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Vivir en el reino del revés

La crisis carcelaria es la historia de un colapso anunciado, pero como son presos, a nadie le importa nada.

No se trata de soberbia, se trata mirar todo el panorama, dialogar con los actores involucrados, esos que saben, y proyectar en base a lo que se tiene delante de las narices. Porque hice mis deberes en su momento, me animo a decir, sin falsa modestia, que esta crisis carcelaria ya la había anunciado en 2018 cuando canjearon el penal de Senillosa por los millonarios terrenos de la cárcel federal del sur, la U9.

En la vida política, este colapso anunciado se denomina falta de proyección, aunque como es sabido, solo se proyecta aquellos que importa.

Un ejercicio sencillo: ustedes han visto alguna propuesta de campaña destinada a mejorar las condiciones de las personas privadas de la libertad. Anuncios de que van a crean un centro de estudios terciarios y universitarios para que puedan concluir estudios de grado y así cuando recuperen la libertad tengan oportunidades varias como para evitar el delito.

Seguramente no lo han escuchado y no lo van a escuchar porque un gobierno que incumple con algo básico como la Ley 24660, destinada a garantizar los derechos de las personas que están en las sombras, no estará pensando en ningún tipo de spot de campaña que incluya la prisión, salvo que sea como parte correctora de los mensajes de mano dura, castigo y represión. Décadas de campañas y promesas y no se les cae una idea nueva.

Habría que preguntarle a la actual titular del Ministerio Público de la Defensa, Vanina Merlo, qué opina del panorama que encontró, porque casi todas estas miserias en las que está el sistema carcelario neuquino las permitió ella cuando ejercía como ministra de Seguridad de la provincia.

Ahora, Merlo cerrará filas con el resto de la justicia neuquina para exigir al ejecutivo lo que corresponde, es decir que cumpla la ley, que mejore la infraestructura y que el hacinamiento no se extienda en el tiempo porque sino las cosas van a terminar mal, pero para los presos porque quienes están detrás de un escritorio a kilómetros de un penal no les suele ocurrí nada, hasta tienen tiempo para tomarse un fin de semana largo.

En los últimos tres meses, hubo dos muertes en la U11, una gran fuga en una alcaldía, reclamos de docentes en situaciones de encierro a los que les quitaron las aulas para convertirlas en celdas y dos juezas de Ejecución que advierten que en cualquier momento cierran las cárceles de la provincia por hacinamiento.

Hoy por hoy, el único plan para surfear rápidamente esta crisis, es volver a Senillosa, pero alquilando. No puedo hablar de ingenio ni de proyección, pero sí estoy obligado a suponer que la clase dirigente negocios sabe hacer. Cosas veredes.

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