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Vecinos de la ciudad, de localidades cercanas y turistas prefieren ir temprano a la orilla del río Limay o recorrer el paseo costero y evitar la masiva concurrencia de la tarde.
Llegan temprano, no tienen problema para elegir un lugar a la sombra de algún árbol o bajo el sol, ni tampoco deben huir de algún parlante que escupe música a todo volumen. Algunos lo hacen todos los días, otros vienen de hacer algún trámite en el centro de la ciudad, están también los que salieron del trabajo y los que prefieren venir a caminar o andar en bicicleta antes que encerrarse en un gimnasio. Eligen, prefieren y pueden disfrutar de la tranquilidad y de la naturaleza a la vera del majestuoso río Limay, escuchar sólo el canto de los pájaros y el sonido del agua que corre en esta parte del paseo costero.
Todas las mañanas, el balneario Río Grande como también ocurre en otros espacios que se extienden a la vera del río Limay, recibe a quienes quieren disfrutar de la paz acompañados de pura naturaleza.
Esta mañana de viernes, Ernesto y Rayén salieron con sus bicis desde su casa en el barrio Valentina Norte y al llegar al balneario, eligieron la sombra de uno de los árboles para compartir unos mates. “Paramos un ratito acá para ver el río, se disfruta mucho más que a la tarde porque ahora hay menos gente y no hace tanto calor”, advierte el joven. Ella comenta que todavía les queda hacer unos cuantos kilómetros pero decidieron sentarse y disfrutar antes de subirse a las bicis y seguir hasta Gatica. Cuentan que siempre hacen este recorrido cuando sus empleos se los permite.
“Hay que aprovechar esta tranquilidad y esta belleza”, dice Alejandra que junto a Mario llegaron cerca de las 9. “Es otro mundo, se disfruta el ruidito del agua, el aire de la mañana, la tranquilidad”, acota el hombre de 50 años que viste una camiseta de San Lorenzo. “Es una costumbre que tenemos de venir a tomar unos mates por a mañana”, dice la mujer y destaca la limpieza de todo el paseo.
También están quienes aprovechan el entorno para sumergirse en la lectura. Nadie puede discutir el placer veraniego de sentarse cómodamente en una reposera frente al río y con un buen libro entre las manos. Tener un libro y sumergirse en su lectura –sea una historia real o de ficción hasta de autoayuda y superación personal- es una experiencia única, que nos desconecta de los problemas, del trajín cotidiano, de las obligaciones, de los horarios, del celular. Sobre todo si complementamos esa lectura observando cada tanto el fluir del agua. Es el caso de Fernando que trabaja en un instituto terciario y este viernes llegó a las 8.30 se sentó en su reposera y arrancó con la lectura del libro “El duelo” de Gabriel Rolón. “En la semana trato de venir a la mañana porque trabajo por la tarde y a esta hora no hay ruido como la tarde cuando viene más gente, sobre todo jóvenes”, acota. Asegura que el entorno es ideal para leer autores como Rolón, “el ambiente, la naturaleza y un poco de psicoanálisis no viene nada mal”.
La temperatura a esta hora de la mañana no es agobiante por lo tanto es un buen momento para entregarse a los rayos de sol como lo hace una joven profesora que en los espacios libres que le quedan decide acercarse a la orilla del Limay, sacar su celular y ponerse al día con los mensajes y noticias. Con la misma intención de exponerse al sol llegó una mujer de 60 años que aprovechó el asueto administrativo: “Esto es divino, no hay palabras para describir lo que podemos disfrutar los neuquinos en este lugar: paz, tranquilidad, el ruidito del agua”. Dice que si tuviera más tiempo lo haría con más asiduidad pero “el trabajo es el trabajo”. Agrega que tomará sol por una hora más, antes de que comience a levantar la temperatura. “Si tengo mucho calor, me doy un chapuzón y listo”, advierte.
Jonatan se saca el casco, deja recostada la moto y explica que como tenía que hacer unos trámites en el centro aprovechó para pasar un tiempo a la orilla del río. “Mi pareja labura de día así que aproveché a venir, qué más pedir: río, relax y mate”, cuenta el joven que vive en Cipolletti y que también es un asiduo concurrente por la tarde.
Están también los que aprovechan la tranquilidad y la frescura que les otorga la mañana para caminar por el sendero y hacer actividad física o recorrerlo en bici. “Por la mañana vengo en bici y a la tardecita salgo a correr por acá también”, comenta una joven vecina del barrio Belgrano. Una pareja que viene caminando a paso rápido se detiene un momento para tomar agua y comentan que el recorrido del paseo costero lo hacen todas las mañanas. “Caminamos desde Gatica y todavía nos queda un buen trayecto porque vamos hasta el puente”, dice Danilo. “Después nos queda la tarde libre”, acota su mujer. “A esta hora se disfruta más porque hay menos gente, es más tranquilo, está más fresco”, explica el hombre de 60 años que se propuso “bajar la panza” para salir a correr porque se lo pidió el nieto. “Creo que le voy a cumplir el deseo a mi nieto, estoy a tiempo”, agrega con una sonrisa, se despiden y vuelven a retomar el andar.
Unos minutos antes de las 10, los guardavidas comienzan a desplegarse a lo largo de la costa para estar atentos y acudir ante cualquier situación que se presente en el agua. Por lo general, son pocas las personas que a esta hora ingresan al agua, acaso algún chico por eso les advierten cuáles son las zonas peligrosas por la corriente del río a las que recomiendan no ingresar. "A esta hora es tranquilo pero estamos atentos, especialmente por los chicos y jóvenes de las escuelitas de kayak que practican la actividad", explica Néstor que esta temporada de verano cumple 25 años como guardavidas.
Con asombro comenta que "es mucho el turismo que estamos viendo por estos días, vienen de todos lados tanto del país como Tucumán, Córdoba, Río Gallegos, como así también de otras partes del mundo, alemanes, rusos, norteamericanos que están de paso por la ciudad y después siguen hacia la cordillera o a Buenos Aires". El guardavidas cuenta que los turistas eligen pasear por las mañanas y disfrutar de la tranquilidad y el paisaje que les ofrece el paseo costero a la vera del Limay.
Uno de esos turistas que hacía alusión el guardavidas es Oscar, un pergaminense que llegó a la capital neuquina la noche anterior a bordo de una motorhome proveniente de la zona norte de la provincia. "Venimos recorriendo el norte, estuvimos en Varvarco, Chos Malal, fuimos a Zapala y con mi mujer nos propusimos venir a conocer Neuquén y la verdad que lo que hemos visto nos gusta mucho, estamos maravillados por la limpieza, el orden, la belleza de la ciudad", describe el hombre que no para de elogiar las localidades que ya visitó como la ciudad. "Me encantó", asegura y continúa su caminata.