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Tito, el carismático cartero de Correo Argentino que tuvo su último día de trabajo

Oscar Cides se retiró luego de 43 años en el rubro, de los cuales 20 los transcurrió en la sucursal de la localidad de Mariano Moreno.

“Caminante, no hay camino, Se hace camino al andar” son las frases de la emblemática canción que suenan en la memoria de todas aquellas personas que viven y respiran trabajo. Más aún cuando desde el lugar que les toque ocupar se encargan de “transpirar la camiseta” y dejar una huella imborrable en la vida de las personas y de los pueblos.

Es el caso del cartero de Mariano Moreno que luego de transcurrir nada menos que 43 años de trayectoria laboral en el Correo Argentino, este viernes cumplió su último día de trabajo. Con una disimulada emoción y evitando quebrarse en todo momento y mientras despachaba una encomienda, el “embajador de las buenas y malas noticias” contó algo de su vida personal y profesional.

“Nací un 10 de octubre de 1958 en Zapala. Me pusieron de nombre Oscar Tito y mi apellido es Cides. Ingresé a trabajar en Correo Argentino en el año 1976 como contratado. Entraba por unos meses y salía. Así fue hasta el año 1980 cuando ya pasé a planta permanente y desde ese año hasta el día de hoy estoy en la empresa”, contó a LMNeuquén.

Con nostalgia, agregó: “Luego de 43 años y 3 meses de servicios me ha llegado la hora del retiro. Es un retiro por el momento ya que todavía no llega el momento de la jubilación. Me faltan unos meses para cumplir los 65 años para jubilarme definitivamente”. Con el espíritu laborioso aún intacto, Tito de igual manera eligió tomar el retiro ofrecido ya que sus expectativas de vida ahora pasan por otro lado. Llegó la hora de disfrutar de la familia. Hijos y nietos lo esperan.

oscar tito cides cartero correo argentino

El trabajo lo ayudó a sanar

Tito trabajó toda su vida. Muchas veces dio más de lo que sus obligaciones laborales le exigían. En Mariano Moreno se lo va a recordar siempre por su hombría de bien, por su amabilidad en la atención, por su preocupación constante para que el cliente estuviera satisfecho por el servicio de correo ya que siempre supo que en la localidad él era la cara visible de esa gran empresa. Esa responsabilidad laboral muchas veces le obligó a dejar de lado a su familia y ahora será el punto exacto para recuperar todos esos momentos perdidos. “Mi familia se compone de mis cuatro hijos: Norberto, Pamela, Leticia y Fernando. Comparto la vida con ellos y con mis siete nietos que es lo más lindo que me han dejado”.

A continuación relató una dura situación que fue un antes y un después en su vida y en la de su familia. “Yo ingresé a trabajar en Mariano Moreno al año de haber perdido a mi esposa Mercedes Arriagada. Fue muy lamentable porque era muy joven. Son cosas de la vida que nos tocan vivir y sobrellevar. Tuve que soportar el hecho de vivir sin ella y de tener que venir a trabajar a Mariano Moreno y dejar a mis hijos más chicos solos en casa”. A pesar de la dramática situación fue un optimista de la vida. “Gracias a Dios siempre hubo oportunidades y muchas formas de solucionar los problemas y que todo fuera para el bien de la familia y de mantener el trabajo y así poder mantenernos todos”, subrayó.

Toda la vida de cartero

El cartero del pueblo de Mariano Moreno, en las últimas dos décadas, está convencido que en la vida supo sembrar bien y que a partir de ahora será el momento de cosechar los frutos. “Hoy me cuesta creer y aceptar que es mi último día de trabajo. Me cuesta mucho dejar esto por las cosas que yo viví en Mariano Moreno y todos los años entregados al servicio de la gente. A todos los conozco y de todos soy un poco amigo. Voy a extrañar todo y a todos”, apuntó.

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"Toda la vida fui cartero y los últimos 20 años de trabajo los pasé en este pueblo. Yo siempre agradecí el trabajo que tenía en el correo. Por eso digo que mi vida fue el correo, del correo viví, del correo crecí, del correo progresé. Así que le debo todo lo que soy, no sé cuanto será pero todo se lo debo al correo”, reflexionó.

Tito también recordó su llegada a Mariano Moreno. “Yo ingresé a cargo de la sucursal de Mariano Moreno el 21 de abril de 2003. Desde aquel día hasta este momento he estado en este maravilloso lugar. Ya cumplí mi ciclo, así que me voy agradecido de toda la gente del pueblo por la atención y la amistad que me brindaron todos estos años. Espero encontrarlos a todos en mi otra etapa y que nos podamos seguir saludando como lo hemos hecho siempre. Les deseo lo mejor para esta localidad. La voy a seguir visitando siempre porque es un pueblo agradable y de buena gente”.

El “Patoruzú” del pueblo y el sueño del edificio propio

En aquel 2003, en su primera etapa en Mariano Moreno, le tocó en suerte darle un fuerte empujón al prestigio de la sucursal y además tuvo que ser el jefe y el empleado al mismo tiempo.

“Los primeros 9 años me tocó trabajar solo en la oficina. Todas las mañanas abría el local, hacía facturas de la correspondencia, clasificaba y repartía cartas y boletas Siempre dije que fui el “Patoruzú de Mariano Moreno” para el Correo Argentino. Tenía que hacer absolutamente todo”, recordó, con una sonrisa.

Añadió que “por suerte después ingresó el compañero José Luis Espinoza y fue un alivio importante en el tema de la distribución”. En ese mismo sentido, Tito ponderó el ingreso de nuevos empleados. “Los años para mí fueron pasando y llegó sangre joven así que me pudieron relevar en algunas de mis tareas. Ahora está Kevin Espinoza que con sus 26 años y con 3 años de experiencia dentro del correo tiene muchas cualidades para seguir en la empresa”.

A Tito también se lo va a recordar porque alguna vez empezó una lucha para que el correo tuviera un edificio propio dentro del pueblo, ya que hasta hoy ocupa un local prestado y corresponde a una construcción de adobe que tiene más de 60 años.

“Alguna vez soñé con un edificio nuevo para el Correo. Tuve la oportunidad en el gobierno del ex intendente Juan Carlos Valenzuela, quien me ofreció públicamente un terreno para hacer el edificio y en ese momento hubo gente que extrañamente intervino y truncaron todo ese deseo para Mariano Moreno. Yo lo que pedía era más que nada la amplitud de la oficina para la comodidad del trabajo y un baño propio y una pequeña cocina”, manifestó.

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En la parte final se lamentó por esa oportunidad que quedó en la nada y que en todos los años pasó muchas penurias por no contar con estas dependencias propias. “Siempre me las rebusqué para superar todas estas carencias y para realizar mi trabajo de la mejor manera. Ese sueño seguramente otras personas lo seguirán y algún día se hará realidad. Me voy satisfecho por todo lo realizado”.

Para despedirse, contó una anécdota sucedida en las primeras horas de la mañana de su último día de trabajo. “Uno de mis hijos hoy a la mañana me dice: “Viejito, hasta el día que dejás vas a ir a trabajar. Le respondí: y sí!! Es así el trabajo. El trabajo es hasta que se termina. Cuando te dicen que tenés que dejar y a mi me llegó el momento hoy y bueno me estoy yendo con mucho orgullo y satisfacción”.

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