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Una zoncera de manual

El acceso al gas por red y las insólitas políticas en torno al GLP, desnudan un drama que pagan los que menos tienen.

La llegada de las bajas temperaturas vuelve a desnudar contradicciones en Neuquén que, no por menos obvias, bien podrían sumarse al Manual de Zonceras Argentinas de Arturo Jauretche, quien tomó el “célebre dictamen” de Domingo Sarmiento, “el mal que aqueja a la Argentina es la extensión,” para descargar su ironía acerca de la vastedad territorial y la inconveniente expansión hacia el sur donde, claro está el prócer lo desconocía, Argentina encontraría una de sus principales fuentes de recursos y riquezas: Vaca Muerta.

La “zoncera” que le toca en (mala) suerte a Neuquén es la del gas. Esta semana se pudo comprobar, una vez más, las vicisitudes en torno a este recurso al que miles de personas se ven impedidos de usar por red, a falta de infraestructura, o por decisiones burocráticas que tornan a precios increíbles el acceso al servicio.

Mercado negro y escasez de garrafas, abusos en su comercialización y precios cada vez más altos pudiesen ser una postal de cualquier sitio de Argentina, menos en la provincia de la mayor cuenca hidrocarburífera del país.

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Este absurdo, sin embargo, no es el único. Durante el invierno, el Estado deberá enviar decenas de camiones cisterna hasta el puerto de Bahía Blanca para traer el GLP que se requiere en 16 localidades de la provincia donde el frío se siente con potencia. Parece irónico, pero el recurso que precisa la provincia se produce en Neuquén, pero, por razones “técnicas”, se fracciona en Buenos Aires, obligando al Estado a disponer de un dinero que no sobra para traerlo de nuevo.

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El relato de las bonanzas de la energía no condice con la narrativa del sentido común, un recurso bastante menos escaso, que la abundancia hidrocarburífera.

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