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Paula Bistagnino
Especial
Cuando la actriz Eleonora Wexler (43) piensa en su propia vida, dice cosas así: “Me gusta lo que tengo, lo disfruto y trato de cuidarlo, pero no soy de estar ambicionando para adelante”. Entre las razones que motivan su feliz presente están sus afectos, su hija Miranda (fruto de una relación de diez años con su ex pareja, de la que se separó en 2012), su familia, sus amigos y las buenas nuevas en su carrera. Golpe al corazón, la novela que protagoniza con Sebastián Estevanez, ranquea muy bien. “Estoy re contenta con todo lo que está pasando porque la ficción está difícil, muy difícil. Que una propuesta seduzca al público es algo para festejar y da pilas para seguir haciendo y apostando”, asegura.
-¿Con qué creés que tiene que ver el acierto?
Quizás con que es un culebrón hecho y derecho, con tintes que tienen que ver mucho con lo social. La novela habla de la inclusión, de la violencia de género; toca muchos temas que tienen que ver con la burocracia de la medicina, si prevalece lo social frente a lo burocrático o al revés. Además, es una historia muy coral, muy repartida y súper bien escrita.
-¿En qué aspectos te sentís cerca de tu personaje, la médica Marcela Ríos?
Ella es una mina que prioriza lo humano frente a todo lo otro, y en ese punto me siento muy identificada con ella. Me encanta cómo defiende sus ideales. También en el hecho de que es muy buena compañera, muy leal e íntegra.
-¿Cuánto te importa la medición de los proyectos que emprendés? ¿Te enganchás con el rating?
Poco, porque la tele es rara, nunca se sabe. Obvio que una como actriz quiere que la ficción funcione, no me importa ganarle a nadie y que haya variedad de propuestas para todos. Si estoy pendiente del éxito no puedo trabajar. La idea, justamente, es hacer todo lo contrario. Tratar de hacer un producto digno, que guste, con el que el público se sienta identificado y, fundamentalmente, que sea disfrutable. Que la gente que nos vea la pase tan bien como la pasamos nosotros, que eso se trasmita.
-Hay buen clima de equipo...
Espectacular. Es un re lindo grupo. La pasamos bien, nos divertimos. Mi compañero es hermoso: nos llevamos bárbaro, proponemos cosas. Seba es muy sensible y me encanta el nivel de profundidad al que llega cuando se conecta. Además, nunca habíamos hecho un protagónico juntos: hace muchos años hicimos algo muy chico en Como vos y yo y en Amor en Custodia también, pero nunca nos habían convocado para hacer un dupla, que es mucho más jugado.
-¿Las escenas de sexo con él van a dar tanto que hablar como las que hiciste con Federico Amador en ADDA?
Por suerte, con Federico tuvimos química y supimos generar empatía desde el principio. Y era muy loco porque nunca nos habíamos cruzado. Además, fue todo muy pronto. Ya en las primeras escenas pasamos a los besos. Pero tenía que ver con el registro de la propuesta, muy potente y concreto de entrada, que es muy diferente a Golpe al corazón: ADDA era un policial erótico.
-¿Las padeciste o no tuviste problema para hacerlas?
Te diría que no son las escenas que más me gusta hacer, porque te enfrentan a tener que mostrar un mundo muy íntimo y a generar una intimidad con una persona con la que no la tenés.
-No debe haber sido fácil ir tan rápido...
(Se ríe) Rompimos el hielo en casa, tomando clases de tango con mi profesor. Pero la verdad es que no me costaron. Es cierto que tengo muchos años de profesión y siempre depende del compañero, de los directores y de la historia. Fue una historia muy potente. Éramos tramposos entre comillas, pero también era una historia de amor con la que mucha gente se sintió identificada.
-Hablando de amor, a los cuarenta, ¿se vive de otra manera que a los veinte o a los treinta?, ¿con menos intensidad?
No sé. Creo que hay algo que sucede, y sucede a cualquier edad. Irrumpe y sólo hay que dejarlo fluir. Pero te puede sorprender de manera diferente en cada etapa y con el mismo apasionamiento. Quizás lo que cambia es la ilusión, porque por ahí a los veinte o a los treinta no viviste determinadas cosas y entonces te jugás de otro modo. No como si estuvieras transitando eso por primera vez. Con los años una se pone un poco más selectiva.
-También una tiene más noción de que nada es tan para siempre, al menos no sucede mágicamente...
La elección de un compañero es diaria. Tenés que regar la plantita de verdad, y a esta altura de mi vida tiene que venir a sumar. No tengo problemas con mi soledad.
-Por otro lado, con 13 años, Miranda está entrando a la adolescencia, ¿cómo lo llevás?
Como puedo. Vivo de todo y aprendo con ella todos los días, porque en un montón de situaciones me pregunto ¿cómo manejo esto? Es un momento complicado. Por momentos sos la mamá más maravillosa de todas y en otras, la más mala entre las malas. Tiene una ciclotimia enorme. Y a veces, te duele. Pero después pienso y digo: ‘pero si yo también lo hice’. Todos lo vivimos así. Creo que es una de las etapas más difíciles que transitamos. Es bastante infeliz y dura. Por eso también está bueno pasarlo con ella, disfrutarla, ayudarla y sostenerla.