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Fue un faro para el periodismo disruptivo y de investigación. Lanata marcó a fuego a varias generaciones, pero también tuvo sus demonios y contradicciones.
Cuando el 14 de junio de 2024 Jorge Lanata quedó internado, supuse que era una de sus tantas recaídas. Nadie de su entorno pensaba que esa podía ser su última incursión en una clínica. En su departamento lo aguardaban los puchos, el encendedor, el cenicero, un café y sus proyectos.
En julio estaba previsto que volviera a realizar el programa PPT (Periodismo para todos). A fines de abril o principios de mayo de ese año, María Julia Oliván, quien laburó casi dos décadas con Lanata, me había contactado para hacer un informe sobre Vaca Muerta y la droga.
Le remití mis investigaciones de 12 años de trabajo, desde 2012 vengo contando el andamiaje narco de la provincia y en varias columnas la bauticé como "Vaca Narco".
La información y el título generó fascinación a María Julia que tiene el gen Lanata en la sangre. Avanzamos proyectando el desembarco en Neuquén, el recorrido por zonas críticas y algunas entrevistas.
Pero Lanata seguía internado, su salud se complicaba y todo se diluía. Al final, en septiembre terminamos grabando una entrevista para BorderPeriodismo el canal de YouTube que tiene María Julia Oliván.
Esa fue la segunda vez que estuve cerca de hacer algo para Lanata, anteriormente estuve a nada de trabajar en el diario Crítica, un medio genial que tuvo un final caótico.
Rescató estas breves incursiones cerca del mundo Lanata porque fue un periodista que marcó mi carrera con sus investigaciones exhaustivas, sus brillantes tapas en Página 12 y de las revistas que entre los 90 y principios de este siglo generaban impacto y marcaban agenda.
Ese accionar disruptivo de Lanata, más la admiración hacia Rodolfo Walsh, fueron un faro que me alentaron a volcarme al periodismo de investigación a principios de 2002. Un periodismo que cayó en desgracia hace años porque requiere de tiempo y las redacciones actuales, más preocupadas por el clickeo que por la calidad de la noticia, ya no están dispuestas a brindarlo.
Lanata fue un vanguardista, un defensor de la democracia y del periodismo, pero también tuvo sus demonios y contradicciones. Lanata era humano y como con el Diego hay que saber que se toma y que se deja.
Puede que me equivoque, pero en el actual escenario donde las redes tienen más poder que los medios, la muerte de Lanata marca la muerte de una forma de hacer periodismo. ¡Nada más queda!