Tiene 2 años y ya rescata animales: la historia de Alba, la proteccionista más pequeña de Neuquén

La pequeña nació en un seno familiar donde rescatar del maltrato y el abandono a perros y gatos es algo de todos los días y lo aprendió como algo natural.

Mientras muchos chicos de su edad aprenden los colores, juegan con bloques o empiezan a decir sus primeras palabras completas, Alba Pollio ya hace preguntas que conmueven a cualquier adulto: "¿Tiene sangre, abuelita?", "¿Está lastimado?", "¿Lo vamos a llevar al veterinario?".

Tiene apenas dos años y siete meses y vive en el barrio Terrazas de Neuquén junto a su mamá, Camila Pollio. Pero gran parte de sus tardes transcurren en la casa de sus abuelos maternos, Ivana Malaspina y Julio, donde los rescates de perros y gatos forman parte de la vida cotidiana.

Y ahí, entre animales asustados, traslados a veterinarias, hogares de tránsito y adopciones responsables, Alba se convirtió -sin proponérselo- en la proteccionista de animales más joven de Neuquén. Quizás también de la Argentina.

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“Ella nació viendo esto. Para ella es natural ayudar”, contó a LM Neuquén Ivana, su abuela, mientras intenta explicar algo que ni siquiera ella termina de comprender del todo: la sensibilidad extraordinaria que tiene la pequeña con los animales.

Rescates

Ivana es rescatista desde hace casi 17 años e integra Neuquén Adopciones junto a otras proteccionistas. Su historia personal también está atravesada por los animales.

Nació en Plaza Huincul, vivió en Rincón de los Sauces y llegó a Neuquén debido a problemas de salud. Fue durante esa etapa difícil cuando comenzó a involucrarse cada vez más con el rescate animal. “Siempre digo que una perra me rescató a mí”, aseguró.

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Habla de Juana, una bóxer blanca que encontró abandonada en el basural poco después de llegar a la capital neuquina. La perra necesitaba ayuda urgente y terminó viviendo seis años junto a la familia.

“Ella tuvo un proceso muy largo. Y el vínculo que se formó fue tremendo. Juana me conectó con personas que hoy son mis mejores amigas. Juana tenía un pronóstico de vida muy corto en ese momento y se quedó conmigo seis años”, recordó.

Aunque Alba nació tiempo después de la muerte de Juana, parece conocerla de toda la vida. Hace algunos meses viajaron juntas y, al ver la chapita de identificación de una bóxer blanca, la nena reaccionó inmediatamente.

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“Mirá abuelita hay que comprarle una a Juana que no tiene”, dijo. “Ella habla de Juana como si la hubiera conocido. Ve una bóxer blanca y la reconoce. Hay algo muy profundo ahí”, relató Ivana.

La conexión de Alba con los animales sorprende incluso a quienes conviven diariamente con ella. Cada mañana va al jardín y por las tardes acompaña a su abuela en distintas tareas vinculadas a los rescates.

Si hay que buscar un perro abandonado, ella prepara sus cosas. “Agarra un pañuelito, agua, galletitas y me dice: ‘Vamos a buscar un perrito’. Yo le explico que tal vez está enfermo o que lo tenemos que llevar al veterinario, y ella entiende todo”, relató.

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Hace pocos días, camino a buscar un gatito que había sido adoptado, Alba no dejó de preguntar durante todo el viaje.

“¿Tiene sangre?”, quería saber. Cuando Ivana le explicó que el animal estaba bien y que solo iban a buscarlo para llevarlo a su nuevo hogar, la pequeña sonrió aliviada.

“¡Ay qué bueno, abuelita!”, respondió feliz. La nena asiste al jardín Surquitos, en calle Jujuy de Neuquén, y su capacidad de hablar y expresarse llama la atención de todos.

“Nos asombra el entendimiento que tiene. Hace preguntas increíbles para su edad”, dijo su abuela. Pero donde más se nota esa sensibilidad es con los animales que llegan en tránsito a la familia. Porque no solo los acompaña, sino que los contiene, los calma y los transforma.

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Uno de los casos que más marcó a la familia ocurrió el 24 de diciembre pasado, cuando rescataron a una perra abandonada en la meseta neuquina. El animal estaba gravemente infectado, convulsionaba y tenía un cachorro muerto atrapado en el canal de parto.

“Fue desesperante”, recordó Ivana. La perra, a la que bautizaron Emma, sobrevivió tras dar a luz a 16 cachorros, aunque finalmente todos murieron.

Durante toda la recuperación, Alba acompañó diariamente a su abuela a la veterinaria. Emma estaba aterrada, enferma y no se dejaba tocar por casi nadie. Pero con Alba ocurrió algo diferente desde el primer día.

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“Ella le preparaba pedacitos de queso con la medicación. Emma solo se dejaba tocar por Alba”, contó. Con el tiempo, cuando la perra ya estaba recuperada y lista para ser dada en adopción, la familia empezó a sacarle fotos para buscarle un hogar. Entonces Alba habló:

“Yo la rescaté. Emma es mía. Yo soy su familia”, dijo. Y Emma se quedó.

Hoy convive con Alba, otra perra y una gatita. Y como ocurre con muchos animales rescatados que pasan por la casa, termina durmiendo junto a la pequeña.

Adopción responsable

“Los perros más miedosos se quedan pegados a ella. Duermen en su cama, ella les da yogur con alimento, les habla, los abraza. Tiene una conexión increíble”, aseguró con orgullo Ivana. No es el único caso.

Antes estuvo Lucas, un galgo rescatado que permaneció un tiempo en tránsito. Todas las noches dormía junto a Alba. Cuando finalmente consiguió una familia definitiva, ella se puso feliz.

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Porque, aunque tiene apenas dos años, parece entender algo fundamental: amar también es dejar ir.

En la familia Pollio-Malaspina el proteccionismo es casi una forma de vida. Todos están involucrados de alguna manera. Los hijos de Ivana tienen perros y gatos adoptados, colaboran con tránsitos y participan de los rescates. Pero aun así, aseguran que lo de Alba es especial. “Ella no ve casos. Ve amigos”, resumió su abuela.

La pequeña pide ver fotos de animales adoptados, pregunta constantemente cómo siguen y celebra cada recuperación. Muchas veces, mirando imágenes en el celular, lanza frases que derriten a cualquiera contó Ivana. “Abu, con esta foto te morís de amor”, le dijo un día y las lágrimas no tardaron en llegar.

Para su abuela, que convive diariamente con casos de abandono y el maltrato animal, el comportamiento de su nieta es algo totalmente diferente. "Ella representa la empatía aprendida desde la infancia. La compasión natural. La idea de que cuidar a otro ser vivo no debería ser una excepción, sino algo cotidiano", concluyó.

Tiene 2 años y ya rescata animales la historia de Alba, la proteccionista más pequeña de Neuquén

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