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Socios en la vida y la cocina: se conocieron en la "casa de la abuela" y hoy le rinden tributo con su local de comidas

Andrea Porma repasó el recorrido que hizo con Nico Senas hasta lograr abrir las puertas Sabores Nobles, en el lugar donde nació su historia de amor.

Al día de hoy no lo puede creer. Aunque lo visualizó y tenía la certeza de que se iba a concretar, ver su sueño hecho realidad -después de tanto camino andado-, le pone la piel de gallina e inunda sus ojos de lágrimas.

Horas de horno, recetas y preparativos; sin dormir. Mucho aprendizaje. Ritmos acelerados, apuestas, esfuerzos e inventiva encauzaron el transitar emprendedor y culinario de Andrea Porma y Nicolás Senas donde comenzó su historia de amor.

Hace unas semanas cortaron las cintas de la primera sucursal de su marca Sabores Nobles, un espacio de comidas, ubicado en Tucumán 215 de Neuquén Capital, en donde ofrecen su emblema, el "alto bife de chorizo", además de hamburguesas vegetarianas, o con varios medallones de pollo, vacuna y cerdo (alguna con carne desmechada y braseada) "a lo gourmet" y sandwiches "Bondi" en pan baguette "con tres pasajeros de albóndigas" y alternativas para acompañar "a gusto y piacere".

Años atrás, esa casa -aggiornada ahora para recibir comensales-, fue el escenario donde Andrea y Nico quedaron flechados. "Acá vivía la abuela Luci, de Nico. Yo era y sigo siendo amiga de sus primas y cuando regresé de estudiar en Córdoba ellas me invitaron a comer y ahí conocí a Nico y a todo el círculo familiar. Es re loco, porque luego descubrimos que nuestros abuelos, que eran jubilados de YPF, comían en la casa de la abuela Luci, así que se recontra conocían. Incluso mi mamá conocía la casa de la abuela Luci, muy loco", expresó Andrea emocionada.

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"La vida con Nico fue muy rápida. Lo conocí y a los tres meses nos casamos, buscamos un terreno y empezamos a hacer lo que es hoy nuestra casa en Plottier. Nosotros no somos de pensar mucho y meditar, vivimos el día. Es hoy, no sabemos qué va a pasar mañana, tenemos esta filosofía de vida", sostuvo con un ritmo y consistencia que dejan ver su espíritu arrollador, cargado de optimismo y convicción.

"Cuando nos casamos, cada uno tenía ya su profesión, pero siempre dijimos que íbamos a tener un proyecto gastronómico juntos. Yo soy profe de educación física y él trabaja en el BPN. Cocinábamos para amigos y siempre nos decían '¿por qué no se ponen algo?'", agregó al explicar cómo se encendió la mecha de su marca, Sabores Nobles.

Con el incentivo de los elogios, hace unos seis años ella comenzó a incursionar en el mundo de las viandas, mientras continuaba con sus actividades como docente en una escuela y su instituto de pilates. En paralelo, ambos ofrecían pernil y picadas para amigos y conocidos.

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"Yo estaba trabajando en un club, no se me dio un cargo importante y estábamos empezando a construir la casa, así que había que juntar plata por donde pudiéramos. Gracias a la recomendación de amigos, con las viandas llegué a la desarrolladora Gran Valle y a ellos les gustó muchísimo la calidad de nuestra propuesta. Así que nos pidieron que presentemos un proyecto para manejar el parador de Chocón Medio. Así que ahí empezamos a pensar en el nombre, el logotipo y planificamos para hacer intervenciones los fines de semana de verano hasta marzo. Ellos vieron cómo programamos todo, les interesó y arrancamos. Nosotros éramos amateur y pasamos a manejar un parador con servicio de mesa, mozo, sistema de comanda, en muy poco tiempo", destacó.

"Fue mucha adrenalina. Todos los viernes hacíamos la lista de compras y armábamos la cocina de todo un fin de semana. Muy temprano íbamos al Mercado Concentrador, dormíamos pocas horas y llevábamos toda la materia prima. Fue un esfuerzo enorme, el lunes no llegábamos a descansar porque continúabamos con nuestros trabajos habituales y yo con las viandas. Por suerte todo valió la pena. La devolución cuando terminó la temporada fue excelente, llevamos a tener un servicio de 120 cubiertos con menúes variados", postuló con orgullo. "En ese momento no cocinábamos con técnica, sino por gusto y pasión por la cocina. Íbamos probando, corrigiendo. Pero esa primera empapada gastronómica nos alzó a un nivel que nos estimuló para seguir adelante", expresó.

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En medio de esa vorágine, un conocido les envió la foto de un foodtruck con un mensaje que rezaba: "Esto es para ustedes. Está nuevo, tiene de todo y está a la venta". El bichito pegó tanto, que aún con el objetivo principal de construir su hogar, Andres y Nico agarraron el auto y fueron a Roca a conocer su "primer bebé".

"Estaba impecable y era un capital que estaba parado. Falta poco para el Mundial de Motrocross en Villa La Angostura, así que decidimos alquilarlo para probar y nos fuimos. En el camino nos pasaron 800 mil cosas, pero siempre nos encontramos con gente que te da una mano. Tardamos un montón en llegar y ahí nos enteramos que había que pagar un canon, así que nos pusimos afuera, al costado de una ruta. La gente nos preguntaba por qué no estábamos adentro. Regresamos con mucha mercadería, pero la experiencia fue fascinante", recordó.

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Tras ese capítulo, los costos para finalizar la casa se hicieron inalcanzables por lo que Andrea decidió pegar un volantazo para jugársela por su pasión culinaria. "Vendí mis camas de pilates para comprar el Foodtruck y el 50 por ciento que faltaba lo pagamos con trabajo. Establecimos cuotas por un plazo de nueve meses", contó.

Fiel a su concepción y a su historia de vida, no titubeó al tomar la decisión. "Nico siempre quiso estudiar para ser chef y yo también. Cuando terminé la secundaria mi madre me explicó que no podía pagarme una carrera privada. Me pidió que estudie en una institución pública y que al día de mañana cumpliera mi sueño. Eso fue lo que hice. Estudié Educación Física, aunque desde siempre me gustó la pastelería. He vendido 800 mil huevos de Pascua, tortas de cumpleaños, tarta de frutilla, trabajé de moza, ayudante de cocina. La cocina siempre fue mi refugio. Lo otro estaba dentro de mí, porque siempre fui muy sociable y me gusta la actividad física, pero no era 'la pasión'", diferenció.

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"Nosotros fuimos unos de los primeros foodtrucks que estuvieron en la Plaza de la Mujer. Fuimos los primeros antes de la Isla 132. Luego se fueron formando los otros patios. En los primeros tiempos, yo aún daba clases en la escuela y como no podía con todo, renuncié a la educación para dedicarme de lleno a esto. Siempre digo que colgué el silbato para ponerme el delantal de cocinera", manifestó con una sonrisa colmada de satisfacción.

"Fuimos creciendo y al tiempo pudimos comprar otro foodtruck más grande porque el primero nos quedaba chico. Sabores Nobles era 'alto bife de chorizo', con otras variantes con bondiola, tiradito de pollo y el sandwich vegetariano que fue un boom. En paralelo fuimos tomando cursos, leíamos para empaparnos en técnicas de braseado y panificación, por ejemplo. De esa manera, con el tiempo, fuimos tomando identidad gastronómica", indicó.

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Afortunadamente, la pandemia los agarró con su casa terminada. Tras la primera fase del aislamiento, Andrea tuvo revancha y comenzó a estudiar la carrera de Chef en Cocineros Patagónicos, con la mirada puesta en abrir su propio restaurante.

Mientras, despuntaba el vicio de ofrecer sus creaciones a conocidos de su barrio en el foodtruck que había quedado guardado por las restricciones sanitarias. Dos años y medio después, con el título de la tecnicatura en la mano, la casa de la abuela Luci apareció como posibilidad para concretar el ansiado local gastronómico.

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"Yo lo conocí a Nico en esta casa. Cuando las cosas tienen que ser son", reflexionó Andrea entre lágrimas. "Hace un año y dos meses que comenzaron con la obra de remodelación de la casa, que ahora estamos alquilando. Yo vendí mi vehículo, aún así no alcanzó. Fue toda una maroma a puro pulmón para hacer todo con todas las habilitaciones. Estábamos día y noche laburando, sacando escombros. Mucho sacrificio y el último tiempo fue mucha ayuda de amigos", resaltó con gratitud y la voz quebrada. "...y de la familia, porque estábamos agotados", agregó luego tras un suspiro para recuperar el aliento sin poder contener el llanto.

"La gente te ve que te rompes el lomo laburando por un sueño y nunca te dejan caer. Nosotros tenemos una frase que pusimos en Instagram, que es 'bajar los brazos nunca jamás'. Los últimos seis meses fueron muy duros como pareja porque se mezcla todo, no te alcanza la guita, no sabés de dónde sacar y seguir.. pero bueno... las puertas de Sabores Nobles se abrieron", sentenció desbordada de emoción.

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"Nuestra carta tiene propuestas súper caseras, estilo gourmet. Está totalmente involucrada con los sentimientos y los cimientos de Sabores Nobles. Está pensada para preguntar e interactuar. Nosotros queríamos abrir con algo novedoso, con algo divertido, con algo de innovación. Que la gente sienta que está yendo a un lugar distinto. Nosotros siempre buscamos tener algo más, diferente para sorprender a nuestros clientes", concluyó.

Ubicado en Tucumán 215, de Neuquén Capital, Sabores Nobles abre las puertas para comer en sus salas y patio cervecero de lunes a lunes, a partir de las 19. También funciona bajo la modalidad de pedido y retiro en el local. Próximamente Andrea y Nicolás sumarán un turno al mediodía con menúes y viandas. Además ya están planificando los "Domingos de bodegón", con propuestas fuera de la carta, más elaboradas.

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