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El Gobierno hace agua por todos los frentes. El presidente Alberto Fernández tomo nota de ello y decidió bajarse de la carrera para la reelección.
Los números no le daban para conformar alianzas internas. En los últimos días, operadores cercanos a su entorno intentaron buscar respaldo dentro de algunos sectores que componen el Frente de Todos, pero las respuestas fueron esquivas. La presión del kirchnerismo ha sido un punto clave en la decisión. Y el problema es que el futuro que queda de aquí a las elecciones, lejos de mejorar, tenderá a empeorar. No tenía nada para ofrecer hacia adelante y poco que mostrar hacia atrás. La fallida candidatura, cayó por su propio peso.
No será fácil llegar a agosto en este nuevo escenario, porque su decisión lo debilita aún más; lo deja con menos poder del poco que ya tenía.
Pero hay un dato clave, el anuncio de Fernández destraba el primer gran obstáculo que tenía el Frente de Todos para ordenar su oferta electoral. Esto sin lugar a dudas es un problema para la oposición. No tener enfrente para competir al Presidente -con su paupérrima gestión- era un bonus que ya deja de tener. Algo similar le paso al oficialismo cuando el expresidente Macri se bajó de esta carrera.
Habrá que esperar el reordenamiento que tendrá el oficialismo tras esta renuncia. Emergerán varios candidatos. Los que ya están lanzados y tienen algún tipo de posibilidades: Eduardo de Pedro, Daniel Scioli, Agustín Rossi, Sergio Massa y Jorge Capitanich, entre otros. Pero no se descartan algunos “tapados” que pueden ser impulsados a último momento.
Ahora le urge encontrar al nombre -o los nombres- que puedan representar a la coalición peronista en las PASO de agosto. Ninguno se muestra como favorito, aunque De Pedro y Massa claramente hoy corren con alguna ventaja, teniendo en cuenta que están -hasta ahora- respaldados por Cristina Fernández y La Cámpora.
El deterioro que se está observando anticipa que, difícilmente, el ministro Sergio Massa llegue a las elecciones de agosto con una economía relativamente en calma. Fue la promesa que hizo, hacia fines de julio del año pasado, cuando fue convocado por Cristina Fernández para hacerse cargo del ministerio.
Pasaron poco más de 8 meses y, lejos de mejorar, la situación empeoró en forma dramática. “Ya no hay más margen de deterioro económico sin riesgo de descomposición social”, aseveró esta semana la Confederación General del Trabajado (CGT). Tarde, muy tarde, comienzan a aparecer las primeras voces de las organizaciones de trabajadores intentando despegarse de los actuado por el Gobierno. Las promesas de un futuro mejor, quedaron en el pasado. Sergio Massa, lamentablemente, está siendo fagocitado por la cruda realidad. Todo indica que el “Plan Llegar”, está a punto de implosionar. Y este escenario queda plasmado con el salto que presentó el dólar esta semana, termómetro que refleja cuan enferma está nuestra economía.
“Es muy difícil trabajar con un doble comando. Cada acuerdo, cada medida, cada normativa que sacamos es cuestionada por parte del Ejecutivo, y eso erosiona su posible impacto en el mercado. A esto, hay que sumarle una interna que parece no entender el nivel de fragilidad del sistema en el que nos estamos moviendo”, protestó un importante asesor del ministro ante una consulta de LMN.
Tres son los puntos a tener en cuenta -entre los más importantes- para entender el actual escenario y lo que puede venir de aquí a agosto. Hay que señalar que, desde que asumió el gobierno de Alberto Fernández, los problemas económicos y sociales heredados de la gestión de Mauricio Macri se profundizaron. Es decir que la crisis de esta semana es tan solo otro coletazo más de la mala gestión de estos últimos tres años y medio.
-Rumores de renuncia. Durante toda la semana existieron versiones sobre la salida de Sergio Massa al frente de Economía. En un contexto de falta de previsibilidad y debilidad del ministro, los rumores se trasladaron directo a la plaza financiera, con un dólar logrando valores récord en términos nominales. Pero, en términos reales, el impacto es mucho menor; hoy un dólar de crisis para la economía argentina habría que ubicarlo por encima de los 550 pesos. Un dato comparativo, resume lo mencionado: el exministro Martín Guzmán renunció en julio del año pasado con un dólar de 540 pesos, llevado al 16 de abril del corriente. Ahora, si esto escala, los problemas emergerán con más fuerza. Pero esta claro que todavía falta para hablar de una crisis del dólar.
La reacción del mercado no fue de apoyo a Sergio Massa, sino a la incertidumbre de quién podría llegar detrás de él. El ministro desde el primer día que asumió al frente de la cartera consensuó una hoja de ruta con los principales operadores del sistema. Algunos puntos fueron respetados, otros nunca llegaron a buen puerto. Con Massa, el mercado está tranquilo y la mayor parte de los problemas que están resintiendo a la economía no se los adjudican al él, sino a la interna que existe dentro del mismo Gobierno que no está de acuerdo con el ajuste que está ejecutando el ministro. “El dilema es que, en este contexto, difícilmente Massa pueda llegar a agosto con cierta tranquilidad en la economía. Y si esto explota, los problemas se potenciarán”, confió un empresario regional en dialogo con LMN.
-Falta de dólares. La apuesta al “dólar agro” versión 3.0 no está dando resultados. Las primeras liquidaciones del campo están ingresando a cuenta gotas. Desde el Gobierno esperan que por el complejo oleaginoso se adelanten ingresos de divisas por más de 5.000 millones de dólares mientras que las economías regionales hagan su aporte con otros 4.000 millones adicionales. La realidad de las primeras semanas detalla que estas metas serán difíciles de alcanzar. El productor de soja esta reticente a vender con la demanda que le puso un precio para pagar. Ahí está el principal dilema. En este contexto, el campo especula que se puede obtener un precio mayor a los 300 pesos prometidos por Massa. Pero desde el Ejecutivo saben también que toda esa soja almacenada es el capital de trabajo que tienen los productores para invertir en la cosecha fina. “No tienen reservas. La baja cosecha los dejo al límite para encarar la próxima siembra. Tienen que vender y nosotros le estamos poniendo un buen precio. No vamos a negociar nada más”, confió la fuente allegada al ministro.
No hay que olvidar que de darse los pronósticos del Gobierno, ingresarían poco más de 9.000 millones de dólares a las reservas del Banco Central pero con un costo fiscal cercano al billón de pesos teniendo en cuenta que la entidad comprará dólares a los productores a 300 dólares y venderá esa misma divisa a los importadores en 210 pesos. Consecuencia directa de esta medida: más emisión monetaria y más inflación. Pero del dólar soja dependerá si Massa puede llegar a agosto sin serios problemas en la economía. Es su bala de plata, y tal vez sea la última.
La otra mala noticia que recibió esta semana el Gobierno, fue el resultado que tuvo marzo sobre la balanza comercial. Fue el peor déficit desde agosto de 2018: el mes pasado arrojó un saldo comercial negativo de 1.100 millones de dólares, acumulando el primer trimestre un rojo de 1.290 millones de dólares. En este mismo período del año anterior, la balanza comercial registró un superávit de 1.386 millones de dólares. El comercio exterior es una partida clave para inyectar dólares genuinos a la economía. El déficit que mostró marzo, cierra la posibilidad de divisas frescas que tradicionalmente ingresaban por esta vía. Frente a este escenario, el Gobierno anunció la postergación de pagos de servicios y fletes a los importadores por 2.000 millones de dólares, buscando de esta manera volver al superávit en abril.
-Presiones para devaluar. En la semana circuló un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el que se mencionaba la necesidad de corregir la paridad cambiaria para poder estimular las exportaciones y de esa manera conseguir los dólares que necesita el país para reactivar su economía. El documento, que desde la cartera de Sergio Massa negaron que existiera, generó un gran revuelo. El ministro de Economía le había garantizado a Cristina Fernández que durante su gestión no se iba a devaluar. Desde el organismo internacional aseguran que el próximo desembolso mucho dependerá del estado en que se encuentre la plaza cambiaria.
Mantener un dólar para exportar en niveles de 210 pesos, es totalmente inviable para las empresas. Es toda una contradicción: del único lugar donde la economía puede lograr obtener divisas genuinas, el Gobierno se encapricha en colocar trabas para ello. Otra de las tantas paradojas que presenta esta administración.