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Sara Mansilla: "Jaime de Nevares fue nuestro paraguas protector"

Así definió la referente de derechos humanos el rol del entonces Obispo de Neuquén durante la dictadura. Los pedidos por las personas desaparecidas en medio del fuerte aparato represivo que se había instalado en la provincia.

“Soy una luchadora, lo fui y lo sigo siendo”, dice Sara Mansilla, histórica dirigente del gremio de los docentes de Neuquén, e integrante de la comisión directiva de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH).

Y no le falta razón. Inició su actividad política dentro de lo que fue el primero de los sindicatos de los maestros en la provincia a comienzos de los 70, en paralelo a su actividad dentro la APDH, donde trabajó en asistir a los familiares que buscaban saber sobre el destino de sus seres queridos, víctimas de la represión ilegal.

A 50 años del golpe cívico militar del 24 de marzo de 1976 y en una entrevista con LM Neuquén, Sara recordó esos años oscuros, evocó la figura de Don Jaime de Nevares y analizó el actual contexto político de la Argentina. “Se trata nuevamente de distorsionar, de crear un enemigo interno. Es peligroso porque hay una violencia que viene desde el poder”, advirtió.

- ¿Qué militancia política tenía previo al golpe de 1976?

- En Neuquén, en 1973 conformamos un gremio que se llamaba UDPRON, Unión de Docentes Provinciales de Neuquén. Existía la Asociación Nacional de Docentes Nacionales. Había, como ahora también, escuelas nacionales y provinciales. Los docentes éramos provinciales, no teníamos protección gremial para las gestiones y los reclamos colectivos. De manera que se fundó entonces UDPRON, impulsado por Jorge Salaburu, que fue después el primer secretario general de ATEN, y duró poco porque cuando se produjo el golpe del 76 prácticamente se disolvió.

Enterramos muchos libros que eran para nosotros, para mi marido, para mí y mi familia, lo más valioso. Entre ellos el libro de actas de UDPRON, de su fundación.

Esa noche del 24 de marzo los metimos en unos tambores, envueltos en trapos, con la ayuda de un vecino cavamos toda la noche al fondo de un galpón pequeño que teníamos, y ahí metimos en dos tambores todos llos libros y esa acta fundacional del gremio provincial que todavía la tengo. Está un poco amarillenta (se ríe) pero está.

- ¿Cuándo desenterraron esos libros?

- A los 7 años, con la vuelta de la democracia. Fue una fiesta en el barrio. No le habíamos contado a nadie, después trascendió cuando cayó la dictadura. Ahí se enteraron mis hijos y una de mis nietas tiempo después, que me preguntó si podía contar eso en la escuela.

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Sara, junto al libro "Seis Mujeres", que retrata la historia de víctimas de la dictadura en Neuquén.

- Volviendo a ese 24 de marzo del 76, ¿además de esconder los libros qué hicieron?

- Primero sacar a mis dos hijos de casa, porque teníamos miedo por nuestra actividad gremial. Se discutía mucho en Neuquén que ese gobierno democrático (por el de Isabel Perón) iba a durar poco, que en las fuerzas armadas había mucho malestar, entre comillas.

Yo después del golpe seguí trabajando porque era maestra, me había especializado en sordos e hipoacúsicos. Hacía años que era docente, más de 15, en la Escuela Especial número 3 de Neuquén, fui una de las fundadoras de esa institución, lo digo esto con orgullo porque además es mi vida, trabajé más de 30 años ahí. Pero a los pocos meses quedé cesante. La dictadura, como me había pasado en la otra dictadura de junio del 66 con Onganía, me dejó sin ese trabajo de docente.

Yo estudié paralelamente la carrera de asistente social, me recibí y ejercí, integrando a los chicos con discapacidades a escuelas comunes, era todo un trabajo interesante de inclusión pero me echaron. Ahí fueron muy solidarias las compañeras docentes, no era fácil conseguir empleo. Busqué trabajo como loca, vendí libros por los barrios y después conseguí trabajo en la comercial de Cipolletti.

Vivir con miedo

- ¿Cómo era su vida cotidiana en esos años?

- Viajaba todos los días cruzando el puente, nos hacían bajar del colectivo, nos pedían documentos, nos requisaban. Mi marido trabajaba en el Correo.

- ¿Cómo se organizó el trabajo de los organismos de derechos humanos en ese contexto tan peligroso?

- Muy difícil, mucha gente puso el cuerpo, yo no tenía mucho protagonismo al principio pero me fui animando con el tiempo. Don Jaime de Nevares era el paraguas protector, hacía las reuniones en el obispado. Decía: “hay que tener las puertas abiertas porque si alguien nos necesita debe saber que estamos acá”. Nos reuníamos todos los martes. En esas reuniones se recibía a los familiares que venían llorando, que contaban que se habían llevado a sus hijos. El no saber dónde está un hijo es lo más terrible que puede haber.

- ¿No temía por tu vida en ese momento?

- Sí, claro, a mi me vigilaban, por supuesto. Muchos de nosotros pertenecíamos a organismos donde investigábamos y acompañábamos a los familiares de la gente que había desaparecido. De ahí salió lo que después escribió Noemí Labrune, a la que hay que nombrar mil veces por la tarea que hizo. Ese libro tenía el prólogo de don Jaime, que la llamaba la Sherlock Holmes sin título, una fiscal sin título, donde se hizo una investigación de lo que fue la subzona 52 o 5.2, porque habían dividido al país en un plan sistematizado y organizado, y esa subzona era la de Patagonia.

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El pedido por los desaparecidos

- ¿Tuvieron algún contacto con algún represor en ese pedido por los desaparecidos?

- Sí, yo iba con una delegación de la ADPH al comando a pedir por algunos compañeros, y al solicitar una audiencia nos recibió Reinhold (ex Jefe de inteligencia del Comando de la Sexta Brigada).

Todos esos años fueron de reuniones, de búsqueda, de denuncia, los más duros de la organización, de estar horas trabajando, donde nos vinculamos con las abuelas y las madres en Buenos Aires. Cuando vino la delegación de la CIDH en el 79 llenamos un vagón entero de tren desde acá para viajar a Capital Federal.

- Dijo que De Nevares fue un paraguas protector para ustedes. ¿Cómo lo definiría, más allá de esta figura que hizo de él?

- Era un hombre de una lucidez intelectual y de una convicción increíble. A lo mejor fue también un poco formateado por el pueblo de Neuquén. Él venía de una familia acomodada de Buenos Aires, donde era importante tener un hijo militar o eclesiástico. Así que yo creo que Neuquén lo transformó.

Se abraza a las comunidades mapuches, recorre Neuquén, anduvo mucho por el norte, en Chos Malal, conoce a los loncos. Don Jaime fue alguien que yo lo admiré profundamente. Un cura, un obispo, del que nadie dudaría de su fe, pero que no tenía ningún reparo en ir a una ceremonia mapuche y compartir las características de esa ceremonia, de disfrutarla, de sentirse como ellos. Y con un compromiso extraordinario.

- ¿De ese viaje a Buenos Aires para reunirse con la CIDH obtienen alguna respuesta?

Sí, fue muy interesante porque había periodismo de todo el mundo. Toda esa actividad sirvió para dar a conocer al mundo lo que estaba pasando en la Argentina. Era una época en que se tapaba todo, con un aparato aceitado y orquestado de propaganda, que se dio con el Mundial 78 y el mundial juvenil 79. Toso mientras detenían, mataban, asesinaban y liberaban a los que consideraban que era conveniente hacerlo, porque les facilitaba la propagación del terror.

jaime de nevares

Jaime de Nevares acompañó la lucha de las Madres y organismos de Derechos Humanos.

"La democracia va a venir más temprano que tarde", la frase de De Nevares

- ¿Ya entrada la década del 80 la situación empezó a cambiar?

- No, siguió siendo complicada, pero sí muchos sectores fueron sumándose, animándose a participar de los organismos de derechos humanos. A don Jaime no le bastó con todo lo extraordinario que había hecho, sino que llamó a los docentes y nos sugirió en el año 81 que comenzáramos a organizarnos. “La Democracia va a venir más temprano que tarde”, nos decía. Nos pareció una locura, teníamos miedo. Pero en el 82, después de la guerra de Malvinas, se da una transformación interesante en el pueblo argentino y se empieza a generar un gran desprestigio de las Fuerzas Armadas. Todo eso empujó a que don Jaime nos vuelva a insistir con el tema. Nos reúne a todos los docentes y nos propone que nos empezamos a organizar como gremio. Y ahí fuimos los que habíamos estado en UDPRON, en aquel gremio de docentes provinciales del 73. Y decidimos llamarnos Trabajadores de la Educación. Fue todo un gran debate porque que en esos tiempos el maestro era un profesional, no un trabajador. Fue el nacimiento de ATEN.

Don Jaime nos presta las escuelas religiosas para reunirnos, después viene la Democracia y ahí empezamos a reconstruir el gremio y a colaborar con todas las organizaciones sociales.

Eso de la mano de exigir, junto con un pueblo argentino que empezaba a despertar, que acá había existido un plan sistemático de aniquilamiento del que pensaba distinto.

- ¿Y cómo ve hoy toda esa lucha a 50 años del golpe?

- Este es un momento muy complejo. Diez o quince años atrás hubiera sido distinta mi visión de las cosas. Hoy hay un gran retroceso. Tenemos grandes historiadores e investigadores en Neuquén y en Argentina que están viendo cómo ahora se trata nuevamente de distorsionar, de crear un enemigo interno de tal manera de volver a crear una metamorfosis de las mentes contra los peronistas, donde los kirchneristas son casi unos monstruos, los Kukas, como les dicen, los zurdos y hasta los gays. Es peligroso porque hay una violencia que viene desde el poder político, desde la máxima figura como es la del presidente.

Hay que estar atentos, y eso quiere decir que la gente se tiene que comprometer, que no debe tener temor a defender sus derechos. Y bueno…. en eso estamos.

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