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Pablo Montanaro
montanaro@lmneuquen.com.ar
Catalina Arca
arcac@lmneuquen.com.ar
Neuquén
“No quiero rosa, quiero celeste; no quiero soga, quiero fútbol”, era la manera más clara de sintetizar durante su infancia su disconformidad con la identidad de género. Mientras cursaba la primaria en Bahía Blanca, donde vivía con sus padres y siete hermanos, se sentía diferente a sus compañeras, en el aula se sentaba sola y en los recreos buscaba a los varones para jugar a pesar de que le gritaban “marimacho”. Lo que más recuerda de ese tiempo es esa sensación “de que él mismo no estuviera del todo”. Había nacido biológicamente mujer, pero se empezaba a sentir un varón.
Se disculpa porque no quiere mencionar cómo se llamaba cuando era una niña. Sus padres no querían, o no podían, aceptar la realidad que les representaba el comportamiento de su hija de 9 años, tan diferente al que tenían las demás chicas de su edad que iban al colegio o del barrio. “Mis padres no podían respetarme”, afirma.
En ese tiempo, sus padres decidieron trasladarse a Neuquén por cuestiones laborales. Atrás quedaba la insatisfacción de mirarse al espejo “y no encontrarse”, de desear estar más tiempo con los chicos que con las chicas. “A los 13 años empecé a darme cuenta de que no me sentía conforme con las formas femeninas, de los estereotipos representados en los colores. Y después se dio, sobre todo, en sentirme incómodo también con mi cuerpo. Ahí me di cuenta de que quería y necesitaba un cambio”, explica Franco Navarrete, según consta en su nuevo DNI.
Hace algo más de dos años, a los 17, Franco comenzó su proceso que adecua su cuerpo a la identidad autopercibida. Decidió iniciar los tratamientos hormonales con testosterona inyectable que le fueron generando consecuencias sobre su cuerpo: cambios en la producción del vello, el tono de la voz y la musculatura.
Paralelamente al inicio de este tratamiento, Franco comenzó una relación de pareja que resultó fundamental, según asegura, para emprender esta transformación. “Es fundamental la pareja por la contención y el afecto que me brindó desde el primer momento. Ella está conmigo desde entonces”, describe. A través de su novia, Franco conoció a Benjamín Genova, quien el año pasado se convirtió en el primer hombre trans que se realizó una intervención quirúrgica de masculinización en el hospital Castro Rendón. “Benjamín es el padre de mi novia”, comenta mientras esboza una sonrisa. Fue Benjamín, actual secretario del área Hombres Trans de la Mesa por la Igualdad de Neuquén, quien ayudó a Franco a iniciar los trámites para el cambio del DNI y lo acercó al consultorio para personas trans que funciona en el hospital con la finalidad de iniciar el tratamiento de hormonas. Además le abrió las puertas de la militancia en ese colectivo.
A ese consultorio acude Franco cada 28 días para aplicarse la inyección que le permite masculinizar su cuerpo y lograr adecuarlo a su género. El joven de 19 años, que logró que sus padres lo acompañen y apoyen en todo este proceso de radical transformación, es uno de los tantos hombres que aguardan su oportunidad para someterse a una operación quirúrgica, llamada mastectomía, para quitarse las glándulas mamarias y así lograr un pectoral masculino. Explica que la idea de la operación aparece “cuando te mirás al espejo y no te encontrás”. Y describe lo tedioso que es “tener que estar fajado todo el tiempo, lo cual es un castigo sobre todo en la época de verano”. “No te sentís cómodo, incluso me molestaba que no me dejaran cortarme el pelo. El objetivo es sentirse mejor con uno mismo y ser más libre”, dice. Y agrega que su deseo es estudiar Cine.
Recuerda como un alivio cuando en el secundario del CPEM 53, donde estudió, se dictaba un taller de Educación Sexual Integral (ESI). “Por suerte se explicaban todas estas cuestiones de la sexualidad, incluso los chicos me llamaban para conversar con ellos en las horas libres, como así también los profesores, quienes tenían distintas miradas sobre el tema. He tenido momentos y situaciones complicadas, pero hablándolas logramos entendernos”, explica.
Subraya que sólo recibió discriminación o agresiones de parte de un profesor al que prefiere no nombrar. Hoy espera impaciente el momento de la operación. Mientras tanto, se imagina en un futuro no muy lejano tomando mate en la puerta de su casa o disfrutando el río Limay “sin remera y en total libertad”.
En el Hospital Castro Rendón
Un consultorio para la diversidad
La inquietud de un grupo de pacientes a la dirección del hospital Castro Rendón generó la creación de un consultorio endocrinológico para personas trans. Era 2013 y hacía poco que se había sancionado la Ley de Identidad de Género, cuyo artículo 11 garantiza el acceso a la salud.
El planteo llegó a las doctoras Amalia Ghiglioni y Daniela Bocazzi, quienes aceptaron el nuevo desafío, pero pidieron una capacitación específica para los tratamientos hormonales para personas trans.
Así rotaron en el hospital Durand en Buenos Aires, el centro de salud con más trayectoria en el país para este tipo de atenciones. Ghiglioni conocía el lugar, ya que allí había hecho su formación en endocrinología y volvió para realizar la nueva especialidad. En tanto, Bocazzi siguió sus pasos un año después.
El consultorio empezó formalmente en abril de 2015 y ya lleva atendiendo a más de 100 personas. En su mayoría se trata de pacientes de Neuquén, aunque han tenido algunos del interior. Las doctoras cuentan que tienen un “pequeño boom de pacientes” cuando sale publicada alguna noticia en los medios de comunicación relacionada con operaciones y tratamientos para trans. Por otro lado, aseguran que se trata de un equipo en constante formación y que busca generar un grupo interdisciplinario con el fin de brindar una atención más íntegra. “Cuando empezamos estaba con nosotras la ginecóloga Ana Grisetti y luego se incorporó Ignacio del Pin, que es el cirujano plástico”, contó Ghiglioni.
“La idea es seguir incorporando gente;ahora se sumó una médica generalista”, agregó Daniela, y manifestó la necesidad de añadir a especialistas en endocrinología infantil y pediatras.
El consultorio funciona todos los martes de 8 a 12. Los turnos deben sacarse directamente en ventanilla solicitando atención para el consultorio transgénero o para “endocrinología de los martes”.
La forma de pedir un turno es más sencilla, ya que generalmente un paciente llega al consultorio a través de una derivación y posterior evaluación. Sin embargo, si se trata de una persona trans sólo debe acercarse a la ventanilla y pedir un turno de manera directa. Las profesionales han tenido algunas críticas de los pacientes en cuanto al horario de la mañana. “Nosotras no creemos que sea así, ya que todos los pacientes hacen sacrificios para venir, es un pequeño esfuerzo”, alegó Bocazzi.