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El Gobierno nacional avanza en su plan de ajuste contra "la casta". En el medio, siguen los enfrentamientos y la grieta que no desapareció.
Javier Milei acusa a Cristina Kirchner de aplicar una fórmula de aumento automático para el Poder Ejecutivo, pero que el decreto había sido derogado hace un mes. Y luego, nuevamente puesto en vigencia. Esto cuando el Presidente ya estaba ocupando el Sillón de Rivadavia. La sorpresiva suba salarial del 48 por ciento, como la acusación y la reacción entre los protagonistas citados, movió el arenero de las redes sociales del sábado. Y es que, por momentos, parecen caprichos de nenes de sala de 5 años, o aún más pequeños, pero resulta que es gente que decide el futuro de todos nosotros.
Otro momento de pelea se dio con el ex Salón de las Mujeres, hoy devenido a Salón de los Próceres, que, entre otros, tiene a Julio Argentino Roca, conocido por estas pampas por su campaña del Desierto, y a Carlos Saúl Menem, recordado por su plan de convertibilidad, pero también por dos atentados y la explosión en una fábrica militar, cuyas causas y consecuencias aún disparan muchas dudas.
Ni que hablar lo que fue el cruce por la marcha del 8M, que varios ningunearon, otros relativizaron y algunos directamente se olvidaron que el reclamo de miles de mujeres era contra la violencia machista, la misma que reflejó un hombre a quienes participaban de la movilización en San Martín de los Andes. Allí agredió verbal y físicamente a las mujeres que marchaban, tras lo cual se retiró a su casa, desde donde regresaba con una katana, vaya a saber con qué macabra intención.
Son tiempos donde la violencia está a flor de piel y la grieta no desapareció, sino que se incrementó entre los que no quieren perder sus derechos y los que luchan contra la casta, aunque todos los dardos sigan apuntando al pueblo, al que cada día le cuesta más llevar un plato de comida a la mesa.
“Hasta cuándo aguanta la gente”, es la pregunta que más se repite en los pasillos y que se hacen los analistas, luego de que observan que las encuestas siguen “bancando” a la política de máximo ajuste que promulga Milei. El consumo se frena, las tarifas suben y el aguante se resiste por dónde se lo vea.
Está el aguante de la casta que no quiere perder lo conseguido en las últimas tres décadas. El aguante de las provincias que también no quieren dar brazo partido en medio de las negociaciones en Casa Rosada y quieren seguir recibiendo subsidios.
El aguante de las empresas de servicios que reclaman que sus tarifas están retrasadas y necesitan ser actualizadas a cifras exorbitantes. Las petroleras y los estacioneros que reclaman que los precios de los combustibles están atrasados con respecto al valor internacional. El aguante de los padres que quieren ver a sus hijos en las aulas, pero no pueden por el paro docente. El aguante de los vecinos que piden por más seguridad, cansados de los robos. Y el aguante de los salarios, esos que no se mueven al ritmo de la realidad que vivimos a diario.