace mucho tiempo, son parte esencial de este nuevo espacio llamado Comunidad. Es decir, el MPN será parte del próximo gobierno, aunque no gobierne.
En el medio, deberá trabajar el delicado equilibrio de hacer congeniar a las diferentes fuerzas políticas que lo apoyaron, en una Legislatura donde tendrá siete diputados de su riñón y otros seis que ingresaron como parte de las diferentes listas colectoras en apoyo a la fórmula que conformó con la intendenta de Plottier, Gloria Ruiz.
El otro escenario a atender será el nacional, donde el PRO apostó fuerte por Figueroa con un ojo en Vaca Muerta, a través de dirigentes de peso como Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta. Desde Buenos Aires el triunfo del ex MPN se tomó como propio y eso puede generar rispideces alrededor del armado de Figueroa (donde hay también peronistas), dependiendo de la postura y la dirección que éste le busque imprimir a su proyecto político y a su futuro gobierno.
La victoria que cosechó el domingo, además de histórica, lo ubicará a Figueroa en la necesidad de cumplir con ciertas expectativas de un electorado que pidió un cambio, y que castigó en las urnas a un MPN al que se le venía reclamando atender, fundamentalmente, lo social.
Ya se dijo, en más de una oportunidad, que los números de la macro economía en la provincia gozan de buena salud y las proyecciones son más alentadoras aún para los años que vienen, pero que la pobreza sigue golpeando con fuerza y que esas desigualdades representan, entre otras cuestiones, la cuenta pendiente que le quedó en el debe al MPN.
El triunfo de Figueroa se apoyó, entre otras cosas, en la promesa de encontrar un camino de resolución a esta problemática, como también el de mostrar una nueva forma de hacer política y de gestionar. No le será tarea fácil, en un contexto de divorcio entre la clase política y la sociedad.