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¿Qué estabas haciendo en noviembre de 1997?

El 9 de noviembre, tres jóvenes cipoleñas salieron a caminar. Fueron encontradas muertas dos días después. El primer triple crimen de la ciudad partió la historia de la ciudad.

Estábamos cenando en casa, en ese entonces estaba Canal 7 de Neuquén y Canal 10, al menos en mi casa no teníamos cable, en una se corta transmisión y sale en pantalla un comunicado que habían desaparecido tres chicas que habían salido a caminar, mi vieja, nos miró y dijo: “es imposible que desaparezcan, algo les paso”, las miradas entre mis viejos no eran buenas, yo no quise comer, me fui a mi cuarto pensativa.

Al otro día tenía que ir al colegio temprano, tenía que levantarme hiper temprano ya que el bondi en mi barrio (Luis Piedra Buena), pasaba re temprano para ir hasta El Manzanar, era una vuelta literal por todo Cipolletti, le dije a mi vieja que me acompañe a la parada en la calle González Larrosa, nunca en mi vida le pedí a mi vieja eso, me maneje desde mis 9 años sola en la Linea 2 “La Cipoleña” para todos lados, pero esa mañana estaba asustada, me quede pensando lo que había visto en la tele.

Mi vieja, en el camino para acompañarme me dijo que le iba a prender una velita a la Virgencita de San Nicolás, para que aparezcan rápido las chicas, nos dimos un beso y me subí al cole.

En la trayectoria del camino, iban subiendo amigas que íbamos al mismo colegio, al CEM 35, y todas y todos hablábamos de Verónica, Paula y María Emilia.

En el aula sonaba una radio chiquita, esas de mano, clase de Inglés de la profe Cristina Castro.

Había más silencio de lo habitual, murmurábamos entre compañeras algunas cosas medias asustadas.

La profe nos chista para que nos callemos la boca, se pone la radio en su oreja y grita: "HIJOS DE PUTAS! HIJOS DE PUTAS! LAS MATARON!", se tira al piso y no paraba de llorar gritando: LAS MATARON!!!

cartel triple crimen.jpg

Muchas nos abrazamos y no parábamos de llorar, solo sé que sentí mucho miedo, asistiendo a la profe, Cristina había sido secuestrada en la dictadura, y gritaba que no podía pasar esto.

Nos hacen retirar del colegio, fuimos almorzar a la casa de Sandrita, habían patrulleros por todos lados, todos los negocios empezaron a cerrar y un silencio descomunal habitaba el pueblo.

Llame al fijo de mi casa y le dije llorando a mi vieja que tenía mucho miedo y que no vea la tele porque asqueaba lo que se decía, la morbosidad de Mauro Viale nos dejaba atónitas a nosotras con apenas 16 años.

Tenía que regresar a mi casa, lo hice caminando desde la calle Toschi hasta la Aramburu, la calle donde vivía, no entendía nada, había policías Boras por todos lados (los boras, eran policías entrenados para reprimir, era su única función y median 2 metros fácil), en la calle Naciones Unidas que en ese entonces era de piedra y había tipo un desagüe para un costado, me para una camioneta con 4 de ellos y me dijeron: “piba, anda a tu casa directo”, me daban miedo, porque ni las caras se les veía.

Llegue a casa, mi vieja lloraba un montón y me abrazo fuerte en silencio, mi cuerpo sintió por primera vez el silencio, ese silencio que hacia un ruido inmenso.

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