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Benito Segura, el histórico enfermero de Neuquén, que atendió a miles de vecinos durante varias generaciones, falleció ayer a los 90 años.
Don Benito, como lo llamaban, trabajó en la profesión que tanto amaba durante 60 años y conoció a todos los que fueron protagonistas de aquellas batallas diarias para salvar vidas y frenar epidemias y brotes de enfermedades. A la par de reconocidos médicos que hicieron historia y otros enfermeros de la época, curó, puso inyecciones, extrajo sangre y hasta realizó pequeñas cirugías.
"Tengo la matrícula 2 de enfermero profesional", comentó con orgullo durante una entrevista concedida a LMNeuquén, en 2015.
En aquella oportunidad recordó que se graduó en Córdoba e inmediatamente regresó a la provincia para desempeñar la flamante profesión por la que había estudiado. Neuquén, por aquel entonces, todavía no había sido provincializada, por lo que las políticas y decisiones que se tomaban en el gobierno nacional siempre llegaban a destiempo y nunca alcanzaban. Pero como las ganas de trabajar eran tantas y las necesidades demasiadas, Benito comenzó a ofrecer sus servicios de enfermero. Así logró ingresar al hospital, luego pasó por el sanatorio que con el tiempo se convertiría en el Policlínico Neuquén y regresó una vez más al centro de salud de la calle Buenos Aires y Alderete.
Durante sus comienzos hubo dos brotes epidémicos que pusieron en jaque la salud de los neuquinos. Uno, el más grave, ocurrió en 1959. La tuberculosis, por aquel entonces, era una enfermedad grave que requería tratamientos urgentes. "Para combatirla se creó una delegación de lucha antituberculosa y se firmó un convenio entre el gobierno nacional y Unicef para hacer un relevamiento en todo el territorio", recordó.
Pero, para que el remedio fuera realmente efectivo, se contrató a un especialista que llegó desde Santa Fe y que posteriormente dejaría una fuerte impronta en la historia sanitaria. Era el doctor Enrique Zabert. Los servicios de Benito también fueron requeridos para tal fin, en todo el trabajo de laboratorio que se requería para atender aquellos 580 casos registrados de la enfermedad.
El otro brote grande que hubo que atender, en 1961, fue uno de sífilis. Por aquel entonces, el famoso Barrio Gris, ubicado en la zona del Bajo, reunía a un grupo de prostíbulos muy frecuentados, tanto por la gente de la ciudad como por los foráneos que andaban de paso. Esas intensas relaciones hicieron disparar rápidamente la cantidad de casos.
"Al hospital caían personas de todas las edades con los primeros signos de la sífilis y todos los días aparecían más casos", recuerda Benito. Por tal motivo, las autoridades provinciales decidieron atacar el problema de raíz: cerraron 55 prostíbulos y obligaron a las prostitutas que estaban infectadas a realizarse un tratamiento médico. El que fue contratado para colocar las inyecciones de penicilina fue Benito. "Tenían que concurrir una vez cada 15 días y luego una por mes. A la que no venía la iba a buscar la Policía", indicó.
La vida profesional de Benito se desarrolló al mismo ritmo que crecía la ciudad, trabajando en el sector público y privado. Llegó a tener 50 pacientes por día a los que visitaba en sus domicilios o los recibía en sus consultorios.
En 2014 el Concejo Deliberante de Neuquén lo declaró Vecino Destacado de la ciudad.