La secretaria de Hacienda, Carola Pogliano, explicó cómo la Provincia logró reducir su deuda en más de 400 millones de dólares y alcanzar el superávit.
En tiempos donde la economía se volvió un terreno de disputa permanente, una pregunta atraviesa a la ciudadanía: ¿alcanza con ordenar las cuentas si los servicios no mejoran al mismo ritmo? El debate no es nuevo, pero en el contexto actual adquiere una dimensión distinta. En Neuquén, una provincia que crece por encima de la media nacional, esa tensión entre solidez fiscal y respuesta del Estado se vuelve cada vez más visible.
En diálogo con Carola Pogliano, secretaria de Hacienda y Finanzas de la provincia, la discusión se planteó sin rodeos: ordenar para redistribuir no es una consigna, es una decisión de gestión. Y los números, asegura, muestran resultados concretos.
Neuquén logró reducir su stock de deuda pública desde los 1.263 millones de dólares con los que asumió esta gestión a menos de 800 millones. En términos simples, la deuda pasó de representar el equivalente a dos masas salariales a una sola. Ese dato, que puede parecer abstracto, tiene una traducción directa: recursos que antes se iban en pagar intereses hoy pueden destinarse a obra pública y servicios esenciales.
La provincia también alcanzó superávit financiero y operativo por segundo año consecutivo y, por primera vez en más de una década, pagó aguinaldos con fondos propios. “No es menor —remarcó Pogliano en declaraciones a LU5— porque durante años se tomó deuda para cubrir gastos corrientes, generando un costo financiero cada vez mayor”.
Pero ordenar no es un ejercicio aislado. Neuquén enfrenta una presión estructural: crece en población, en actividad económica y en demanda de infraestructura. A ese crecimiento se suma una población flotante que trabaja en la provincia y utiliza sus servicios, aunque tribute y resida en otras jurisdicciones. El resultado es una necesidad de inversión que supera los 4.000 millones de dólares en infraestructura consolidada.
Rutas, energía, servicios básicos y conectividad aparecen como ejes centrales. En un contexto donde el Estado nacional se retiró del financiamiento de la obra pública, la provincia decidió asumir el desafío con recursos propios y financiamiento internacional planificado, sin recurrir a deuda para gastos cotidianos.
La volatilidad del precio del petróleo agrega complejidad. Más del 70% de los ingresos provinciales dependen de una variable externa e inestable. El barril pasó en poco tiempo de valores superiores a los 80 dólares a caer por debajo de los 60, para luego volver a subir. Esa incertidumbre obliga a una gestión financiera de corto plazo, con monitoreos constantes y revisiones trimestrales del presupuesto.
En ese escenario aparece otro debate sensible: los impuestos y la coparticipación. La revisión del impuesto inmobiliario buscó corregir distorsiones acumuladas durante más de una década. Hubo propiedades sobrevaluadas que bajaron su carga y otras que se ajustaron, siempre con topes para no castigar a contribuyentes cuyos ingresos no reflejan el valor inmobiliario del suelo que ocupan. El objetivo, sostiene la funcionaria, no fue recaudar más, sino distribuir de manera más equitativa.
A nivel nacional, el reclamo por la coparticipación del impuesto a los combustibles y la revisión del coeficiente de reparto sigue abierto. Neuquén creció en población y peso económico, pero esa realidad no se refleja en el esquema vigente. Es una discusión de fondo que excede a una provincia y que requiere consenso político en el Congreso.
Mientras tanto, la gestión provincial avanza con acuerdos de gobernanza con municipios y comisiones de fomento, exige austeridad y eficiencia, y acompaña con obras delegadas donde hace falta. El crecimiento desparejo de localidades como Añelo, la Confluencia o destinos turísticos de la cordillera plantea desafíos que no se resuelven de un día para otro.
Respecto al endeudamiento, Pogliano fue clara: las herramientas están disponibles, pero no se usan si no son necesarias. Neuquén cuenta con autorizaciones y líneas de crédito de organismos internacionales, pero la prioridad sigue siendo sostener la obra pública con fondos propios y preservar la solidez financiera. Emitir deuda no es un objetivo, es un recurso de respaldo ante eventuales desequilibrios.
En definitiva, Neuquén transita un equilibrio complejo. Ordenar las cuentas permitió liberar recursos, pero el desafío ahora es sostener ese orden en una provincia que no deja de crecer y que demanda más servicios, más infraestructura y más Estado. La solidez fiscal, en este contexto, no es un fin en sí mismo: es la condición necesaria para mejorar la calidad de vida.