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“No soy solo una canción”

Tras la polémica disputa por “Sapo Pepe”, la cantautora infantil llega mañana al Cine Teatro Español para presentar El recital de los niños.

Adriana Szusterman, la maestra jardinera que revolucionó la música infantil, por primera vez se presentará en el Cine Teatro Español, cuando mañana en doble función (a las 15 y 17) desembarque con su show El recital de los chicos, un espectáculo armando con las canciones pedidas por sus pequeños  seguidores mediante Facebook.
Adriana lleva el arte en la sangre desde la cuna. Su mamá es cantante y su papá es pianista, motivo por el cual ella también quiso meterse de lleno en ese mundo y estudió canto, guitarra y comedia musical. Con más de 14 años dedicados a educar a los niños de 0 a 7 años a través de la música, fue en 1999 cuando el éxito definitivamente tocó a su puerta, cuando grabó una serie de canciones infantiles, entre ellas “Sapo Pepe”. Justamente, ese tema la catapultó a lo más alto de los espectáculos infantiles.
Sin embargo, diez años después, la autora verdadera del hit, Analía García (también conocida como Candela) le prohibió a Adriana volver a cantar el tema durante los shows.
Según relató la cantautora, esa situación la llevó a tener que reinventarse y buscar en lo más hondo de su imaginación, ideas nuevas para llegar al corazón de los niños. Desde ese entonces se superó a sí misma y hoy tiene en su haber más de 10 discos, además de una colección de cuentos y videos infantiles.
“Me ayudó a entender que yo no era solo una canción. Hoy estoy presentando el disco número diez, y la canción del Sapo Pepe está en solo uno de ellos. El sapo es mío y de todos. Las canciones cobran vida cuando le llegan a la gente, y ese es mi gran orgullo y de todo el resto de los autores, salvo de esta persona (por García). Ahora, yo le llamo Poing Poing, el sapo de los chicos, que se ponen muy felices de poder verlo en escena”, afirmó.

¿Cuándo decidiste cambiar tu profesión de maestra jardinera a cantante infantil?
Desde chiquita quería ser maestra jardinera, pero nunca imaginé que mi vida iba a tomar este rumbo. Trabajé muchos años como docente y comencé a hacer discos para mis alumnos, pero no sabía cómo hacer un disco porque era maestra. Las mamás me decían que los chicos llegaban a sus casas y cantaban todo el día, entonces decidís grabar en un cassette las canciones que hacíamos en la salita. Les llevé a las autoridades del Jardín Amapolas –lugar donde trabajaba- una propuesta para que los niños se pudieran llevar un pedacito del mundo del jardín a su casa para compartir con los papás. Me dijeron que sí, aunque no tenía ni idea de cómo hacerlo. Me puse a investigar hasta que encontré una discográfica que le pareció interesante mi propuesta. Con ellos grabé tres discos, pensando que eran solamente para mis alumnos. En aquella época además trabajaba como animadora de cumpleaños y la gente me decía que cantaba como la chica de los discos del Jardín Amapola, sin saber que era yo porque no llevaba mi nombre. Me contrataban con más de un año de anticipación para animar fiestas. Era muy exitoso todo. Fue allí cuando decidí que era el momento de llevar mi show a un escenario y conjugar esta vocación artística con la labor docente. Llevé mi propuesta a un teatro, me dijeron que sí, y desde ahí no paré nunca mas”.
¿En qué se diferencia tu espectáculo de las demás propuestas infantiles?
Fui descubriendo a lo largo de la vida cómo la música en los más chiquitos y en las familias, a través de mi voz y de mi espectáculo, puedo dejar un mensaje sano, de transmisión de valores, de alegría, de volver a las raíces y sobre todo de educar a través de la música. Los chicos, en esa edad, están en plena formación de su personalidad, y es allí donde mi sello de docente está muy marcado.
¿Cómo describirías tus shows?
Como un recital de rock and roll. Cuando llegan los personajes a escena es tremendo. La sala se llena de aplausos, gritos, los chicos se paran en las butacas y los adultos se emocionan mucho porque no pueden entender cómo un nene tan chiquito sea tan fanático.
¿Dónde creés que radica el éxito de tu show?
Creo que es una vocación clarísima, una gran pasión. Estamos enamorados. Me parece que la formación que tengo me ha ayudado mucho, el estar con los chicos y estar al servicio de ellos, porque a veces los artistas queremos mostrar. Por ejemplo, yo saqué un disco nuevo hace poco, y los chicos necesitan escuchar lo que ellos quieren. Por eso voy armando mi show con lo que me piden y llevo a todos los personajes que les gustan a los chicos: la Sapa Pepa, el Sapo Poing Poing, el Perro Timoteo, el Chancho Cholito, los Monos, la Señora Cucaracha, Lolo, Michu, Ping Pong.
¿Te falta quizás el más importante?
El sapo está, con otro nombre, pero está. Es el sapo que aman todos los chicos y que también me ha ayudado a aprender de cada circunstancia, a aprender que todo ocurre por algo. Me ha ayudado a entender que no era solo una canción y gracias a eso hoy estoy presentando el disco número diez y la canción del Sapo Pepe está en uno solo. El sapo es mío, pero es de todos. Las canciones cobran vida cuando le llegan a la gente, ese es mi gran orgullo y de todo el resto de los autores, salvo de esta persona. Hoy lo llamo Poing Poing, el sapo de los chicos, que están felices de poder verlo en escena, así que no falta nada.
¿Es otra Adriana después del Sapo Pepe?
A mí me ayudó a darle una vuelta a mi imaginación y a sacar lo mejor de esta historia. Todo lo que buscaban era hacer un escándalo mediático y hace 14 años que hago teatro y cuidando mucho mi perfil y a mi público y dándoles lo mejor. Es mi lugarcito en el mundo y lo cuido como oro. Y esta historia sacó lo mejor de mí. Me puse a crear y componer, en vez de enojarme y buscar pelea, me ocupé de lo que amo hacer.
Me podés prohibir cantar una canción que es tuya; lo respeto, pero no lo entiendo, porque si uno es artista, de qué te sirve tener una canción guardada en un cajón si vos nunca la habías grabado. Esa situación me ayudó a abrir otras puertas, entre ellas, escribir libros de cuentos, videos y seguir creando.

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