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Hace un poco más de una semana, en las redes sociales se pudo ver una tierna y amorosa foto en blanco y negro de Guillermo Vilas –de perfil- besando a Phiang Khumueang, su esposa tailandesa y madre de sus cuatro hijos. La imagen fue acompañada por un emoji de corazón y reflejaba el avance de la enfermedad neurológica que sufre el creador de la “Gran Willy”.
Una imagen que duele pero que es la realidad de este hombre de 70 años que, sin duda, creó un deporte en nuestro país, más allá que el tenis –o algo similar- ya se jugaba en el siglo XVI. La enfermedad que padece el ex tenista –confirmada en 2020- hace más evidente el deterioro cognitivo de quien cambió el concepto del tenis en la Argentina. Entre los miles de comentarios de los seguidores que le expresaron su admiración se destacaba uno: “Guillermo, siempre estás en cada argentino que sale a jugar al tenis”.
A mediados de los oscuros años ‘70 y comienzo de los ‘80, Vilas generó una verdadera revolución, sus éxitos sobre las canchas de polvo de ladrillo generaron que ese deporte de élite se convirtiera en popular, que 2 millones de personas se volcaran a jugar al tenis, que usáramos vincha y muñequera y lo imitáramos soplándonos los dedos antes de hacer un saque.
Un poeta de la zurda –como Maradona y Messi-, el número 1 a pesar de un ranking de la ATP que no lo reconoce (un acto de injusticia). Los imposibles lo motivaron en su carrera deportiva y en su vida, un guerrero apasionado dispuesto a todo para alcanzar los grandes objetivos. Prácticamente no dejó récord por vulnerar. Ganó 62 torneos de ATP, de los cuales 4 fueron Grand Slam.
Todos éramos (o queríamos ser) Vilas. Hoy todos somos Vilas.