“El viento enseña que es una propiedad propia del planeta y hace que uno se tenga que adaptar”, afirma Jorge Lassig, ingeniero y titular de la cátedra de Ingeniería del Viento de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo). El viento es su pasión cotidiana desde hace muchos años cuando decidió hacer un doctorado en Ciencias de la Atmósfera en la Universidad de Buenos Aires. "Ese doctorado me entusiasmó, estudiábamos fenómenos hasta vientos intensos y aplicaciones en ingeniería para evitar que se destruyan edificios", señala el especialista a LMNeuquén.
Comenta que la ingeniería del viento nació durante la década del ’60 en Europa y América del Norte cuando se comienzan a diseñar y construir edificios de gran altura como una necesidad de resolver las cargas eólicas afectadas por la capa atmosférica. Explica que en la actualidad el término Ingeniería del Viento comprende diversas disciplinas como la energía eólica, el efecto del viento en vehículos, puentes, tanques, antenas, líneas de transmisión de energía, además de la arquitectura y la ingeniería civil. "Dentro de la ciencia de los fluídos hay una rama que se llama Ingeniería del Viento. Es una ciencia que abarca desde energía eólica hasta la aerodinámica de edificios y vehículos, y todos los problemas que el viento ejerce sobre los cuerpos que el hombre diseña", describe como si estuviera frente a sus alumnos.
La problemática de la ingeniería del viento se viene abordando desde hace más de veinte años en la Facultad de ingeniería de la UNCo donde se creó un grupo de docencia e investigación que funciona en el Laboratorio de Dinámica de Fluidos Ambientales (LaDIFA), que lleva adelante Lassig junto a otros especialistas. En el lugar, como herramienta principal se cuenta con dos túneles de viento didáctico, uno que es utilizado para la docencia y el otro para la investigación, servicios y trabajos experimentales.
En los últimos años, en la ciudad de Neuquén aumentó de forma considerable la construcción de edificios altos. Los vecinos de la ciudad fueron y son testigos de cómo se fueron levantando cientos de torres con alturas de entre 40 y 110 metros. Lassig señala que hay que tener en cuenta el impacto ambiental cuando se construye un edificio en altura. Pero aclara que a pesar de que en la provincia de Neuquén existen leyes de impacto ambiental “siempre se lo piensa en relación a la contaminación del agua y del suelo pero no se piensa el impacto ambiental de la intensidad del viento y del aumento de turbulencia a nivel peatón".
Sostiene que hay dos aspectos en los cuales el viento influye en el impacto ambiental. Y pone el ejemplo de un edificio en altura. Uno de esos aspectos son las cargas que el viento ejerce sobre el edificio "y el ingeniero las tiene que determinar para evitar que el edificio se destruya como consecuencia a la injerencia del viento". El segundo aspecto, resalta, es el efecto del viento a nivel peatón. "Cuando en un barrio se construye un edificio alto, éste va a captar parte del viento y lo va a distribuir hacia abajo aumentando de esta manera la intensidad del viento a nivel peatón. De acuerdo a las formas del edificio se producirán fenómenos como la aceleración del viento y vórtices que van a producir una intensidad de turbulencias y ese impacto ambiental lo va a sentir el peatón".
En cuanto a la dirección del viento que prevalece en la ciudad de Neuquén, Lassig puntualiza que son vientos del oeste y sudoeste. En tanto, la intensidad media anual es de unos 15 kilómetros por hora. Dice que hace un tiempo colocaron una estación meteorológica en el Campus de la universidad, emplazada sobre la meseta, "ahí tenemos vientos del oeste y la velocidad promedio alcanza los 20 kilómetros por hora. La explicación de esta diferencia radica en que en el aeropuerto de Neuquén está dentro del valle del río Limay y el viento tiene una dirección sudoeste, "el viento ahí se canaliza por el valle". En tanto, el viento sobre la meseta fluye "como la circulación general de la atmósfera que son los vientos de los oestes que circulan con mayor intensidad".
Para el especialista estos datos tienen una gran importancia por la expansión de la ciudad que se prevé realizar sobre la meseta: "por lo tanto las futuras edificaciones tendrían que contemplar el viento que va a ser mucho más intenso en esa zona que el que estamos acostumbrados en la ciudad".
El comportamiento del viento ha sido materia de diversos trabajos realizados por parte de sus alumnos de la universidad como así también algunas consultas en relación a problemas habitacionales de impacto ambiental en la región. "Hemos investigado que en edificios altos la gente que vivía allí tenía problemas con el viento. Lo que se detectó es que en ciertos lugares según la disposición de dos edificios hacía que el viento cuando había brisa en la ciudad, que es el viento que sentimos habitualmente, se aceleraba y eso, por ejemplo, producía que la gente no podía abrir la puerta del edificio; la brisa se le multiplicaba por dos o por tres; y las ventanas de los departamentos vibraban", describe. Agrega que en el lugar donde se encontraba la plaza de juego de los chicos "la aceleración máxima de los vientos era de 70 kilómetros por hora, la hamaca estaba con una inclinación de 45 grados". Para las personas que viven cotidianamente con este fenómeno natural "es un gran problema porque compró esa vivienda, hizo una inversión importante de dinero con la idea de vivir toda la vida ahí o por lo menos muchos años, y debe vivir con este problema, en otras palabras pierde calidad de vida".
El ingeniero y docente remarca que el viento forma parte de la identidad de los neuquinos y por ello influye en su cotidianeidad y ánimo. "Un viento de 15 kilómetros por hora es habitual y la persona se siente bien, hace actividades; entre los 15 y 30 kilómetros se siente incómodo; y si supera los 40 kilómetros ya empieza a ser peligroso. Estos serían como los tres umbrales para el ser humano".
A la hora de clasificar las tres regiones de la provincia que concentran la mayor intensidad del viento, Lassig se remite al mapa eólico que se realizó hace algunos años en Neuquén donde se determinaron tres zonas. "La que presenta mayor ocurrencia de vientos es el norte, en Chos Malal; la otra es el centro de la provincia, más al norte de Zapala, la zona de Loncopué, Caviahue, Bajada del Agrio, y la tercera en el sur". El titular de la cátedra de Ingeniería del Viento de la UNCo expresa que "en el estudio del mapa eólico se determinó que casi el 70 por ciento de la superficie de la provincia es apta eólicamente para producir energía eléctrica". "Tengamos en cuenta que vivimos en una de las regiones de mayor viento del planeta", asegura.
Lassig suele asegurar que el viento "es un desafío" y que a la naturaleza "no se la puede gobernar" pero sí "aminorar sus efectos sobre las estructuras y las personas". En todo caso esa es la función de este ingeniero del viento que persigue un objetivo: "que las personas vivan en forma más confortable".