Fuentes médicas consignaron que “no es una afección”. Máximo había manifestado fiebre. Es más: en un primer momento se reservó una cama en terapia intensiva, que luego no se utilicó.
En todo momento, junto a Máximo estuvieron su madre,
Cristina Kirchner, y otros familiares.
Horas antes, AGR Noticias, un sitio informativo ligado al oficialismo, había blanqueando la noticia de que el hijo de la Presidenta se encontraba el Sanatorio Otamendi, “a la espera de unos estudios que se realizará para saber de dónde vienen unos fuertes dolores que está sintiendo desde hace algunos días en la zona del hígado”. La información agregaba que “Máximo se someterá a una tomografía para determinar qué es específicamente lo que viene padeciendo en los últimos días”.
Durante toda la semana arreciaron las versiones sobre el real estado de
salud de quien asumirá como diputado nacional el próximo de 10 de diciembre. Las cuestiones de salud fueron mantenidas siempre en estricto secreto por los Kirchner. Eso era atendible cuando se trataba de familiares sin vinculación con la función pública. Pero el hermetismo se mantiene a rajatabla.
La familia Kirchner suele acudir al Otamendi cuando se trata de cuestiones de salud. Días atrás la hija de la Presidenta, Florencia, también acudió a realizarse estudios. De hecho, su hija nació en ese sanatorio el 24 de agosto.