ver más

Un Mundial vacío

Entre el racismo, las deportaciones y la violencia, esta edición del Mundial de la FIFA desnudó aún más sus eternas contradicciones.

Desde su concepción y su estética, la Copa Mundial 2026 de la FIFA albergó siempre una contradicción. Su crisol de razas, sus banderas multicolores y su espíritu de juego limpio no estuvieron exentos nunca de cuestionamientos, que ponían en jaque la búsqueda de una sana competencia que nunca se cumplió.

Este año, con la elección de Estados Unidos como una de las tres sedes del campeonato, la premisa de naciones hermanas compitiendo como iguales es más que el Say No To Racism de la FIFA como un slogan vacío: es una provocación.

Esta es la fiesta del fútbol que los locales miran por televisión porque la nueva edición de la Copa tiene las entradas más caras de la historia. Este es el crisol de razas atravesado por deportaciones, por la crueldad de ICE -la policía de inmigración norteamericana- y por un trato xenófobo hacia los seleccionados árabes que, en algunos casos, deben tomar vuelos internacionales los días del partido porque sólo les permiten alojarse en México. Estas son las banderas multicolores que no promueven la tolerancia ni la hermandad de naciones sino los tiroteos, el terrorismo y la violencia.

Los cuestionamientos a las sedes del Mundial no son nuevas. Todavía nos duele recordar lo que sucedía en Argentina mientras el pueblo gritaba los goles de Kempes. Por eso, no podemos cerrar los ojos ahora que la violencia reina en Estados Unidos, o que las madres buscadoras de México protestan frente a sus estadios mundialistas porque el gobierno les da la espalda ante la desaparición de sus hijos en manos del narcotráfico.

Cuando el fútbol convierte sus sedes en vidrieras, genera más lugar para las denuncias. Incluso en esta edición, con precios excluyentes y un cinismo mayúsculo, los sectores excluidos encuentran la voz para gritar.

Y en Argentina, el recuerdo de Qatar nos demostró que sí, que al menos por un rato, podemos unirnos todo en un mismo grito. Un grito de denuncia, un grito de algarabía, pero nunca el silencio que pretenden aquellos que piensan que los partidos funcionan como anestesia. O simple entretenimiento.

Te puede interesar