Vaca Muerta parece ser el “hecho maldito” de la historia neuquina. De a poco se hizo imprescindible para los recursos neuquinos, con luces y sombras. Es tan grande el potencial que hay debajo en las entrañas -codiciado por todo el mundo- que se lleva toda la expectativa y la energía, eclipsando a otras aristas de la economía en Neuquén. Llegan dos familias por día a la provincia y la mayoría tiene la esperanza de mejorar su calidad de vida. Pero no todos llegan a conseguir trabajo.
Es una provincia con un gran costo de vida, donde una familia necesita al menos 160.037 pesos para cubrir la canasta básica total, según los últimos datos del INDEC para no caer en la pobreza. La cadena de producción y los precios que paga el sector está cada vez más dirigido a un “valor Vaca Muerta”. Son pocas las personas que quieren trabajar en otras dimensiones del sector privado.
Los agroindustriales, por ejemplo, están padeciendo el éxodo de profesionales hacia los hidrocarburos. ¿Por qué quedarse a trabajar en lugares donde pagan poco? A todo esto, se suma otro problema: el costo de la energía, con las boletas “impagables” para hacer funcionar un sector económico que necesita poner en marcha frigoríficos, galpones de empaque, sistemas de riego y bodegas, que no venden petróleo, sino que exportan frutas. Esto en el mundo funciona perfectamente.
El ex gobernador Jorge Sapag habló, precisamente, del fenómeno de la pobreza y dijo: “Neuquén no puede con todo, recibe la población y duplicada”, en relación a que pasó de 400 a 800 mil habitantes en diez años. A su vez, la provincia ayuda, lentamente, a revertir el déficit energético del país. Todavía no es ni por asomo el conglomerado del campo sojero, pero la producción petrolera genera que el Banco Central tenga que disponer de menos dólares para importar gas y crudo. No obstante, la ecuación sigue siendo negativa para el país.
El boom del shale tiene que ser rápidamente capitalizado por otras economías. El tiempo es tirano y en el mundo hay una migración, cada vez más firme hacia energías verdes. Proliferan los parques eólicos, los autos eléctricos y los parques solares.
Argentina y Neuquén emprendieron un camino, pero no es suficiente aún. La transición energética está en marcha, con más de la mitad de la población afuera, sobreviviendo al impacto de dos economías que, pese a la insistencia de la política, parecen tener territorios muy delimitados para su explotación. Hay convivencia en tensión y la situación se volvió viciosa y adictiva para el estado. Necesaria para subsistir, hasta que la industria se tope con los límites de la transición.