Desde que trepó a los diarios nacionales por ocuparse de los chicos, a los que no sólo les regaló los juguetes sino que terminó ayudando de otras varias maneras, a Francisco le cambió la vida. Con una lucidez extrema e inusual, optó por quedarse prendido de una historia que arrancó mal pero que sigue más que bien.
"Sentí que con eso podía hacer algo y que si me apurás, es mi obligación y sería bueno que sea la de muchos otros", confiesa Francisco, que a partir del conmovedor episodio que protagonizó fue un paso más allá y amplió la mirada. "Me di cuenta de que tenía que hacer algo. Que detrás de un niño que busca infancia, que se va corriendo con un juguete, hay una responsabilidad social mayor", dice.
"Junto a mi familia hicimos De un Amigo para un Amiguito", explica, y señala un changuito de supermercado cargado de juguetes donados. Se trata del producto de su movida solidaria con los chiches que otros le llevan a diario a su negocio de Alcorta y Leguizamón ("Tienen que estar dignos, eh", aclara), para luego llevarlos a instituciones que ayudan a niños vulnerables. Cuenta que el plan es estimular una especie de "cadena de favores". "La idea es que a través del Facebook -De un amigo para un amiguito-, otras personas nos muestren y compartan fotos de qué es lo bueno que están haciendo", dice.
"Creo que todos tenemos algo bueno para dar. No sólo material, sino afectivo. Ser solidario tiene que ver con eso. Lo digo yo, que tampoco soy la madre Teresa de Calcuta".