A 20 años del sacrificio del Oficial Subinspector Post Mortem Sergio Desiderio Hernández, caído en cumplimiento del deber en Mariano Moreno.
Hay heridas que el tiempo no cierra. Hay puñaladas traicioneras que, aunque atraviesen el corazón de un hombre, terminan doliendo en el pecho de todo un pueblo. Hace ya 20 años, el 12 de abril de 2006, una hoja de más de 20 centímetros apagó la vida del Oficial Subinspector Sergio Desiderio Hernández en una calle de Mariano Moreno. Pero no logró apagar su memoria.
Esa puñalada al corazón aún duele. Duele en la madre que lo llora, Herminda Pilquiñan. Duele en los tres hijos que crecieron con el retrato de un héroe en la pared. Duele en cada camarada azul que compartió guardias, mates y silencios con él. Duele en toda la Policía del Neuquén, porque cuando cae uno, caen todos. Y este lunes, en la misma tierra que lo vio partir, ese dolor se transformó en homenaje, en memoria viva, en espíritu de camaradería que no entiende de vida ni de muerte.
Eran cerca de las 21. La calle Neuquén, entre Juan XXIII y Ensanche Fiscal, era testigo de un grupo de personas que, alcohol de por medio, alteraba la calma de Mariano Moreno frente a un almacén. Sergio, con 28 años y el uniforme de la Comisaría 34 sobre el pecho, se acercó como lo hacen los policías de ley: a poner el cuerpo, a disuadir, a proteger.
No hubo discusión. No hubo amenaza previa. Solo la cobardía de una mano que extrajo un cuchillo y, sin mediar palabra, le clavó un puntazo certero al corazón. Sergio cayó sobre un charco de sangre. Lo llevaron urgente al hospital, pero ya había ingresado sin vida. Lo derivaron a Zapala, le hicieron autopsia en Neuquén capital, lo velaron en Centenario. Demasiado viaje para un hombre que solo salió a trabajar.
Dejaba tres hijos. Dejaba una madre. Dejaba una comisaría entera con un vacío que no se llenó con ascensos post mortem.
Veinte años después, la Policía del Neuquén volvió a formarse. Esta vez no para un operativo: para un abrazo. En la Comisaría 34 de Mariano Moreno, la misma donde Sergio prestaba servicio, se realizó un emotivo acto en su memoria.
El Comisario Carlos Salazar, actual jefe de la dependencia, abrió la ceremonia. Con voz firme pero quebrada, trazó una semblanza de Hernández y pidió lo esencial: que su memoria se mantenga viva. Que los nuevos sepan quién fue, por qué cayó y qué significa ponerse el uniforme cada día.
El diácono Manuel elevó una invocación religiosa al cielo neuquino. Después, el silencio se hizo piedra. El jefe de Policía, Comisario General Tomás Díaz Pérez, junto a doña Herminda Pilquiñan, madre de Sergio, colocaron la ofrenda floral. Sonó el minuto de silencio y ahí, en ese instante, lloraron los presentes y lloró la historia.
El homenaje continuó en la sala histórica de la comisaría, donde se descubrió una placa con su nombre. Sergio Desiderio Hernández ya no es solo un recuerdo: es bronce, es pared, es ejemplo para cada efectivo que entra a esa dependencia.
La muerte de Sergio reivindica, con la crudeza más dolorosa, el valor del efectivo policial en la sociedad. Salir a la calle sabiendo que pueden no volver. Intervenir en un disturbio menor y toparse con la muerte. Eso es vocación. Eso es cumplir el juramento hasta las últimas consecuencias.
Por eso este homenaje importa. Porque les dice a sus hijos que su padre no murió en vano. Le dice a su madre que su hijo vive en cada azul que se persigna antes de salir de recorrida. Le dice a Neuquén que hay hombres y mujeres dispuestos a poner el pecho para que otros duerman tranquilos.
Pasaron 20 años. El dolor por su pérdida física será eterno, sí. Pero también será eterna la camaradería que no terminó aquel 12 de abril. Porque en la Policía, los caídos no se despiden: se presentan en cada formación, en cada acto, en cada “presente” que estremece el alma.
Durante el emotivo acto realizado este lunes en Mariano Moreno, el actual jefe de la Comisaría 34, Comisario Carlos Salazar, se tomó un momento para hablarle a los presentes, pero, sobre todo, para hablarle a la memoria de Sergio.
Con la voz cargada de respeto y la mirada firme de quien entiende el peso del uniforme, Salazar compartió un recuerdo íntimo, de esos que humanizan al héroe y lo bajan del bronce para volver a ponerlo entre los suyos: “Su presencia siempre va a estar entre nosotros. Tuve la posibilidad de compartir las actividades diarias de la escuela. Era una persona humilde, alegre”, afirmó.
No habló de procedimientos ni de estadísticas. Habló del compañero. Del muchacho de 28 años que se reía en la escuela de cadetes, que mateaba con humildad, que llevaba la alegría como parte del equipo reglamentario.
Y enseguida, el jefe de la 34 trazó el puente entre aquel recuerdo y el deber de hoy: “Nosotros, como parte de esta prestigiosa institución, no podemos dejar de recordarlo con la frente en alto, defendiendo los bienes y la vida de nuestra población”, aseguró con pura convicción.
En pocas líneas, Salazar resumió el pacto silencioso que une a la familia policial: a los caídos se los honra de una sola manera, trabajando. Con la frente en alto. Sin olvidar que cada vez que un efectivo sale a la calle, lleva consigo el nombre de los que no volvieron.
Las palabras del Comisario no fueron protocolo. Fueron camaradería. Fueron la confirmación de que en la Comisaría 34 de Mariano Moreno, el Oficial Subinspector Post Mortem Sergio Desiderio Hernández sigue pasando lista. Todos los días.
En el marco del homenaje a 20 años de la muerte del Oficial Subinspector Sergio Desiderio Hernández, dos voces pusieron en palabras el sentimiento que atravesó a todos los presentes: la del jefe de Policía de Neuquén y la de la madre que lo despidió demasiado pronto.
Con la autoridad que da el cargo y la emoción que da la camaradería, el jefe de la Policía neuquina, Tomás Díaz Pérez, se dirigió a los presentes para dimensionar la pérdida y el legado:
“Tenemos el orgullo enorme de tener a una mamá que su hijo es un héroe, es un mártir de nuestra institución. Dio todo por la comunidad, dio todo por nosotros. Esto demuestra esa convicción y esa predisposición que tiene el hombre y la mujer policía de cumplir con su deber.”
Díaz Pérez no se quedó solo en el recuerdo de Sergio. Aprovechó para remarcar una política institucional que ya es marca registrada de la Policía del Neuquén: la Cruzada Homenaje a los Policías Caídos en Servicio.
“La Policía de Neuquén se distingue no solo por recordar a sus hombres caídos, sino también por una cruzada homenaje que se realiza hace 14 años por personal retirado, personal de actividad. Justamente es buscar este reconocimiento y que se concientice la comunidad de que hay seres humanos bajo el uniforme y que han dado todo, pero todo, lo más preciado que es la vida, por ellos”, enfatizó.
El jefe policial explicó que esta cruzada se realiza todos los años desde octubre hasta el 2 de noviembre, recorre toda la provincia y es única en el país. “Es la única provincia que lo realiza. Está tomando carácter federal, están participando Fuerzas de Seguridad Federales, Fuerzas Armadas y policías provinciales”, concluyó.
Al lado de la ofrenda floral, con la fortaleza que solo una madre puede tener frente al recuerdo más doloroso, Herminda Pilquiñan habló de Sergio. Y lo hizo sin quebrarse, con un orgullo que desbordaba:
“Me siento la madre orgullosa de haber tenido a mis hijos. No tan solo él, sino los tres hijos que tengo. Si tuviera que parirlo, lo paro de vuelta”, expresó con una firmeza que silenció a todos.
Agradecida por el cariño intacto de la institución, pidió una sola cosa: “Agradezco que siempre, sobre todo los compañeros, lo recuerdan con ese cariño que le tenían. Que nunca lo olviden”.
Y cuando le preguntaron cómo elige recordarlo cada día a su hijo, Herminda no dudó: “Con todo mi corazón, con el amor de madre que siempre tuve. Era un chico tan especial, fue para nosotros, para mí y para sus hermanos”.
Dos voces, un mismo mensaje. Un jefe que reivindica el sacrificio y una madre que transforma el dolor en orgullo. Entre ambos, la certeza de que Sergio Desiderio Hernández no es una estadística ni una fecha en el calendario. Es un hijo, es un camarada, es un mártir que le recuerda a Neuquén que detrás de cada uniforme hay una vida dispuesta a darse por los demás.