Edgar Guerrero desarrolló “Sentence War”, una propuesta diferente para que aprender inglés sea más simple y entretenido para chicos y grandes.
En un contexto donde aprender inglés suele estar asociado a la dificultad, la frustración y el miedo al error, un docente neuquino decidió cambiar las reglas del juego. Literalmente. Edgar Eric Guerrero, profesor de inglés y neuropsicoeducador de 37 años, oriundo de Senillosa, creó “Sentence War” (Guerra de Oraciones), un sistema de aprendizaje que busca transformar la manera en que adolescentes y adultos se vinculan con el idioma.
Con ocho años de experiencia docente, actualmente da clases en el CPEM 15 de Senillosa y también en establecimientos de Plottier y Villa El Chocón, Guerrero fue detectando un patrón que se repetía en sus aulas: estudiantes que llegaban convencidos de que no podían aprender inglés.
“Los chicos empiezan a decir que no saben, que no pueden. Son los que siempre se llevan la materia. Hay mucha frustración, y eso no debería pasar, porque el inglés es uno de los idiomas más fáciles de aprender”, explicó a LM Neuquén.
Esa afirmación, que puede parecer provocadora, tiene sustento en su formación académica. Según señaló, el inglés posee una estructura más simple que el español en varios aspectos clave. “Tiene solo ocho tiempos verbales, mientras que el español tiene cerca de veinte, si contamos modos y variaciones. No es congruente que tanta gente lo encuentre tan difícil”, sostuvo.
Sin embargo, el problema -según su mirada- no está en el idioma, sino en cómo se enseña y en las barreras emocionales que se generan en el proceso de aprendizaje. Por eso a través de un juego las ganas de aprender son otras.
A lo largo de los años, Guerrero comenzó a profundizar en el impacto del juego en el aprendizaje. Desde la neuropsicoeducación, encontró fundamentos que respaldaban una intuición que luego comprobaría en la práctica: jugar no es solo cosa de niños, sino una herramienta esencial para aprender a cualquier edad.
“Recibo informes de Estados Unidos que dicen que el ser humano debería jugar desde que nace hasta que se muere. Esto de que los adultos no jueguen es algo relativamente nuevo”, comentó.
Con esa idea en mente, empezó a incorporar dinámicas lúdicas en sus clases. Los resultados fueron inmediatos. “Cuando empecé a implementar juegos, me di cuenta de que bajaba la frustración. Los chicos empezaban a darse cuenta de que sí podían. Ya no era tanto memorizar, sino aprender en un entorno relajado, donde la persona realmente absorbe”, relató.
El cambio no fue solo emocional, sino también pedagógico. Según contó, la curva de aprendizaje se redujo de manera exponencial. “Los estudiantes empezaron a hacer oraciones, a incorporar estructuras. Es increíble ver cómo cambian las caras: de la frustración al entusiasmo”, describió.
La idea del juego surgió casi por casualidad, mientras preparaba una clase. Guerrero diseñó inicialmente un tablero para enseñar el verbo “to be”, uno de los pilares del idioma inglés. Pero lo que empezó como un recurso didáctico puntual, pronto tomó otra dimensión.
“Un día lo probé con un amigo que es contador, y me dijo: ‘Esto está re bueno, se te sube la dopamina, tenés que patentarlo’. Ahí me di cuenta de que había algo más”, recorcó.
Ese momento fue el puntapié inicial para desarrollar el juego como producto. Hace dos años comenzó el proceso de formalización, diseño y producción de “Sentence War”, un material que hoy ya está disponible en el mercado.
“Sentence War” no es un juego convencional de vocabulario. A diferencia de muchas propuestas existentes, que se enfocan en palabras sueltas, este sistema apunta directamente a la construcción de oraciones, es decir, al uso real del idioma.
“Hasta donde sé, es uno de los únicos juegos que enseña gramática inglesa de esta forma. No enseña solo palabras: enseña a hablar”, destacó su creador.
El juego incluye ocho tableros -la mayoría reversibles- que abarcan los tiempos verbales que se enseñan en la escuela secundaria neuquina. Además, contiene fichas, dados y, en su versión más reciente, una hoja con códigos QR que permiten acceder a videos explicativos para cada tablero.
Esta integración de lo físico con lo digital busca facilitar la comprensión tanto para estudiantes como para adultos que acompañan el proceso.
Si bien el juego fue pensado inicialmente como una herramienta para docentes, pronto encontró otro público: las familias.
“Muchos padres lo empezaron a comprar para ayudar a sus hijos. Y eso es lo más lindo, porque genera un espacio compartido. Pueden aprender juntos, entre risas, en medio de la dinámica del juego”, contó Guerrero.
En ese sentido, “Sentence War” no solo apunta al aprendizaje del idioma, sino también a fortalecer los vínculos familiares a través de una actividad conjunta.
“Es una experiencia de aprendizaje disfrazada de juego. Cuando eliminás la presión, aparece el aprendizaje”, resumió.
El proyecto de Guerrero también abre una discusión más amplia sobre los métodos tradicionales de enseñanza. Para el docente, el problema no está en la capacidad de los estudiantes, sino en los enfoques pedagógicos.
“Muchas veces el problema es cómo se enseña. Cuando sacás la presión, cuando el entorno es más amigable, los resultados cambian completamente”, aseguró.
Desde su experiencia, tanto con adolescentes como con adultos, el aprendizaje se vuelve más efectivo cuando está asociado a emociones positivas. Y el juego, en ese sentido, cumple un rol clave.
“Sentence War” ya se comercializa a través de Mercado Libre y también se puede conseguir en la librería Roots, ubicada en Primeros Pobladores 899, en la ciudad de Neuquén.
El precio de lanzamiento es de 49 mil pesos, un valor que, según Guerrero, resulta accesible en comparación con otros materiales educativos.
“Es mucho más barato que un libro de inglés, y ofrece una experiencia completamente distinta”, afirmó.
Detrás del proyecto hay no solo una búsqueda pedagógica, sino también un espíritu emprendedor que nace desde el interior de la provincia y apuesta a innovar en el ámbito educativo.
A lo largo de su recorrido, Guerrero insistió en una idea central: todos pueden aprender inglés. Lo que muchas veces falla no es la capacidad, sino la confianza.
“El miedo hace que los chicos crean que no pueden. Pero cuando se encuentran en un entorno donde se divierten, donde no hay presión, todo cambia”, dijo.
Esa transformación, que vio repetirse en innumerables estudiantes, es el motor que lo impulsó a crear “Sentence War”. Hoy, su juego no solo circula en aulas, sino también en hogares, y se presenta como una alternativa concreta para repensar el aprendizaje del idioma.