Familias de séptimo grado reclaman una solución urgente y no descartan medidas de protesta si no se toman acciones concretas.
Padres, madres y alumnos de séptimo grado de la Escuela 301 de Plottier atraviesan una situación que califican como “crítica” debido a reiterados episodios de maltrato por parte de una docente de educación física. Según relataron, la profesora continúa frente al aula a pesar de las denuncias presentadas y del compromiso de las autoridades de iniciar una investigación.
Todo comenzó la semana pasada, cuando los alumnos decidieron manifestar su malestar ante su docente de grado. Le plantearon sentirse incómodos y maltratados por la profesora de educación física, quien –según su relato– les dirigía comentarios despectivos, los comparaba entre ellos y les hablaba en tonos agresivos. A raíz de esto, se organizó una reunión con la docente cuestionada y la directora del establecimiento, en la cual los estudiantes intentaron expresar lo que sentían.
Durante ese encuentro, la situación se tornó aún más tensa. Según contó Paola García, madre de un alumno de séptimo, la profesora reaccionó con enojo y terminó increpando directamente a uno de los niños. “Los trató de violentos, de mentirosos y les dijo que no les tenía miedo”, relató en diálogo con LU5. Esto, sumado a los gritos y a la falta de intervención de las autoridades escolares, dejó a los estudiantes consternados.
Desde entonces, la dinámica dentro de la clase cambió drásticamente. Según las familias, la docente dejó de prestar materiales como pelotas, interrumpió las actividades deportivas y mantuvo una actitud distante y hostil con el grupo.
En una comunidad educativa que valora especialmente la escuela como espacio de encuentro y contención, esto representa una pérdida significativa. La escuela, ubicada en una zona rural de Plottier, recibe a estudiantes que deben recorrer varios kilómetros para asistir, y muchas veces es el único lugar donde pueden participar de actividades recreativas o deportivas.
Ante esta situación, un grupo de padres se dirigió a la Supervisión del Consejo Provincial de Educación. Allí, según relataron, las autoridades se comprometieron a apartar a la docente mientras se desarrollara una investigación interna. Sin embargo, al regresar a la escuela, se encontraron con que nada había cambiado: la profesora seguía dando clases con normalidad, aunque ahora acompañada por una supervisora.
Este acompañamiento, sin embargo, no logró revertir el malestar. “Los chicos siguen yendo a la clase, pero están parados, callados, mirándose las caras. Ya no quieren estar con ella”, explicó García. Y agregó que la problemática no se limita a séptimo grado. A partir de que se conoció el conflicto, otras familias comenzaron a acercarse con denuncias similares sobre la conducta de la docente en distintos cursos, incluyendo comentarios humillantes, rituales de exposición frente al grupo, burlas y falta de cuidado ante accidentes.
Incluso, una niña de primer grado manifestó no querer asistir a clases de educación física porque, en sus palabras, “la seño es mala”. Esta percepción se repite entre alumnos de diferentes edades, generando un clima generalizado de desconfianza y angustia.
A pesar de la gravedad del caso, las autoridades educativas sostienen que no se puede separar a la docente del cargo mientras dure el proceso administrativo. En su lugar, han decidido que las clases se desarrollen bajo la mirada de una supervisora, con la expectativa de que eso limite cualquier tipo de maltrato. Pero las familias no están conformes. “Eso no resuelve el fondo del problema. Los chicos no quieren estar con ella. Se sienten mal, no quieren participar, y eso debería ser suficiente para tomar otra medida”, insistió García.
La situación escaló hasta el punto de que varios alumnos decidieron no participar en un viaje escolar si la profesora formaba parte del mismo. De un grupo completo, la mitad se bajó del viaje previsto con séptimo grado, como forma de protesta directa.
Frente a la falta de respuestas concretas, las familias ya evalúan medidas de fuerza. Para el próximo lunes, está prevista una asamblea en la escuela donde se discutirán las acciones a seguir. No descartan una toma del establecimiento ni un corte de ruta como forma de visibilizar la problemática. “Ya nos estamos organizando porque no queremos que esto siga así. Hay muchas situaciones irregulares en la escuela, pero esto cruzó un límite”, señaló Paola.
Además del conflicto con esta docente, algunas madres vienen denunciando otras irregularidades que afectan el funcionamiento de la institución: desde la calidad y cantidad del desayuno y la merienda escolar hasta deficiencias en la organización horaria y en el cumplimiento de ciertos refuerzos pedagógicos.
El lunes será un día clave. Las familias esperan una respuesta antes de verse obligadas a tomar medidas drásticas. Pero, aseguran, no van a ceder hasta que los estudiantes puedan volver a tener clases en un ambiente seguro, respetuoso y cuidado.