La búsqueda de los dos menores de Loncopué –que estaban desaparecidos desde hace ocho días y que fueron hallados este jueves en el oeste neuquino- requirió de un seguimiento minucioso, geolocalización y un contacto clave: una empleada pública, de nombre Ana, que conocía la historia de los adolescentes fugados de su casa, por un compañero de trabajo.
Azul (de 13 años) y Marcos (de 16 años) fueron encontrados por el equipo de la División Búsqueda de Personas de Seguridad Personal, a cargo del comisario César Simón Juárez. Es la segunda vez que se escapaban de sus casas. El caso lo abordará la Defensoría de la Niñez y la Adolescencia.
“Si bien contamos con los medios, el trabajo horas hombre que tuvo la gente del equipo es para destacar, porque dimos con un dato para llegar a ellos, nunca nos dieron indicios de quererse mostrar ni ver”, indicó el jefe policial, en diálogo con LMNeuquén.
De acuerdo a la investigación, se sabe que el jueves 8 de septiembre Azul y Marcos se escaparon de Loncopué con destino incierto, por la mañana. Ya lo habían hecho en otra oportunidad y fueron restituidos a sus progenitores.
Según los datos con los que se manejaban los investigadores, los adolescentes, en principio, habían sido llevados hasta la localidad de Las Lajas en una camioneta, ese mismo día alrededor de las 16 y, luego, habrían hecho noche en Cutral Co.
Para realizar el seguimiento, la Policía tuvo que valerse de cámaras de seguridad, geolocalización de celulares y hasta las redes sociales particulares y de contactos que tenían los adolescentes. Pero no fue una tarea tan sencilla, ya que en un momento “dejaron de mostrarse” en conexión.
Del análisis realizado por la División Búsqueda de Personas, hace unos días los investigadores pudieron dar con un dato: el nombre de Ana, una mujer que trabaja en el estado neuquino y que conoce al tío de Marcos, uno de los chicos desaparecidos.
Al parecer, la empleada estatal (que presta funciones en a la zona de Gregorio Álvarez) les habría dado el contacto de su hijo, para ofrecerle una vivienda de alquiler temporal, pese a que desconocía el trasfondo de la problemática. Fue así que Azul y Marcos pararon en una casilla precaria de la calle Casimiro Gómez, donde “alquilaban” de manera transitoria.
El sábado pasado, Ana, en conversación con su compañero de trabajo, le ofrece el alquiler de una casilla que tenía su hijo en Casimiro Gómez. Pero desconocía la situación de la desaparición. Cuando se dio cuenta este miércoles, informó a la Policía.
“No era una desaparición forzada, los menores no se querían dejar ver, es por eso que, si bien pudieron haber viajado a Mendoza (que era una de las hipótesis de los investigadores de acuerdo a lo que habían manifestado los adolescentes), por toda la mediatización que hubo se quedaron en el oeste de Neuquén”, indicó el comisario Juárez.