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El ministro Sergio Massa sigue rascando la olla buscando divisas para que la actividad no continúe su derrotero bajista y se complique aún más el mercado cambiario.
Durante este año se espera que la economía termine con una caída del 4%. Esto anticipan los informes más optimistas. Mucho de la evolución de este número dependerá de como llegue el Gobierno a agosto y como encare la transición hasta diciembre.
El equipo de Hacienda insiste en focalizarse en las importaciones para que el Banco Central desacelere la fuga de sus reservas. No hay muchas ideas más, teniendo en cuenta las restricciones externas por divisas. Santiago Manoukian, economista de la consultora Eco Go, fue bastante categórico en este punto: “El desafío del Gobierno pasó de ser ahora no cómo acumular reservas sino cómo retenerlas”.
Datos oficiales señalan que durante abril se profundizaron las prórrogas de los pagos de las importaciones producto de la falta de dólares existentes en el sistema. Pese a ello, las primeras estimaciones aseguran que el déficit comercial durante el primer cuatrimestre del año se podría ubicar en torno a los 2.000 millones de dólares. Durante el mismo período del año pasado, la balanza había logrado un superávit de 2.800 millones de dólares. Esto refleja que la única vía genuina para captar divisas, los dólares que lograba el Gobierno hasta hace unos pocos meses del comercio exterior, también está vedada.
Pero inquieto como es el ministro Massa, rápidamente organizó una comitiva junto al presidente Fernández para reunirse esta semana con su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
Lula tiene una deuda moral con Alberto. Fue el único candidato a presidente latinoamericano que lo visitó en la cárcel, a mediados de julio de 2019. Teniendo en cuenta el déficit comercial que la Argentina con el vecino país, la apuesta de la comitiva era lograr el financiamiento de las importaciones argentinas a través de los banco brasileños. Pero para eso se necesitaban garantías, algo que no pudieron poner sobre la mesa los funcionarios argentinos.
No se sabe bien porque, pero Lula estuvo áspero con su amigo. “Alberto es un compañero que llegó bastante aprensivo y creo que va a volver más tranquilo. Es verdad, sin dinero, pero con mucha disposición política para encontrar una salida para Argentina”, dijo el presidente brasileño ante la prensa, luego del encuentro que mantuvieron en el Palacio Planalto. Mientras Lula oficializaba que no había fondos para la Argentina, Alberto solo atinaba a sonreír. “No fue un buen clima el que se vivió en Brasilia. Esperábamos alguna señal más potente del Gobierno brasileño. El déficit comercial bilateral acumulado llegó a 973 millones de dólares cuando, creciendo 60% respecto del año anterior. Ese déficit podría ser financiado...”, confió un asesor del titular de la cartera de Economía en dialogo con LMN.
Pero nos son todas malas noticias en esta semana que acaba de cerrar. Una de las buenas llegó de China. Durante el mes de abril Argentina autorizó operaciones de importaciones en yuanes por un equivalente a poco más de 1.000 millones de dólares. En cuanto a volumen, se trata de la mitad de lo que habitualmente se paga por las compras al país asiático en el mes. Este nuevo mecanismo, es parte del reciente acuerdo bilateral de usar el swap chino para cancelar de las importaciones.
La otra buena, es que el ministro Massa logró contener esta semana la corrida cambiaria que llevó al dólar paralelo a rozar los 500 pesos hace pocos días atrás. Toda esta semana corta, la divisa marginal se mantuvo en torno a los 470 pesos, pero con una fuerte intervención en el mercado de bonos y con la ayuda de las reservas del Banco Central. Esto tiene su costo en el mediano y largo plazo; el tiempo definirá si fue peor el remedio que la enfermedad.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) elaborado por el Banco Central, y presentado este vienes en forma oficial, estimó que el tipo de cambio oficial mayorista promedio alcanzará los 398,50 pesos por dólar a fin de diciembre de 2023. Se trata de una fuerte suba con respecto al pronóstico de 346,23 pesos del último informe. Esto indica que el mercado empeoró sus expectativas luego de la corrida cambiaria de fines de abril.
Es importante destacar que el dólar mayorista cerró este viernes a 226 pesos, por lo que los operadores proyectan que le queda por crecer a la divisa oficial hasta fin de año poco más de 172 pesos. De cumplirse esta proyección, la devaluación esperada sería del orden del 75% para los próximos ocho meses. Un dato no menor, y más aún, para aquellas empresas que se financiaron en el mercado local con títulos atados a la evolución de dólar linked.
Cabe recordar que el REM consiste en un seguimiento sistemático de los principales pronósticos macroeconómicos de corto y mediano plazo que habitualmente realizan analistas especializados, locales y extranjeros, sobre la evolución de variables seleccionadas de la economía argentina que recopila el Banco Central.
Del relevamiento también surge que los analistas prevén un precio del dólar de 862,50 pesos para diciembre de 2024. Aquí también se se nota una intensificación de la expectativa devaluatoria tras la llegada del nuevo Gobierno al poder, dado que en el anterior REM presentado la cifra prevista era de 693,61 pesos, hoy un valor 25% superior.
El otro dato que preocupante que proyectan los analistas es el de la inflación minorista. El último informe del REM señala en este punto que alcanzará el 126,4% acumulada durante 2023, una suba respecto del 110% que habían estimado el mes pasado. Asimismo, el informe resalta que el pronóstico de inflación para el mes pasado se ubicaría entre el 7,5% y 7,8%. Un número elevado que permite anticipar lo difícil que será para el equipo de Massa desacelerar los niveles de precios en los próximos meses.
En este complejo ambiente se percibe que la tregua con el mercado es frágil y puede volverse inestable, sobre todo porque hay dudas de que el Gobierno pueda sortear la falta de dólares hasta las elecciones de las PASO, sin empeorar aún más las condiciones socioeconómicas del país.