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"Tono" Sarquis y la historia del boliche turco que marcó rumbos en Zapala

Antonio "Tono" Sarquis, con sus 73 años, hoy es la voz de aquel emblemático Almacén de Ramos Generales que supieron establecer sus ancestros libaneses.

La historia de los pueblos siempre se escribió con propios y extraños. De esa mancomunión de culturas, credos y voluntades se forjaron comunidades que cobijaron y atesoraron a todos. Zapala fue una de esas cunas que albergó a hombres y mujeres sin ninguna distinción. Llegaron inmigrantes de otros continentes para buscar un nuevo norte en sus propias vidas y en la de sus familias y, con los años, las colectividades supieron marcar rumbos. Los Sarquis, provenientes de El Líbano, fueron una de esas familias que acompañaron el porvenir de esta ciudad desde aquellos tiempos en los que faltaba de todo y no sobraba nada. Antonio “Tono” Sarquis es hijo y nieto de aquellos foráneos que, junto a tantos otros, conformaron la columna vertebral del crecimiento de la ciudad del viento.

Los Sarquis llegan a Zapala

Desde comienzos del siglo pasado hay un fuerte derrotero de la comunidad sirio libanesa en la Patagonia neuquina y, en especial, en la joven ciudad de Zapala que recién comenzaba a poblarse y que tuvo un crecimiento exponencial a partir de la llegada del tren en el año 1913.

La familia Sarquis marcó una fuerte impronta en materia comercial, social y cultural. La punta de lanza de estos próceres inmigrantes fueron su abuelo Antonio y su padre Fuad (nacido en Jounie, el 9 de enero de 1904), quienes arribaron a Zapala desde el Líbano el 11 de octubre de 1920 con muchas ilusiones y sueños debajo del brazo.

Desandando un poco la historia familiar, “Tono” recuerda: “Mi abuelo Antonio llegó por primera vez a Buenos Aires en 1890. Se inició como mercachifle para después abrir una mercería en la esquina de Reconquista y Córdoba donde ahora está el Hotel Lancaster, un hotel muy antiguo de estilo victoriano”. Agrega que “en ese local importaban desde Francia mercería y con una red de mercachifles vendían por la ciudad y por la zona rural de Buenos Aires”.

Antonio regresa al Líbano en 1900 y contrae matrimonio con María Chehab. “Mi abuela era de una familia muy importante en el Líbano. Los Chehab eran príncipes en esas tierras”, cuenta sobre Tono sobre el linaje de sus orígenes. Antonio vuelve a nuestro país en 1906 y después regresa una vez más al Líbano en 1909. De su matrimonio nacieron once hijos, de los cuales seis murieron en el parto o a corta edad.

“Mi abuelo vuelve a la Argentina en 1920 y lo hace en compañía de mi padre Fuad, el cual tendría entonces entre 15 y 16 años de edad. Cuando le preguntaron porque había regresado mi abuelo respondió con total simpleza y sinceridad: “porque la Argentina es el mejor país”, señala. Luego de una corta vida comercial en la gran ciudad emprenden su travesía a tierras neuquinas.

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“Zapala los ve aparecer por primera vez el 11 de octubre de 1920 y se hospedan en el viejo hotel Cataluña. Aquí son recibidos por Jesús Mehanna, un pariente de las tierras libanesas que ya tenía un negocio en lo que es hoy Ejército Argentino y Roca”, cuenta Tono.

El mítico almacén de Ramos Generales

Los Sarquis apenas llegados a Zapala comenzaron a mostrar su espíritu emprendedor. Es así que prontamente lograron adquirir una propiedad, en la actual calle Roca al 52 donde se ubica la verdulería El Paco. “El negocio Sarquis era como se dice un “boliche turco” ya que ahí se vendía de todo. Era como un supermercado de ahora ya que tenían de todo”, relató. Al respecto comentó que aquel negocio familiar tuvo sus puertas abiertas durante 75 años. Supieron consolidarse como uno de los más fuertes acopiadores de frutos del país, lana, pelo y cuero, con gran venta de comestibles y artículos de tienda y para animales.

“Hasta se vendían instrumentos musicales como acordeones, guitarras, armónicas y vitrolas y más de una vez se hicieron fiestas para probar aquellos instrumentos”, recordó entre risas. Tono mencionó que Sarquis marcó una impronta de época ya que la gente podía usar lo que tenía o producía para poder vivir a través del trueque, le alcanzaba para comer y vestirse. Eran otros tiempos”, dijo.

Repasando la historia comercial dijo que “también era como una estafeta postal. Un cajón donde venían los clavos de herrar caballos funcionaba como buzón. Hasta un total de 50 cartas llegaron a haber. Los remitentes de los sobres decían Boliche Fuad Sarquis para entregar a tal o cual persona. Muchas de esas cartas provenían de las direcciones de tierras y de agricultura de aquellos años. Esperábamos que el dueño de la carta viniera a comprar y le hacíamos entrega de su correspondencia”.

Asimismo, recordó que el boliche supo funcionar como Farmacia también ya que se encontraban a la venta distintas medicaciones para algunas dolencias. “A veces se enfermaba la gente en el campo y había que ir a buscarlos y traerlos hasta el hospital. Recuerdo que un señor llamado Eulogio Parra murió en una de las habitaciones que había detrás del negocio. Vino con su señora y se quedaban ahí para después ir al hospital. El lugar no tenía grandes comodidades pero tenían un techo y una estufa hogar con una pequeña cocina. El piso era de tierra y ellos dormían en sus recados”, señaló.

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Al respecto, Tono contó que al comercio venía mucha gente del campo con sus caballos o con sus carros con bueyes y después de hacer sus compras usaban esas habitaciones para descansar y reponer fuerzas para emprender el regreso a su casa en las primeras horas del día siguiente. Respecto a la precariedad de los primeros tiempos dijo que “es difícil entender hoy como mi abuelo cambió una vida de lujos en su Líbano natal para lanzarse a una aventura donde no había nada. Cuando ellos llegaron y compraron el local comercial mi abuelo ponía dos cajones y una tabla y arriba ponía el colchón para dormir y mi papá lo hacía arriba del mostrador. Más de una vez se cayó. Las paredes eran de adobe, el piso de tierra y el techo de chapas destartaladas”.

Las épocas de gloria y el ocaso

El almacén de ramos generales Sarquis marcó un tiempo en la vida de todos los zapalinos, en todos los neuquinos y hasta en los vecinos chilenos que venían a proveerse de mercadería tras largos días de viaje. Y la fórmula fue tan simple como eficaz: había de todo en su solo lugar. Primero fueron el abuelo Antonio, después el padre Fuad y a continuación, Tono.

“Al frente del negocio siempre estuvo mi padre. Permaneció abierto hasta los primeros meses del año 1995”. Apenas dos años antes el gran Fuad Sarquis había fallecido y en la memoria de todos quedó para siempre la imagen de este gran comerciante sentado en su negocio de traje y corbata, ya que una mala praxis le había dejado inmóvil una pierna. “Era una persona muy pulcra, educada y respetuosa de sus clientes y de sus empleados. Muchos de ellos hoy lo recuerdan con cariño y ello me enorgullece y me llena de alegría” dijo con emoción Tono.

Sobre los orígenes de los Sarquis, contó que a todo su movimiento comercial le agregaron la venta de animales en pie que los enviaban a consignatarios de Bahía Blanca y Buenos Aires. Es así que Fuad comenzó a visitar los campos y a comprar los animales y los traía de arreo hasta Zapala. Es increíble imaginar que un inmigrante libanés se transformó por muchos años en un trashumante neuquino que atravesó los campos para proveer de corderos a comerciantes de las grandes ciudades. Ruca Choroy y Aluminé fueron los destinos más visitados en aquellas memorables compras de ganado ovino. En uno de esos tantos viajes a Buenos Aires en 1923 falleció Antonio. “Al tiempo llegan a Zapala mi abuela y mis tíos Alfredo, Souraya y Eveline”, relató Tono.

El hijo de Fuad contó además que él comenzó a trabajar en el negocio familiar siendo muy jovencito y que estuvo hasta el último día. Sobre el comienzo del fin del emblemático comercio zapalino, Tono contó que “mi papá tuvo una enfermedad muy complicada por algo más de 19 años. Constantes gastos médicos y periódicos tratamientos en Buenos Aires demandaron una fuerte inversión y el negocio se fue achicando hasta que llegó un momento que no había mercadería. El cambio de hábito de la gente y el crecimiento comercial impactaron también negativamente”.

Asimismo reflexionó que “mi viejo no iba al ritmo de la modernidad por su manera de ser y quedó un poco atado al pasado. Quizás nos quedamos en el tiempo y no nos aggiornamos en el momento indicado”. Sin embargo ponderó que el negocio en el contexto de la historia de Zapala marcó rumbos. “Los clientes hoy, niños en aquella época, recuerdan cuando en el negocio se les regalaba masitas y caramelos así como las clásicas “yapas” que se daban en cada compra realizada”.

La historia de Tono

La historia personal de Antonio “Tono” Sarquis indica que nació el 5 de abril de 1949 y que tiene un hermano 17 años menor llamado Juan Carlos, que es martillero público en la ciudad. “Mi papá vuelve al Líbano con intenciones de quedarse allá en el año 1947 y allá se enamora de mi mamá Wadad Richa (nacida un 4 de septiembre de 1928). Ella era una mujer joven y muy atractiva. Vuelven juntos a Argentina y mi madre venía embarazada de mí. Yo nací en el negocio y el parto lo atendió el recordado doctor Carlos Burdes, quien por muchos años fue mi médico”, relató.

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Después señaló que “hice mi escuela primaria en la vieja escuela de Frontera 1 hasta quinto grado, después me fui a estudiar al colegio Euskal Echea en Lavallol en la provincia de Buenos Aires. Al tiempo regresé y terminé mis estudios en una escuela nocturna que funcionaba en la misma Escuela 1”. Tono recordó que mientras estudiaba ya se había incorporado al negocio familiar. “Trabajaba de igual a igual con los empleados. No había privilegios por ser el hijo del dueño”, agregó.

Un amor de película

La vida de Tono transcurrió en medio de la rutina comercial hasta que un 5 de mayo de 1975 conoció al amor de su vida. Olga Leticia Poblete, nacida un 7 de noviembre de 1941 en Pucón (Chile), se transforma en su esposa un 17 de diciembre de 1976. Fruto de la relación tuvieron dos hijas: María Rosa y Wadad Yamile del Carmen. “Son nuestros dos luceros y cada día le damos gracias a Dios por ellas que nos iluminan y nos protegen todo el tiempo. Nos han devuelto con creces todo lo que en algún momento hicimos por ellas”, contó con emoción.

Sobre su noviazgo y matrimonio contó que “fue un amor prohibido”. Las creencias y las tradiciones de Fuad eran inquebrantables. “Antes de casarme me echaron de mi casa y el día de la unión matrimonial no había nadie de mi familia, todos se habían ido a Buenos Aires. Ni padrino tuvimos”. Así y todo la relación comercial entre padre e hijo siguió de manera normal, no así la familiar. Tuvieron que pasar 8 años para que su esposa Olga comenzara a ser aceptada por la familia Sarquis.

Así lo contó: “Cierto día viene mi padre a buscarme y mi señora estaba en mi casa. Él pasó por el frente y no la saludó. Yo le reclamé porque no la había saludado y me dijo “para mí su señora no existe” y yo le contesté “esa señora está casada con su hijo que es sangre de su sangre”. Siguió contando que “pasó el tiempo y el día anterior a su cumpleaños me dice: “avísele a su señora que venga a mi cumpleaños”.

Desde ese momento comenzó la relación entre mi papá y mi señora y sentí una alegría inexplicable porque entendí que había triunfado el amor y tanto es así que hoy ya llevamos 46 años de casados”. Al respecto, Olga dijo que “nunca guardé rencor por esos años de no aceptación. Mi madre en Chile siempre hacía tortas de novias, así que para el cumpleaños de mi suegro hice mi primera torta y se la llevé como regalo”.

Agregó que “la verdad es que después nos llevamos muy bien y hasta trabajé en el negocio y cuando estuvo enfermo fui su enfermera y permanecí con él en los momentos más bravos. En una oportunidad, y que aún me conmueve al recordarlo, me dijo: “usted es la hija que siempre quise tener”. Esa frase dejó muy atrás aquellas reticencias por el choque cultural que los había alejado.

La feria de las colectividades

Los saberes, los sabores, los usos, costumbres y tradiciones de las distintas culturas del mundo en un solo lugar. Así de simple y sencillo se podría definir a la Feria de los Inmigrantes y las Colectividades (FIC) de la ciudad de Zapala que, luego de 14 ediciones, se ha transformado en un baluarte de la historia y la cultura de la ciudad del viento.

Ahora ha sido declarada como fiesta provincial y las autoridades municipales, encabezadas por el intendente Carlos Koopmann, ya iniciaron las gestiones para que sea considerada como fiesta nacional. El fin de semana anterior 23 colectividades presentaron lo mejor de su cultura ante 50 mil visitantes.

Entre ellas se presentó la colectividad sirio libanesa, quienes de alguna manera pusieron los ingredientes principales en la creación de esta fiesta zapalina allá por el año 1990. Hoy “Tono” Sarquis preside la Sociedad Sirio Libanesa y en la última FIC se destacaron por la presentación de un stand mostrando entre otras cosas las vestimentas típicas y le ofrecieron a la gente la posibilidad de probar sus vestimentas y tomarse fotografías a modo de sentir aunque sea por un ratito la mística árabe.

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