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Aunque los teléfonos celulares comenzaron a sumarse a la vida cotidiana como un objeto costoso que parecía reservado a los altos ejecutivos de las empresas, los avances tecnológicos permitieron democratizar su acceso hasta convertirlos en dispositivos omnipresentes en las aulas de escuelas primarias y secundarias. Al principio, su uso generó sospechas y prohibiciones por parte de directivos y docentes pero hoy, con su avance inexorable, los adultos terminaron por aprovechar las redes sociales como aliados para el proceso de enseñanza y aprendizaje en el aula.
Ya no hay forma de negarlo. Las redes sociales atraviesan la vida cotidiana de los adultos pero penetran con más agilidad en las mentes jóvenes, con mayor capacidad de adaptación a las tecnologías y un ritmo de aprendizaje que entiende a la perfección esa velocidad vertiginosa del mundo virtual. Se adaptan con extrema facilidad a los virales, los challenges y los trends, donde a veces buscan escapar de las reglas del mundo adulto y, otras veces, optan por sumar a padres y docentes para generar lazos cómplices.
Quienes navegan por redes pueden notarlo con algunos ejemplos concretos: los videos de Tik Tok de padres e hijos bailando con sus distintas fechas de nacimiento, las reacciones intergeneracionales a canciones de distintas épocas y, más recientemente, los reconocidos "ping pong con": una entrevista viral que empezó entre compañeros de colegio a punto de graduarse del secundario y que ahora sumó a los profesores.
Tampoco vale pecar de ingenuos. Existe una dimensión virtual que sigue siendo un refugio para las juventudes, que generación a generación renuevan sus estrategias para habitar un mundo sin adultos, donde ellos puedan reconocerse entre pares y fijar sus propias reglas. Ese universo busca ser inaccesible para los mayores, y lo consigue. Cuando los adultos llegaron a Facebook, los adolescentes migraron a Instagram y ahora que sus padres los siguen en esa red, se cambiaron a Tik Tok, en un espiral que no se detiene.
Hace algunos años, sumar a los docentes a esa lógicas de uso de las redes sociales parecía un desafío imposible. Los teléfonos celulares se veían solamente como un objeto de distracción para los adolescentes, que miraban su pantalla e ignoraban las propuestas tradicionales que persisten a fuerza de tiza y pizarrón. Ahora, todo cambió. Los mismos profesores son consumidores y productores de contenido en sus redes y, a veces, están más pendientes de la pantalla que los propios adolescentes. Así, el nuevo desafío no es alejar a los estudiantes de sus teléfonos sino encontrar la forma de que los conviertan en una herramienta educativa dentro del colegio.
"Cualquier soporte interactivo que privilegie la producción audiovisual, bien aprovechado, para cualquier persona que se dedica a la educación es una herramienta que nadie debería dejar de lado", expresó Santiago Rosa, un docente neuquino con larga trayectoria dictando la materia de Medios de Comunicación en colegios secundarios. Por su rol de periodista, no tuvo dificultades para adaptarse a las lógicas de producción y consumo de plataformas como Tik Tok y pronto llegaron los resultados: tejió lazos de complicidad con sus estudiantes, que esperan ansiosos por los videos del "profe Santi".
Si bien admitió que el uso de las redes sociales es instrumental y, cuando es mal usado, puede conllevar ciertos peligros para la integridad de los adolescentes, el docente explicó que las "infancias y las adolescencias tienen una tendencia a consumir todo a través de lo visual y de la imagen. No sólo a poder consumir sino a producir, eso los anima y los desafía a hacer cosas que para nosotros eran impensadas y que sólo se daban en la imaginación".
Ya no hace falta soñar con llegar a Hollywood y ser director de cine. Ahora, las herramientas están al alcance para explotar la creatividad y para cosechar reconocimiento. En ese escenario, el rol de los docentes es "aportar el andamiaje educativo que acompañe el uso de las redes sociales", según el análisis de Rosa. "Ellos ya tienen un manejo cotidiano del uso de estas tecnologías, las absorben con mucha facilidad y les enseñan a sus compañeros y -no me da vergüenza decirlo- nos enseñan también a los docentes", afirmó.
¿Se puede convertir a los celulares en aliados de la educación en lugar de elementos de distracción? El profesor lo explica así: "La manera de que no sea un elemento de distracción es una pauta del contrato pedagógico, cuando uno usa un mecanismo o acceso al dispositivo y se privilegia su uso educativo, comprenden la función y si se reglamenta y se regula, y se llegan a acuerdos, es una experiencia que muchas veces suple la falta de computadoras en el aula".
Rosa reconoció que los teléfonos todavía despiertan desconfianza en el mundo adulto, sobre todo a partir de la velocidad con las que proponen nuevas pautas de producción y consumo de información, no siempre regulada. "Todos en el fuero público demonizamos las redes sociales que consumimos y con las que interactuamos, el discurso moral existe sobre toda innovación tecnológica", dijo.
Marcia Labo, otra docente con experiencia en redes sociales, opinó que también existe "un doble discurso" entre los profesores con relación a las redes. Si bien se suele demonizar su uso en el aula por parte de los estudiantes, "cuando entrás a la sala de profesores, la mayoría está conectado", dijo. Así, los maestros son reguladores pero también consumidores de esos contenidos.
"Cuando se descubre la posibilidad de incorporarlo como una herramienta pedagógica, es algo que facilita el proceso de enseñanza y aprendizaje. No hay que abusar del recurso, la centralidad del aula no tiene que estar centrada en tecnología o en redes sociales; es un auxiliar más. En el aula se lee, se copia, se dicta, se lee en voz alta, se una pronunciación en sílabas, todas esas operaciones del pensamiento ayudan muchísimo", analizó Rosa.
Su colega, sin embargo, encontró otros puntos de desventaja: "De manera particular en cierto punto a veces me perjudica, ya que muchas de las actividades que realizaba con mis estudiantes que podían provocarles algún tipo de sorpresa, ahora me dicen ya lo vi en Tik Tok, y pierden interés, o problemas que les planteo que ahora ya vieron las respuestas en Tik Tok".
Santiago Rosa es uno de los docentes que logró adaptarse a esa dualidad. Las redes sociales son incluso un tema de su currícula como docente de Medios de Comunicación. Pero también insiste en la importancia de hacer que sus alumnos miren por el retrovisor para entender cómo se armaron las redacciones en los diarios de papel o cómo funciona la tradicional radio de amplitud modulada. Y asegura que es importante acompañar estos abordajes con una perspectiva desde las ciencias sociales, que abarquen las transformaciones culturales que propone cada formato.
Por eso, se convirtió en un usuario activo de las redes sociales, y se suma con rapidez a las tendencias más virales de Tik Tok. Hace coreografías con sus estudiantes en los pupitres, recorre los pasillos del colegio con las canciones de Rocky Balboa y también se sumó al ya famoso "ping pong con profes". A los 50 años, rompe las brechas etarias con sus alumnos para convertirse en un aliado que entiende las lógicas delo mundo digital pero no se aleja de su rol pedagógico para enseñar a usarlas con responsabilidad.
"En el caso del área de Medios de Comunicación estamos casi obligados a abordarlas e incorporarlas para no estar hablando como si estuviéramos hablando en lenguaje extranjero", dijo y agregó que, sin embargo, muchas redes proponen el aprendizaje permanente a través de la prueba y error, en lugar de los saberes enciclopedistas con más corroboraciones científicas.
"Las redes atraviesan la dinámica escolar, desconocerlas o negarlas es lo peor que podemos hacer", señaló Labo, quien consideró que es necesario hacer frente al asunto y no verlo como un fenómeno ajeno a la vida escolar.
En ese contexto, ¿cómo pueden los profesores aprender a usar las redes a su favor? "Existen muchas capacitaciones, pero el problemas de los docentes con las capacitaciones es que son muy costosas o bien se dan en un fin de semana que tenemos los días de descanso, como cualquier trabajador", dijo Rosa. "Además de que tendrían que ser gratuitas, tendríamos que tener como docentes la capacidad de tener horas para capacitarnos, pero hoy por hoy no podemos dejar de capacitarnos en eso, y toda la información que existe que incluso llegan desde youtubers o influencers. Para nosotros que tenemos poco tiempo, navegar en el océano de las redes a veces es una tarea un poco imposible", cerró.