De chica quería ser camionera, su sueño era manejar camiones grandes y en parte cumplió ese deseo cuando aprendió a través del marido de una amiga el arte de conducir y maniobrar ese tipo de vehículos. “Nunca fui muy femenina con respecto a mis gustos”, aclara Natja Acosta Vega en la puerta de su casa a medio construir en el barrio Altos de Plottier. Pero a esos gustos “no femeninos” de Natja nadie les puso obstáculos y si se los hubieran puesto, los habría superado con absoluta decisión.
A los 36 años se muestra orgullosa de lo que hasta el momento consiguió, trabajar en el ámbito de la construcción, que es lo que más le gusta hacer día tras día, aunque también le suma cualquier otra tarea que le ofrecen. “Me venís a ofrecer limpiar el patio, lo hago; necesitas que te cuide los nenes, lo hago; porque es trabajo, nunca digo a nada que no. La construcción es mi fuerte, pero hago otras cosas”, explica.
Criada en la provincia de Entre Ríos, a los 14 años vivió en Picún Leufú, aunque también pasó un tiempo en Mendoza y luego se radicó en Plottier, junto a sus tres hijos que hoy tienen 18, 16 y 10 años.
A la hora de contar cómo se incorporó al ámbito de la construcción, un espacio laboral masculinizado, Natja se retrotrae al momento en que llegó al barrio que no contaba con ningún servicio. “Yo no sabía nada, ni idea de agarrar una pala, ni poner una canilla, y lo primero que tuve que hacer fue la red de agua. Me la tuve que rebuscar para hacer una zanja. Esa fue la primera vez que tomé contacto con algo relacionado a la construcción y me gustó”, confiesa.
Agrega, con algo más de confianza con el cronista, que su pareja le abrió las puertas a este ámbito en el que actualmente se desempeña. “Me enseñó, con él empecé y le agarré el gusto a la construcción. Después de un tiempo ya teníamos distintas opiniones respecto a la preparación de las cosas (risas)”.
Comprendió que era necesario capacitarse y por ello se anotó en algunos de los cursos que ofrecía la Escuela de Oficios “Manos Habilidosas” de Plottier. “Ví un flyer en Facebook y me dije que podría probar. Me anoté unos minutos antes que cerraran las inscripciones. Ni siquiera sabía qué curso iba a hacer, así que me anoté en el de electricidad y construcción en seco porque eran los que quedaban lugares. La idea era aprender, no sé si trabajar. Y antes de terminar de cursar ya estaba trabajando”, relata.
Mientras Natja se predispone para las fotos en el fondo del terreno donde vive, cuenta que se fue armando su propio banco de herramientas con aquellas que encontraba en las calles. “Mis primeras herramientas, destornilladores y demás las fui encontrando en la calle y con el mismo trabajo, ya sea con la construccion o cuidando niños o limpiando casa me las fui comprando. Dinero que tenía lo invertía en eso y todavía lo sigo haciendo porque me faltan muchas más herramientas”, describe. Por eso expresa su felicidad cuando comenta que acaba de recibir una hormigonera, una escalera y demás elementos necesarios para su trabajo gracias al Programa Nacional de Bancos e Herramientas, Maquinarias e Insumos del ministerio de Desarrollo Social de la Nación.
Este programa surgió en pandemia como una forma de fortalecer y acompañar a las y los trabajadores de la economía informal que vieron perjudicados sus proyectos laborales. Natja fue beneficiada con la entrega de estas herramientas gracias “a una conocida que me anotó en el programa porque yo no sabía que existía”.
“Haber recibido estas herramientas es muy importante para mí porque hace un tiempo tenía que hacer una mesada y estuve esperando dos meses para que me presten una hormigonera para usarla media hora y tener que devolverla al toque. Esto me beneficia para no perder trabajos y también para hacer mi casa. No tengo que estar a disposición de los demás”, explica.
Asegura que la mayor parte de la entrada económica que tiene "es con los trabajos en construcción que estoy haciendo, además de las otras cosas que también hago". Sus ojos recorren las maderas y pedazos de éstas que se desparraman por el piso del fondo del terreno donde vive. Es que esas maderas formaban parte de la casilla en la que vivían hasta no hace mucho tiempo. "Vivíamos en la casilla acá", dice y sus manos señalan el sector del fondo del terreno. Y de inmediato, su mirada se dirige a una de las paredes hecha de material de su casa a la que aún le resta terminar. "La casilla estaba buena pero fuimos avanzando con la de material a la que todavía le falta revocar, pintar, siempre hay algo que hacer", cuenta.
Aquella joven que llegó al barrio sin saber absolutamente nada de plomería, gas y electricidad, ahora convertida en una experta en construcción tradicional y en seco, comenta que lo que más le gusta de su actividad es "hacer la mezcla, me gusta preparar el hormigón, antes era a pala ahora la voy a poder hacer con la hormigonera, pero me gusta el trabajo pesado".
La construcción es uno de los sectores más dinámicos de la economía argentina, donde las mujeres están presentes sólo en un 6%, según las cifras más alentadoras. Mujeres como Natja rompen mitos y aportan su experiencia y conocimientos para fomentar una mayor inclusión en un rubro que antes era exclusivo de los varones.
Natja Acosta Vega fue una de las trabajadoras de la economía informal de la provincia de Neuquén que recibió herramientas a través del Programa Nacional de Bancos de Herramientas, Maquinarias e Insumos del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.
El proyecto surgió en la pandemia con la finalidad de fortalecer y brindar un apoyo a las y los trabajadores de la economía informal que vieron en riesgo sus proyectos laborales. La iniciativa consiste en la compra de herramientas y maquinarias para darle valor a lo producido en la región.
Lorena Barabini, articuladora en Neuquén del ministerio, comentó que la provincia es la que cuenta con mayor ejecución de proyectos de fortalecimiento a la economía populares a través de este banco en la región patagónica. "Hasta junio de este año se ha asistido a unos 1500 titulares de bancos de herramientas, es decir, 1500 trabajadores y trabajadoras que se desempeñan en diversos rubros. Esto implicó una inversión directa de 280 millones de pesos", expresó Barabini.
Desde el organismo destacaron la labor conjunta con cooperativas, asociaciones y municipios que fueron nexos entre la demanda de la población y el ministerio de acompañar y fortalecer los lazos productivos de la zona. Los principales rubros que se han presentado para solicitar herramientas son de producción primaria, elaboración de alimentos, construcción, confección textil, estética y servicios del automotor.
"Estamos haciendo la entrega de las herramientas en distintas localidades de la provincia, como en Plottier donde acompañamos más de 60 emprendimientos o los más de 90 que se sumaron en Picún Leufú, El Sauce, Piedra del Águila, Paraje Sañico y Piedra Pintada", sostuvo Barabini.