Un matrimonio de crianceros de Tricao Malal fue testigo del nacimiento de “chivitos cuatrillizos”. Según las creencias populares es símbolo de abundancia y prosperidad.
Abundancia, prosperidad, buenas pasturas y “lluvias” de bendiciones son algunos de los deseos y los significados que la tradición, las costumbres y las creencias populares de los habitantes del norte neuquino le otorgan al hecho de que una chiva en un “tiro” de parición tenga cuatro chivitos a la vez. Esto ocurrió en la zona de chacras de la localidad de Tricao Malal, al pie de la Cordillera del Viento. Los felices propietarios son el matrimonio compuesto por los queridos vecinos Blanca Urra y Manuel Cerda.
Ellos se dedican a la producción menor de animales ovinos, caprinos y bovinos. A eso le suman la entusiasta labor de producir verduras en huertas y la cría de aves de corral. Ambos productores tienen muchos años en sus espaldas y mucha experiencia en sus manos y en sus corazones. Hoy viven solos en su hogar, pero le entregaron cuatro hijos a esta porción del territorio provincial, dos varones y dos mujeres.
Don Manuel, en contacto en LMNeuquén, confió que si bien aún no es tiempo de parición, recibieron con la mayor alegría y felicidad a los nuevos integrantes de su “familia animal”. Además, explicó que la rareza de este acontecimiento radica en que es poco frecuente el nacimiento de “chivos cuatrillizos”. Es más habitual el nacimiento de a dos o tres chivitos por cada ejemplar de chiva. “Todos nos dicen que es una buena señal. Que es una bendición para nosotros. Así que estamos contentos con los chivitos y esperamos que se puedan criar bien”, contó don Manuel.
El feliz episodio del múltiple nacimiento de los chivitos fue divulgado por el sitio local “Tricao Malal Noticias” y rápidamente cosechó cientos de vistas y comentarios de felicitaciones y bienaventuranzas para la pareja que toda la vida se dedicó a las labores del campo profundo. “Tenemos un poco de todo y con eso somos felices”, resumió don Manuel respecto a su “capital” en animales. Agregó que “tenemos también unas cuantas vacas que en invierno las tenemos con nosotros aquí en la chacra y en temporada de arreos las llevamos a la veranada de mi hijo en el paraje El Palao”.
El reconocido campesino y vecino contó que en su “calendario de vida” tiene 78 años y que su compañera de vida tiene 79 años. “Nos gusta hacer lo que hacemos y capaz Dios nos dio su bendición con esta parición de los cuatro chivitos juntos”. Además, relató que esa bendición no quedó en ese suceso, ya que dos cabras tuvieron tres crías cada una. “Se ve que va a ser una temporada buena para nosotros y espero que para todos los crianceros del norte neuquino”, sostuvo con total humildad. El hombre sustenta su hogar con una jubilación, pero el trabajo en el campo, a pesar de la edad, le da la tranquilidad de tener un buen pasar y bienestar.
Esmeralda Orellana, oriunda de Chos Malal, es la joven vecina de los productores y fue la encargada de hacer conocer la noticia del feliz acontecimiento de los chivitos. “Hace como cinco años que los tengo de vecinos. Y ellos son grandes personas y muy buenas con nosotros”, contó. Para ejemplificar esa bondad manifestó que “siempre están a la orden si los necesitamos. Y son muy atentos. Ellos siempre me prestan caballos para que participemos de los desfiles gauchos en el pueblo con mi nena”.
Luego contó cómo ve la vida de sus vecinos trabajadores y solidarios. “Es un matrimonio de edad. Los dos viven solitos y se dedican a la cría de animales. Tienen chivas guachas, ovejas y vacas”, indicó la joven. Tras lo cual agregó que “la crianza de sus animales la hacen en la chacra y las mismas cuando dan sus crías a veces venden, pero por lo general es todo para el consumo familiar”. Esmeralda también comentó que desde su propia familia siempre están predispuestos a darles una mano en lo que pueden a don Manuel y a doña Blanca. “Los admiramos por sus ganas de trabajar y seguir adelante siempre”, dijo.
Algo que destacó Esmeralda en sus palabras con este diario fue el verdadero amor que demuestran sus vecinos por el campo y la tierra. “Ellos le hacen a todo y veo que les gusta mucho compartir tiempo juntos y trabajando la tierra y cuidando sus animales”, señaló. En ese amor por la tierra, la vecina relató el trabajo que año tras año desarrollan con las huertas. Choclos, cebollas y papas son algunas de las verduras que saben cultivar. Para surtir de riego a sus plantas se proveen de agua del canal El Liuco que a su vez se extrae del arroyo Tricao Malal, que pasa justo por el frente de su chacra.
Con respecto a la tierra, Esmeralda rescató una antigua tradición por la cual el pueblo y su vecino eran muy reconocidos en la localidad y en la región. Al respecto dijo que “Don Manuel hace muchos años hacía la legendaria trilla. Una fiesta muy linda en la que participaba toda la comunidad”. Sin embargo, se lamentó porque eran otros tiempos de abundancia de los recursos naturales y con él pasara de los años se fueron perdiendo algunas sanas tradiciones. “Esa festividad se realizaba hace muchos años, cuando el agua era más abundante y se hacía la cosecha de avena y de trigo”, finalizó.